Al Pie de la Letra
De a otros ratos-instantes, cruzan el periplo amores-ex amores y reflejadores simbióticos del comprometido adorno musical evidencian mi inevitable consumidor de almanaques volátiles plagados de amarillo casi húmedo de moho vivencial.

El Rato
Tengo un rato para escribir… ¿aconteceres inmediatos y actuales? ¿Memorias nostálgicas sobre ese pasado ineludible de vivencias?…
“Ser grande”… me refiero a lo volátil de números añeros en donde esa especie de cicatrices diagnostica inevitablemente velitas chamuscadas sobre ese barro chocolatero posadero y anticipador del terruño esponjosamente dulce de “Vida”.
Aparece de manera seguida el “recuerdo”, y, de manera frecuente, pocas veces algún dedo índice presiona ese resorte timbrero exaltador de algún ¡hola! De ratos leo… de a otros ratos parafraseo o elucubro ideas inconclusas que de manera seguida dilapidan esos finales atractivos envolventes de alguna atracción entretenedora.
La computadora reemplazó desde hace años esa birome musculada y enroscada por esos tres dedos transformadores en ese tobogán directo de mente hacia el blanco papel y la misma enlata miles de temas musicales enternecedores y electrificantes alrededor de ese inexplicable oxígeno plagado de creatividad. De a otros ratos-instantes, cruzan el periplo amores-ex amores y reflejadores simbióticos del comprometido adorno musical evidencian mi inevitable consumidor de almanaques volátiles plagados de amarillo casi húmedo de moho vivencial.
Las risas, inevitablemente, fueron compañeras de las lágrimas, y esa parquedad pro-mediadora acontecida desde años “ha” vislumbra el anonimato del individuo común que gastó como cualquier ser viviente, gomas de zapatos sobre ese áspero asfalto observador y transeúnte de la complicada dureza impactante de sensaciones. No quiero caer en la simpleza-complejidad del relatar visualmente la realidad circundante con… tan sólo relatar esa perplejidad sobre cómo nos toca vivir esta Sociedad tan… repudiadamente injusta y desequilibrada desde que nos tocó primariamente la caricia solar… está por demás evidente que cualquier batallador cotidiano reiteraría una vez más el desastre que nos envuelve todo el tiempo mientras nos aguante el corazón y… pues bueno, la intención que me surge es, aunque sea por contados momentos recrudecer y reintentar en mi Ser dejar surgir mi intrínseca e íntima sensación de este solitario momento… Y sí… un nuevo –tal vez algo esporádico- rato para conmigo que ya no raspo rodillas de pantalones cortos sobre el asfalto, ni firmas paternales sobre boletines colegiales; tampoco, ya, largos pelos envolventes de discrecionalidad… no… tal vez esa rara negación de fotos colgadas presagiadoras hacia alguien que intrigadamente detendrán un instante alguna brillosa vista y se sonría acompañado de otro sensitivo recopilador de recuerdos más que cercanos.
Solamente es -y fue a partir de aquí- un instante, un simple rato, bronceado de melancolía.
Por Pablo Diringuer
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