Y me pagaban y vivía en ese hotel por hablar. La llamé a mi madre. ‘¿Conseguiste trabajo?’ ‘Sí’. ‘¿Dónde estás?’ ‘En Mar del Plata’. ‘¿Y qué hacés?’ ‘Soy artista’. ‘Ya te dije: nunca me llames cuando estés borracho’. Y cortó.
La desaparición de Peñaloza y el terrorismo simultaneo sobre los gauchos prisioneros significaba, para las oligarquías locales- ligadas a intereses financieros europeos- y para el sistema central, la garantía del orden y la seguridad.
Se destacaba la abundante melena que caía sobre su rostro y pechos. Pero vista de atrás, la ocasión era calva. Es evidente el símbolo que nos transmite. Pasa muy rápido y ya se torna imposible asirla por los pelos que no tiene detrás.
Los cambios que trajo el COVID-19, han moldeado aspectos de nuestra existencia: desde cómo amamos hasta cómo percibimos y nos relacionamos con el mundo globalizado. Incluso ha llegado al nivel neurológico, impactando nuestro cerebro y el de las nuevas generaciones.
Nuestra música popular tiene sus raíces en el campo. De allí que cuando el tango conformó su propio movimiento, esta vinculación se hizo más intensa. Poetas, músicos e intérpretes trasladaron el ámbito campero a la gran ciudad.