Costumbres
Se trata de un chocolate con leche en barra de formato tradicional, pero relleno de pistacho cremoso, kataifi. Ya en nuestra tierra, están quienes agregaron a la receta clásica nuevos ingredientes como pasta de maní y otros insumos que realzan el sabor ya conocido.

Chocolate Dubái
Desde hace cerca de un año el chocolate Dubái se instaló entre nosotros. Pese a que el pistacho, que es el insumo esencial junto al chocolate que recubre la golosina, en nuestro país había comenzado a divulgarse en la década de 1990. Pero desde hace pocos años el llamado “oro verde” originario de regiones asiáticas y en la actualidad cultivado en nuestro país, ganó las heladerías y lentamente pasó a integrar la cartelera de sabores; también se utiliza en cocina para ensaladas y otros platos.
En Argentina desde comienzos del año pasado, un nuevo uso del fruto asiático encontró mercado al combinarse con el chocolate, alumbrando una nueva y exquisita golosina.
Además de la barra de chocolate relleno, rápidamente se aplicó a repostería, batidos y otras creaciones de confitería.
Se trata de un chocolate con leche en barra de formato tradicional, pero relleno de pistacho cremoso, kataifi (finos hilos de harina de trigo que le dan textura a la pasta) y ya en nuestra tierra, están quienes decidieron innovar en la receta clásica agregando nuevos ingredientes como pasta de maní y otros insumos que realzan el sabor ya conocido.
La fórmula original pertenece a la anglo – egipcia Sarah Hamouda quien la creó en 2021 junto al filipino Nouel Catis Omamalin en la ciudad de Dubái. La mujer sería también propietaria de la marca Fix Dessert Chocolatier, la que se ocupa de comercializar el producto a nivel mundial.
Las aplicaciones Tik -Tok e Instagram con la velocidad de una ola, habrían difundido el invento en todo el planeta generando altos niveles de demanda, como en distintas épocas sucedió con distintos productos cuando todavía no existía internet. Como reflexión sobre éste fenómeno comercial, cabe destacar el papel cumplido por las redes en su difusión, ya que facilitaron su conocimiento en tiempo récord.
La marca de la barra de chocolate dubaití es Can´t Get Knafeh of It, elaborada por la empresa de su inventora.

En nuestro país las tabletas importadas del Emirato tienen un costo muy elevado para el mercado local y sumado al efecto moda que demandó rápidamente el producto, pueden ser dos de las razones más movilizadoras para que nuestra industria chocolatera se abocara a la producción de versiones propias del chocolate Dubái.
Entre ellas se puede señalar el alfajor Dubái de la tradicional casa Havanna, el chocolate de Cofler, Arcor y las chocolaterías Lucciano’s, Mamuschka, La Pinocha, Chiazza, Bombonella y algunas pocas más. También es posible adquirirlas por aplicaciones.
Los precios varían significativamente entre los importados y los nacionales artesanales o industriales, dependiendo del gramaje y la calidad.
Si el chocolate Dubái en sus múltiples versiones (original y locales) llegó para quedarse o es una moda pasajera, lo dirá el tiempo. Es posible que suceda como con otros productos, tal el caso de la manteca o mantequilla de maní en base a maní tostado, que contiene fibra, proteínas y grasa saludable (si se consume equilibradamente) y que en algunos sectores de nuestra población comenzó a instalarse vía dietéticas y nutricionistas. Otro ejemplo es el pistacho que adoptado primero por las heladerías, hoy alcanzó su pico de popularidad con el chocolate Dubái y estimuló el cultivo en nuestro país en algunas regiones de Cuyo; para consumo interno y exportación. Y también otro fenómeno de reciente consumo masivo es el queso Cheddar, de “moda” para realzar hamburguesas, nachos y otros productos de las líneas fast – food.
No están lejos los días en que las galletitas Toddy generaron tal explosión de demanda, que agotó las existencias en kioscos y supermercados. Los chicos compartían de boca en boca, el dato acerca de qué comercio tenía la ansiada galleta.
Así como llegó la “misteriosa” ola compradora, de a poco fue perdiendo interés hasta que hoy, son pocos los entonces niños que la recuerdan.
Tal vez por su escaso valor agregado, es probable que el producto también dejara de interesar a sus fabricantes; imposible saberlo.
Muy diferente es el caso del chocolate Dubái, que se instaló a nivel mundial utilizando las herramientas digitales, con el nivel de penetración que tienen éstos instrumentos.
A su vez, la atracción de los consumidores por éste hallazgo gastronómico, motorizó un renglón más en la producción de nuestra industria chocolatera, con los beneficios que eso implica.
Resumiendo, es una historia con final abierto. La última palabra la tiene el paladar de los argentinos.
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