Historietas
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Boogie El Aceitoso
Digamé“¿Qué siente cuando mata a un hombre, Boogie?”. “Si uso silenciador, no siento nada”. contesta él, impasible
Boogie El Aceitoso

Los Días de Boogie
A pesar de su demoledora gracias, Inodoro Pereyra tiene una limitación evidente: sus juegos de palabras, sus giros gauchescos o sus locuciones son difíciles o imposibles de traducir a un idioma extranjero. De manera que, salvo al Uruguay donde goza de mucha aceptación, la historieta es inexorable. Fontanarrosa es, sin embargo, conocido en otros países de América latina. Esa difusión la logró principalmente con Boogie, el aceitoso, un personaje que comenzó a aparecer también en la revista Hortensia alrededor de 1972 y que Fontanarrosa había elaborado como parodia de Clint Eastwood en Harry, el sucio, y dedicado a su amigo, el humorista cordobés Crist. La divulgación de Boogie, además de la potencia del personaje, se facilitó gracias al uso de un español más neutro, de traducción televisiva, y rápidamente reconocible. En el extranjero se publicó en El Tiempo de México. En la Argentina en Humor, La Maga y Rosario/12.

Fontanarrosa confesó que dejó de publicarlo alrededor de 1997 porque se cansó en él. “Me parece que pasó su época y había dejado de divertirme”, precisó. Los que ahora quieran conectarse con las aventuras del personaje de Fontanarrosa tienen a mano un excelente libro de Ediciones de la Flor, Todo Boggie, el aceitoso, que reúne las historietas completas del personaje.

“¿Qué siente cuando mata a un hombre, Boogie?”. “Si uso silenciador, no siento nada”, contesta él, impasible. Cínico e impenetrable, duro hasta la insensibilidad, Boogie paseó este estilo inconfundible durante veinticinco años, ganando en su itinerario miles de adeptos, no solo entre quienes entendían la caricatura como una forma de ridiculizar por la exageración ciertos rasgos de la violencia, sino aun entre aquellos que, impedidos de metabolizar el verdadero propósito del autor, idealizaban el modelo que se querían ironizar. En Colombia, una infeliz lectura literal de las historietas llevó a ciertos lectores a escribir cartas a Fontanarrosa defendiendo el personaje. “Era una cosa terrible. Había tipos contentos porque por fin llegaba alguien que les pegaba a los negros y a las mujeres”, comentaba el autor de la tira.

“Presentado como una suerte de sarcasmo desesperanzado e integrante de un conjuro de personajes amorales que comenzaron a irrumpir en la década del 70, Boogie -dice el semiólogo, Oscar Steimberg- fue una novedad en la historia argentina, ya que pareció en el momento en el que el género empezaba a reconocerse a sí mismo como arte. Se trataba de un trabajo sin componentes didácticos y, en la medida en que no tenía un mensaje aleccionador y no comunicaba una moral, empezaba a parecerse más al arte contemporáneo que al sermón o a la página del libro de lectura.”

Como Inodoro Pereyra, también Boogie fue cambiando. Al principio era más atlético. Luego engordó y se fue haciendo más pesado. Sin embargo, Fontanarrosa considera que esta metamorfosis física se fue produciendo de un modo involuntario. “Lo que en cambio constituyó un giro deliberado fue pasarlo de centro de atención a personaje lateral. Una especie de testigo de las historias que te cuentan otros. Y eso fue porque, dadas las características del personaje, siempre terminaba igual, cagando a tiros o pegándole a otro. Así se empobrecía el humor”, reconoce el autor. Todo eso sin hacer perder al personaje su carácter frio y calculador de siempre. Y esa filosofía que él transmite tan claramente en una expresión que es el revés de una sentencia de Terencio: “Todo lo humano me es ajeno, Marcia.”

Muchos lectores- en la necesidad de identificar a los autores con sus personajes- han preguntado con frecuencia a Fontanarrosa, que tenía en común con Boogie. Él contestó: “Yo digo que es la antítesis mía. Pero a lo mejor  es que, en un rincón del corazón yo querría tener esa impunidad, ese manejo de la violencia y esa capacidad física. La pureza de los superhéroes siempre me han hinchado las pelotas. Los villanos son mucho más atractivos. Y, si bien Boogie es inescrupuloso, también tiene un grado de sutileza. No será un intelectual, pero…”
El Arca del Nuevo Siglo – Año 8 – Número 39 – Junio 1999 – Reportaje de Andrés Keitel a Roberto Fontanarrosa

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