Al Pie de la Letra
Guadalupe no es jubilada… es ciega… y sus ojos bien abiertos sólo traslucen vivencias a través de un languideciente bastón blanco, tanteador del inminente e inmediato devenir al instante que frecuentase en su constante respirar.

Los Sirvientes de la Casta Contra Guadalupe
Se llama Guadalupe B. Un día más en su vida, y en esta oportunidad, frente al Congreso Nacional el día miércoles junto a los jubilados para reclamar una vez más por una mejor pensión- ingreso que la proteja de la caótica situación transitada cotidianamente en esta sociedad tan despareja de oportunidades sociales.
Guadalupe no es jubilada… es ciega… y sus ojos bien abiertos sólo traslucen vivencias a través de un languideciente bastón blanco, tanteador del inminente e inmediato devenir al instante que frecuentase en su constante respirar.
Me tocó como periodista, transitar nuevamente el espectro prepotente del Poder premonitorio y represivo que, sin ningún tipo de vueltas, solamente castiga y castiga a los más desprotegidos.
De a ratos filmo con mi celular y alguno de esos cascarudos uniformados me observa con enojo, como auto-reprimiéndose el avasallarme tras su oscura y azulada vestimenta; de a otros ratos trato de recordar cánticos de los raleados manifestantes mientras en el interior del gran edificio parlamentario, emiten escupitajos palabreriles-grotescos sin solución de continuidad.
El panorama sobre las avenidas Callao-Entre Ríos es una mezcla de desolación y caos; sucede que sin falsa apreciación hay mucha más policía que manifestantes, aunque estos últimos no dejan de vociferar consignas dignas de necesidades básicas de subsistencia, algo que las fuerzas represoras ningunean y hasta adoquinan rostros impávidos basados en ese absurdo “orden público”.
Guadalupe no se priva en absoluto de manifestar su pensamiento y hasta llega a conmover a su alrededor luego de sus expresiones cara a cara con uno de los policías rodeados de escudos: -¿¡Qué es lo que está pasando!? ¡por qué nos están reprimiendo! ¡nosotros no damos más, nos están sacando las pensiones, por eso estamos acá! ¡Yo no sé cuánto ustedes cobran, a nosotros nos están sacando las pensiones! ¡Qué es lo que está pasando, que vos cuando llegás a tu casa y te sacás el uniforme, vengas a reprimirnos a nosotros… y que haya otro Pablo Grillo!? (en referencia al foto-periodista agredido gravemente por un cartucho de gas lacrimógeno en la cabeza).
Mientras Guada improvisa su innato y espontáneo reclamo, los veinte o treinta amuchados policías que “resguardan el orden” cuchichean entre ellos y deciden retirarse…
Una vez más, desde mi observado andar, trato de considerar y no olvidar las actitudes de ambos espectros conciliadores del mundo social que nos compone… esa parte “humana” armada hasta los dientes que se retira tal vez por vergüenza; y esa otra, sufrida y necesitada de la verdadera caricia humana que despide a esa parte violenta de ese orden establecido por los poderosos de turno con ese clarificador cántico que los reduce al papel que tristemente los ubica en lo que son: ¡QUÉ FEO, QUE FEO, DEBE SER PEGARLE A UN JUBILADO PARA PODER COMER!
El viaje en subte hacia mi rutina consecuente sostiene una vez más, que la vida transcurrida, todavía sigue en pañales, sólo que, a esta altura, lo mojado de los mismos paspan incansablemente la humedad del espectro que molesta hasta el hastío.
Por Pablo Diringuer
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