Frases y Expresiones
Esa indignación yerra el blanco. Que alguien se sienta muy mal porque recibe una intimación judicial en lugar de la ansiada carta de amor, se comprende. Y hasta resulta natural que haga pedazos la carta. Pero, sea lo que fuere, ¿Cuál es la culpa del cartero?

Matar al Mensajero
Los mensajeros de la Antigüedad se exponían a perder la vida cuando deben llevar noticias infortunadas a los poderosos. Muchas crónicas y obras literarias dan testimonio de esos gajes del oficio.
Así lo hace Shakespeare en su tragedia Antonio y Cleopatra. La reina recibe a un enviado de Roma. Antes de permitirle hablar le promete oro, perlas y hasta una caricia de su mano real si trae las nuevas que espera ansiosamente. Exasperada por lo que oye en cambio, insulta al mensajero y lo abofetea. “Serás azotado con un látigo”- lo amenaza -, “revolcado en sal y cocido lentamente en salmuera”. “Matar el mensajero” no pasa hoy de una frase figurada.
Alude a la indignación que provocan quien dan a conocer malas noticias. A veces son los diarios y otros medios de difusión los acusados de ennegrecer la realidad- Otras, un amigo que nos hace saber lo que preferíamos ignorar.
Esa indignación yerra el blanco. Que alguien se sienta muy mal porque recibe una intimación judicial en lugar de la ansiada carta de amor, se comprende. Y hasta resulta natural que haga pedazos la carta. Pero, sea lo que fuere, ¿Cuál es la culpa del cartero?
Tres Mil Historias de Frases y Palabras que Decimos a Cada Rato – Héctor Zimmerman – 1999 – Aguilar

Moisés y los Mensajeros de Canaán – Pintura Giovanni Lafranvo
Matar al Mensajero
Si eres de los que matan
al mensajero portador
de malas nuevas,
no me mates a mí
ni te suicides
y búscale
el lado bueno
a esta primicia:
no te amo
ni te amé
ni te amaré nunca,
del modo que querías
y que no pude
Eso es verdad,
no caben dudas.
Pero es muy probable
que te quiera
y que te siga queriendo,
a mi pesar y al tuyo.
Y hay algo irrefutable
en esta tormentosa historia
(y a las pruebas me remito)
si bien ya somos,
uno del otro,
pretérito imperfecto,
lo que pasó
fue sublime
y a la vez terrible,
la guerra
y la paz,
la tempestad,
la calma,
luz y tiniebla,
soledad y compañía,
bálsamo suave
y vinagre amargo
el oro del Rey Midas
y el lodo del pantano,
la brisa fresca
y el huracán furioso,
frío invernal
y calidez de otoño,
dicha y placer,
tortura y quebranto,
el sueño matinal,
el insomnio nocturno
y la peor pesadilla.
El mayor pecado
y la más terrible culpa,
la condena implacable
y hasta quizás,
el posible perdón
y el imposible olvido.
Y si me fui y volví
cien veces,
para volver e irme
otras tantas,
no fue por no quererte
sino por tener
el alma trashumante
de poeta.
Que no queden
en el camino odios
ni rencores.
Recuerda que
yo sólo sé hilvanar
algunos malos versos
e intenté inventar
aburridas historias,
tú supiste bienleerlos.
Si eres de los que matan
al mensajero portador
de malas nuevas,
no me mates a mí
ni te suicides
y búscale
el lado bueno
a esta primicia:
no te amo
ni te amé
ni te amaré nunca,
del modo que querías
y que no pude.
María Rosa León
Buenos Aires – Argentina
Del libro “Travesía”
LEO Ediciones Artesanales
(En prensa) 2009
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