Creencias, Mitos y Leyendas
Fecha de Publicación:
Los Gigantes Patagónicos
Un metro de carpintero, traído aquí por el afán científico del siglo XVIII, redujo la talla a su exacta medida
Los Gigantes Patagónicos

En el transcurso del siglo XX se comenzó con la búsqueda de esqueletos exóticos. El anatomista Peter Camper fue uno de los primeros que realizó un estudio sistemático de la anatomía comparada de las fisonomías de razas.

Ilustración de un Marinero Inglés Ofreciendo a la Mujer Gigante Patagón
una Galleta para su Pequeño Hijo.
Portad del Relato de Viaje de John Byron – Londres – 1767

Los Gigantes Patagónicos
Para la imaginación europea, el nuevo mundo resultó una inagotable fuente de riquezas y sorpresas. América era el espacio en el que cabían todas las fantasías, donde la imaginación suplantaba a la realidad, y los sueños más febriles, al conocimiento. Animales y seres humanos conformaban una galería de monstruos. Los gigantes patagónicos fueron una creación de esos delirios. Un metro de carpintero, traído aquí por el afán científico del siglo XVIII, redujo la talla de los patagones a su exacta medida. Al hacerlo, sepultó para siempre la leyenda de su gigantismo.

La conquista de América sedujo a los contemporáneos europeos por la posibilidad de enriquecerse de manera fácil. El oro fue, sin duda, lo más obvio para los soldados comunes y lo más importante para los caballeros endeudados. Sin embargo, no fue lo único que empujó la conquista.

La codicia de oro jamás hubiera podido provocar un movimiento tan colosal. Lo decisivo, lo que hizo perdurar la conquista, fue el impulso hacia la lejanía. La energía de la Edad Media, que había vivido hacia adentro, tomó rumbo hacia afuera. Curiosidad, codicia de oro, fanatismo religioso y, sobre todo, la ansiedad de vivir aventuras, fueron las fuerzas que impulsaron hacia ultramar a los europeos de todos los estratos sociales.

Con ideas fantásticas y cartas poco exactas, se iniciaron grandes empresas. Los cronistas de la época, nutridos por los cuentos de los navegantes, divulgaron pronto noticias increíbles sobre sus protagonistas y lo hallado en el Nuevo Mundo.

Los viajeros del siglo XVI, fuertemente influidos por la época del Renacimiento, iniciaron sus expediciones a la espera de encontrar cosas maravillosas. Antonio Pigafetta, joven aristócrata italiano, quien acompañó a Fernando de Magallanes en su viaje de relevamiento al Atlántico Sur, declaró con franqueza: “Supe que navegando por el Océano se veían cosas maravillosas y me determiné a asegurarme por mis propios ojos de la veracidad de todo lo que se contaba, para a mi vez, contar a otros mi viaje, tanto para entretenerlos como para serles útil y lograr al mismo tiempo hacerme un nombre que llegase a la posteridad”.

Entre las cosas milagrosas ansiadas por los contemporáneos, se hallaron animales míticos, medicinas prodigiosas como el elixir de la vida eterna, plantas portentosas y otras maravillas que durante siglos los habían preocupado en tradiciones y leyendas. También creían en la existencia de seres monstruosos. Aparte de los Monocoli y los Monopodos, que contaban solamente con un ojo y con un pie, respectivamente, se encontraban los Astomi, que no tenían boca alguna y que, consecuentemente, se decía que se alimentaban del aroma de ciertas frutas. Los Acefali no poseían cabeza, y llevaban su rostro en el pecho. Seres con cabeza de perro, los Cynocefali, Skiaspodos, y finalmente los pigmeos y gigantes. La colección antigua de seres fabulosos de Gajus Julius Solenus, *De mirabilus mundi*, sirvió como fuente de inspiración durante toda la Edad Media a los enciclopedistas. De todos estos seres imaginados se destacaron los siguientes, que lograron una fama extraordinaria en el Mundo medieval. No solo fueron conocidos por la leyenda, sino también a través de la misma Biblia. No nos tiene por qué sorprender entonces que los navegantes de aquella época, llenos de expectativa, enfrentando un mundo nuevo y chocante, finalmente encontraran gigantes en las Indias, solo porque los querían encontrar.

El joven Pigafetta fue quien describió el primer encuentro de europeos con los supuestos colosos de la ribera norte del Estrecho de Magallanes, que luego ganarían fama como patagones. Este aristócrata italiano escribió sobre los tehuelches de la bahía de San Julián en el año 1519, sin imaginarse jamás que sus observaciones serían luego comparadas con las de viajeros posteriores a él. Solamente así se explica su desmesurada exageración al describir la estatura de los autóctonos: “Un día, de pronto, descubrimos a un hombre de gigantesca estatura, el cual, desnudo, sobre la ribera del puerto, bailaba, cantaba y vertía polvos sobre su cabeza. Era tan alto él, que apenas le pasábamos de la cintura”.

Sucesores de Pigafetta que viajaron por la misma ruta que este, divulgaron testimonios llenos de contradicciones, a favor y en contra, acerca de la existencia de titanes en el sur de América.

García de Loaysa encontró solamente algunas pisadas grandes sobre la costa patagónica. En el Estrecho mismo fueron avistados indios canoeros y, no sabiendo que se trataba de otra etnia, se supuso que ellos también eran patagones. Esta confusión llevó a que los cronistas en Europa describieran a estos autóctonos, supuestamente con un talle medio de 1,60 m, erróneamente como gigantes. Simón de Alcazaba fue quien observó en el año 1534 autóctonos cerca del Río Gallegos, pero no logró acercarse lo suficiente como para poder juzgar la altura de los mismos.

Luego, su expedición también se encontró en el Estrecho de Magallanes con los indios canoeros. En su relato no encontramos, sin embargo, ninguna mención sobre la posible estatura extraordinaria de los aborígenes. Recién en el año 1559 un navegante francés confirmó las observaciones de Pigafetta. Jean Alfonse declaró haber visto en la Patagonia huellas de hombres gigantescos que medían el doble de un europeo grande.

Thomas Cavendish, en el año 1588, solamente había visto pisadas grandes. Sin embargo, Jacob Le Maire y Willem Schouten encontraron en el año 1615 por lo menos un esqueleto extraordinariamente largo. Tres años más tarde, García de Nodal impugnó enérgicamente la existencia de gigantes en esa región, explicando que los patagones medían solamente una cabeza más que los españoles. Esta opinión fue compartida por Sir John Narborough, quien viajó en 1670 por aquel meridiano. Narborough, que había buscado amparo en la bahía de San Julián, hizo una minuciosa descripción de los aborígenes. Sometido a un clima cada vez más riguroso, permaneció con su tripulación bajo la mirada de los indígenas que, recelosos y distantes, contemplaban sus miserias. En su deseo de ganarse la voluntad de los tehuelches, llegó a improvisar inclusive un baile con su segundo, al que se agregaron los demás. Solo obtuvo como resultado la mirada indiferente de los patagones, que quizás pensaban que ellos lo hacían mejor. Sus compatriotas John Byron y John Cummins describieron correctamente el talle de los autóctonos: entre 5 y 6 pies.

Comparando las distintas medidas de la estatura de los patagones durante tres siglos, se puede observar que había enormes diferencias entre las descripciones de los distintos viajeros. Entre 5 y 11,5 pies se halla cualquier medida posible. Si bien esto nos demuestra que las observaciones etnográficas eran de un carácter subjetivo, igualmente debe aclararse que el valor documental de dichas medidas es limitado, dado que antes de la introducción del sistema métrico en Europa existían, por ejemplo en Alemania, más de 100 distintas medidas del pie, variando entre 25 cm y 35 cm de largo. Lo mismo sucedió en Francia e Inglaterra; el *foot* inglés solo desde hace muy poco fue fijado en un valor de 30,48 cm. Agravante es no solo que no se pueda saber con qué tipo de pie realizaron las mediciones, sino que tampoco existiera control sobre la exactitud de las traducciones de los relatos de los viajeros. Sin embargo, las medidas de la imagen de los tehuelches se fueron acercando más y más a la realidad con el transcurso de los siglos. Mientras que los primeros relatos de viajes nos proporcionan más información sobre los europeos mismos —sus sueños, miedos y expectativas— qué sobre los autóctonos americanos, el empirismo del Barroco llevó a mediciones más realistas. Las Américas ya no se percibían solamente con los ojos. El capitán Wallis llevó un metro de carpintero a la Patagonia para poder verificar el talle de los supuestos gigantes, y llegó a la conclusión que medían 1,82 m promedio.

## Interés por lo Exótico y Apetito por la Riqueza
Con la más fuerte expansión de los europeos hasta ese momento en regiones desconocidas e inaccesibles, comenzó una actividad de recolección que se extendió a los más diversos territorios. En apoyo a las ideas de la analogía del macro y del microcosmos, tanto príncipes como sabios realizaron colecciones. Estas se colocaban en un espacio que representaba el gran mundo; pertenecían a ellas colecciones que representaban etnias no europeas. La curiosidad europea no tenía límites, abarcaba de la misma manera a todo lo raro o lo extravagante, fuera humano o animal. Los objetos expuestos fueron todo tipo de monstruosidades.

En el transcurso del siglo XX se comenzó con la búsqueda de esqueletos exóticos. El anatomista Peter Camper fue uno de los primeros que realizó un estudio sistemático de la anatomía comparada de las fisonomías de razas. Anatomía y estética, como también la historia del origen de la humanidad, iban de la mano.

Pero aunque mediciones exactas probaron que los tehuelches no eran más que hombres grandes, la leyenda de los gigantes patagones experimentó un nuevo esplendor en el siglo XVIII.

El interés prolongado por los colosos de América del Sur había traído consigo expediciones europeas a la Patagonia y a la Tierra del Fuego, que a su vez aumentaron los conocimientos generales sobre esta remota región, despertando así el interés internacional en la explotación de mamíferos marinos. Al mismo tiempo, se inició la búsqueda francesa e inglesa de puntos de apoyo en esta zona. Después de la Guerra de los Siete Años, cambió el panorama de las Américas. Inglaterra había triunfado sobre España en los últimos meses de la guerra. En Canadá había derrotado definitivamente a los franceses, aliados de España, y ocupó la Luisiana oriental, la Florida y las islas de Tobago, Granada y Granadina, entregadas a su soberanía. Atacó y rindió La Habana, que luego devolvió, simbolizando este hecho la debilidad del poder español en el Caribe. La seguridad de sus triunfos indicó nuevos rumbos, que apuntaban al Atlántico Sur y al Pacífico, a las costas de Buenos Aires, la Patagonia y el litoral chileno y peruano, comenzando a eslabonarse desde entonces una serie de empresas amenazadoras para la corona española.

La campaña de Lord Anson en el Pacífico había sido ya una advertencia. Las posteriores expediciones de Byron, Wallis, Carteret y Cook, acentuaron el interés británico por las costas australes y la ruta hacia el Pacífico, que finalmente llevó a la ocupación transitoria de las Islas Malvinas y a continuas incursiones de balleneros ingleses en los mares patagónicos. Paralelamente al avance británico, los franceses buscaron en el Atlántico Sur una recompensa para sus pérdidas en América del Norte. Antoine de Bougainville tomó las Islas Malvinas en 1765 para el Gobierno francés, y empezó a poblarlas con colonos franceses que habían sido expulsados del Canadá. En el mismo año, el navegante inglés John Byron también tomó posesión del archipiélago para la corona inglesa, ignorando la ocupación francesa en la Isla Soledad.

Solamente en este contexto se entiende por qué John Byron hizo revivir la vieja leyenda de los gigantes patagones, pese a que sus compatriotas Buckley y Cummins en 1741 ya habían divulgado que no había gigantes en el Estrecho de Magallanes. Byron pretendió lo contrario, y eclipsó a su con una descripción espantosa. En una carta al Conde de Egmont comentó su encuentro con los tehuelches al norte del Cabo Vírgenes: “El más corpulento de mis granaderos no parecía nada al lado de ellos (…) nuestros hombres a bordo, los cuales nos estaban vigilando con sus catalejos, dijeron luego que nosotros parecíamos enanos entre esa gente (los tehuelches), creo que esa gente, se asemeja a gigantes más que cualquier otro pueblo del mundo”.

Para Ilustrar la Medida del Titán se le agregó un Buey, que Lleva en su Mano Izquierda.
En la Derecha se Observan Boleadoras.

Como el gobierno inglés no podía saber que Bougainville ya había tomado las Islas Malvinas para Francia, trató de ocultar a sus vecinos sus verdaderas intenciones en el Atlántico Sur. No solamente guardaron silencio sobre sus propósitos durante el viaje de Byron, sino también lo ocultaron cuando ya había regresado con la noticia de la ocupación exitosa de las islas para la corona inglesa. El público no recibió ninguna información. Esta retención de datos y el largo silencio que guardó la tripulación en conjunto con la forma abrupta en que se produjo, recién un año después, la divulgación de las noticias excitantes sobre la existencia de los colosos en la Patagonia, fecha que coincide con la próxima expedición inglesa al Atlántico Sur (Wallis y Carteret 1766-1769), coincide con esa suposición. Cuando la tripulación de Byron finalmente rompió su silencio lo hizo en forma escrita, mandando una carta dirigida a la Royal Society. La Academia Científica Real los hizo publicar sin comentario alguno.

Esta publicación sensacional causó una ola de discusiones científicas a lo largo de toda Europa. Nuevamente aparecieron los grabados en madera de los gigantes patagones. En esa época ya quedaban solamente unos pocos defensores de la leyenda. De ellos, los más destacados y reconocidos no se encontraban en Inglaterra, sino en Francia. Lo cual prueba una vez más que el intento de dejar revivir ese viejo mito se dirigía a los franceses con el fin de engañarlos sobre las intenciones verdaderas de los viajes que iban a seguir al de Byron.

De hecho, era muy corriente en el año 1767 suponer que el Almirantazgo inglés mandara las siguientes expediciones para poder seguir observando a los gigantes. Empero, no se halló ninguna orden al respecto en las instrucciones que Wallis y Carteret recibieron del Primer Lord del Almirantazgo, Conde de Egmont, en 1766.

En efecto, trajeron datos bastante pobres y desilusionantes sobre los aborígenes de la Patagonia que acabaron de una vez y para siempre con la vieja leyenda: “Gente muy corpulenta, pocos de ellos medían menos de 6 pies 7 pulgadas (…) porque se ve un metro de carpintero conmigo y medí más que 20 de ellos”.

Mientras tanto, el barco de suministros de esa expedición, el Prince Frederick, tenía la orden de anclar en Port Egmont y permanecer allí esperando nuevas órdenes.

Los viajes de James Cook entre los años 1768 y 1779 terminaron ese primer ciclo de misiones científicas inglesas en el hemisferio sur. Cook había recibido órdenes adicionales secretas que lo obligaban a buscar el continente, hasta entonces desconocido, la *Terra Australis*. En el caso de no poder encontrarla, su misión consistía en explorar la costa de Nueva Zelanda y ocupar cada isla que todavía no fuese poblada por europeos. El segundo viaje del Capitán Cook dio como resultado que la *Terra Australis* de las leyendas no existía. Siguiendo las órdenes del Almirantazgo de circunnavegar las latitudes externas del hemisferio sur, Cook había incursionado ya varias veces en el Círculo Antártico. Su viaje en 1774 llegó hasta los 71° 10 ‘ de latitud sur. Su búsqueda, tan metódica como decepcionante, comprobó que no había ningún subcontinente habitable en esas latitudes.

Dadas esas circunstancias, el interés británico se concentró otra vez en la posible ocupación de Tierra del Fuego y la fortificación de las Islas Malvinas, ya ocupadas. Al mismo tiempo se hicieron obsoletas las observaciones sobre la talla de los autóctonos patagónicos, dado que la discusión sobre si eran o no gigantes de verdad ya no brindaba ninguna ventaja. Así entonces el mundo se olvidó de los tehuelches.

Todo es Historia – Abril 1993 – Por Mónica Schillat

Temas
Comentarios
Al Pie de la Letra
«Normalidades Antisubversivas»

«Normalidades Antisubversivas»

Bueno, ellos ya me dieron el dato que voy a engancharme directo en el Servicio Meteorológico Nacional... ¡Te das cuenta! ¡Los militares vinieron para mejorar las cosas...
Testimonio, Conciencia y Reflexión
La Pintura Como Mensajera de Paz

La Pintura Como Mensajera de Paz

Que las lecciones del pasado, capturadas con tanta destreza y sensibilidad en el arte, nos guíen hacia una era de paz duradera. Que nunca olvidemos el costo de la guerra y siempre busquemos solucionar nuestras diferencias con diálogo y comprensión.
- Central -
El Mayor Alberte

El Mayor Alberte

Un grupo llegó hasta el sexto piso gritando insultos. Sólo lo acompañaban su mujer y una hija. Intentó defenderse con un revólver pero fue reducido antes de hacerlo. En medio de forcejeos lo arrojaron por una ventana desde el sexto piso.
La Nostalgia está de Moda
Nostalgias y Otoños

Nostalgias y Otoños

Es tiempo de ir a la escuela, y entre tanta cosa que sucede en el mundo de hoy, no viene nada mal retornar a la inocencia. La ingenuidad de preparar el portafolios con los útiles escolares era un modo de preparar el espíritu del aprendizaje.
El Arte de la Culinaria
Bacalao y Chayote Para una Dieta Saludable

Bacalao y Chayote Para una Dieta Saludable

Una dieta saludable implica que sea baja en azúcares libres, sal y grasas; además que sea rica en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales. El moderar y de ser posible evitar comer grasas trans y grasas saturadas, nos brinda altos beneficios para la salud.
Columnistas
Más Artículos