Tango y Milonga
Otras generaciones con otros ritmos, se hicieron cargo de reflejar en sus canciones también la problemática social. Hoy, existe un renacimiento del “dos por cuatro” a cargo de una juventud tanguera cuyos compositores, no esquivan el lado más oscuro del presente.

El Tango Social en el Siglo XX
“Si habrá crisis bronca y hambre
que el que compra diez de fiambre
hoy se morfa hasta el piolín”
Los versos del epígrafe pertenecen al tango “Al mundo le falta un tornillo” de Enrique Cadícamo y José María Aguilar, registrado en el año 1933. Son los días en que la tristemente célebre Década Infame (la primera porque luego hubo otras), mostraba su verdadero rostro de “crisis, bronca y hambre” como dice la pieza mencionada.
Si bien ésta letra es la radiografía de una época determinada, pinta también momentos anteriores y algunas de las etapas que siguieron.
Tal vez por su origen popular y en muchos casos anónimo, el tango reflejó como pocos géneros nuestra problemática social; por algo en algunos de los ciclos

más oscuros de nuestra Historia, hubo letras emblemáticas prohibidas por algunos gobiernos de turno como “Cambalache” de Enrique Santos Discépolo, símbolo de denuncia y resistencia intemporal.
Sin dudas existe una cantidad de tangos que lamentan amores frustrados, pero también hay otros ritmos que lloran iguales pérdidas en todo el planeta.
Es que la poética universal de cualquier época, se reduce en esencia a algunos pocos sentimientos y reflexiones: amor, odio, vida, muerte; a lo que habría que sumar la literatura social y la épica; como los cantares de gesta del medioevo europeo. Obviamente, éstos últimos contenidos son ajenos al tango.
Por eso es una simplificación reducir el tango a un lamento amoroso; basta con escuchar o leer la poesía de Homero Manzi, Cátulo Castillo, Homero Expósito o Enrique Discépolo. Poetas que sin soslayar las cuestiones amorosas, ampliaron su horizonte para abarcar el barrio, la Historia y los dramas sociales.
El maestro Osvaldo Pugliese consideró alguna vez a nuestra música ciudadana (sus letras), “el libro de quejas del arrabal”.
Se le atribuye un origen presuntamente lumpen, ya que se habría difundido desde los prostíbulos y la marginalidad, hacia el arrabal porteño. Se fueron transformando en ese tránsito tanto la música como la poesía, nutriéndose al principio de las historias suburbanas. Y el acceso de músicos con formación y poetas al novedoso género, produjo una simbiosis entre los creadores y la vida cotidiana de nuestro pueblo.
El primer tango registrado es “El Entrerriano” (1898) que pertenece a Rosendo Mendizábal. El autor, que además era profesor de piano, firmó la pieza con el pseudónimo “A. Rosendo” debido a que la gente autopercibida decente, consideraba al tango un baile inmoral. Otro autor pionero, entre los más conocidos, fue Ángel Villoldo; autor de La Morocha, El Porteñito y otros temas que hicieron historia. Conoció de cerca el drama social de su época. Nacido en el barrio obrero de Barracas, fue conductor de tranvías, tipógrafo, cantor, poeta y músico, pero más adelante se las arregló para llegar a París y convertirse en uno de los difusores del tango en Europa.
En su variado repertorio, Villoldo incluye un tema titulado “El cochero de tramway”.
En él relata una importante huelga en 1900 de conductores y guardas. En otros tangos denuncia la corrupción política y otras calamidades que sufre la población en ese principio de siglo con duros contrastes sociales.
Reflexionando sobre el espíritu de las letras, el investigador Luis Vitale sostiene:
“Las letras de tango reflejaron los problemas de los oprimidos, las frustraciones, los amores y desencantos” 1).
La gran huelga de inquilinos de 1907 también fue tema:
“Señor intendente los inquilinatos / se encuentran muy mal. / Pues los propietarios o los encargados / nos quieren ahogar. (…). Abajo la usura y abajo el abuso / arriba el derecho del pobre también”.
Esa letra se cantaba en clave tanguera en el sainete “Los inquilinos” (1907) del payador Nemesio Trejo.
En los años ‘30 la “mishiadura” también quedó retratada en las rancheras “Dónde hay un mango Viejo Gómez” (1933) y “Los amores con la crisis” (1932), ambas con letra de Ivo Pelay y música de Francisco Canaro que inmortalizó Tita Merello con sus interpretaciones.
También son muy conocidos los tangos “Al pie de la santa cruz” (Mario Battistella – Enrique Delfino) y “Sentencia” (Celedonio Flores – Eduardo Pereyra); ambos grabados por Carlos Gardel.

También fue difundido durante años, “Aquaforte” (Marambio Catán - Horacio Pettorossi). Lo grabaron distintos intérpretes desde Carlos Gardel hasta Miguel Montero. La obra, si bien los autores la gestaron en Italia en 1932, refleja el contraste entre la riqueza despilfarrada en los cabarets porteños más lujosos y su contracara: la pobreza reinante puertas afuera:
“Un viejo verde que gasta su dinero / emborrachando a Lulú con su champán / hoy le negó el aumento a un pobre obrero / que le pidió un pedazo más de pan”
Hasta llegar a nuestros días, el tango cruzó el siglo XX acompañando alegrías y penas de nuestro pueblo, como el drama del exilio padecido por muchos compatriotas durante la dictadura de 1976 – 1983:
“Solo y sin un mango / como en un suicidio / sólo tengo un tango / pa´contar mi exilio (…) Solo y escondido / con toda la historia / que nos han prohibido / y está en mi memoria”
El tango se titula “Solo”. Letra y música de Fernando Pino Solanas.
Otras generaciones con otros ritmos, se hicieron cargo de reflejar en sus canciones también la problemática social. También hoy, existe un renacimiento del “dos por cuatro” a cargo de una juventud tanguera cuyos músicos y letristas, no esquivan el lado más oscuro del presente.
Bronca
Por seguir a mi conciencia
estoy bien en la palmera,
sin un mango en la cartera
y con fama de chabón.
Esta es la época moderna
donde triunfa el delincuente,
y el que quiere ser decente
es del tiempo de Colón.
Lo cortés pasó de moda,
no hay modales con las damas,
ya no se respetan canas
ni las leyes ni el poder.
La decencia la tiraron
en el tacho ‘e la basura
y el amor a la cultura
todo es grupo, puro bluff.
¿Qué pasa en este país,
qué pasa, mi Dios,
que nos venimos tan abajo?
¡qué tapa que nos metió
el año sesenta y dos!
¿Qué pasa?
¿Qué signo infernal
¿Qué signo infernal
lo arrastra al dolor?
Ya ni entre hermanos se entienden
en esta gran confusión…
Que si falta la guita…
Que si no hay más lealtad…
¿Y nuestra conciencia,
no vale eso más?
Refundir a quien se pueda
es la última consigna
y ninguno se resigna
a quedarse sin chapar…
Se trafica con las drogas,
la vivienda, el contrabando.
Todos ladran por el mando,
nadie quiere laburar.
Los muleros van en coche
Satanás está de farra
y detrás de la fanfarra
salta y baila el arlequín…
¡Es la hora del asalto!
¡Métanle que son pasteles!
Y así queman los laureles
que supimos conseguir.
Tango – 1963
Música: Edmundo Rivero
Letra: Mario Battistella
Temas
Comentarios
Columnistas