Cánticos Populares

Viven, en un rancho tranquilo y respetado, en forma modesta y con un mínimo de necesidades. Guaja es siempre hervidero de gente: ya sea mensajeros, milicianos, personajes políticos, militares, espías o adulones.
Doña Victoria Romero de Peñaloza: La Mujer del Chacho
Recordar al Chacho Peñaloza es reseñar la historia gaucha, levantamiento de pueblos campesinos contra el patrono centralista porteño, acaudillamiento federal y montonero, pero también es recordar a una luchadora mestiza, fiel y guerrera que lo acompañó durante toda su campaña hasta su muerte: hablamos de doña Victoria Romero de Peñaloza- su mujer simplemente.
Joven, proveniente de una acomodada familia, oriunda de Chila Tama. Se casa con el Chacho, siendo el teniente coronel, allá por 1840. Viven, en un rancho tranquilo y respetado, en forma modesta y con un mínimo de necesidades. Guaja es siempre hervidero de gente: ya sea mensajeros, milicianos, personajes políticos, militares, espías o adulones.
Pero ni su cargo de generalato ni su función de jefe supremo de la resistencia riojana alteran sus modos de vida campesino, simple y popular.
Tienen una hija-Ana María- y, posiblemente, han adoptado un muchacho, Indalecio Peñaloza.
Después de la derrota de Rodeo del Medio, por 1841, Peñaloza debe emprender el camino del exilio, abriéndose paso hacia Chile. Su mujer debe quedarse en Los Llanos.
Empieza entonces la segunda parte de la lucha emprendida por el Chacho: la más solitaria y asombrosa. Pocos meses después, armará como puede a sus hombres y se largará a través de la cordillera a invadir la campaña riojana. A su lado, cabalgando en la bravura, va doña Victoria Romero. Así, libran varios combares, demostrando aptitud para la Guerrilla. Finalmente, se unen fuerzas combinadas de cuatro provincias para enfrentarlo y lo vencen.
Allí, según lo dicho por José Hernández en su obra “Vida del Chacho”-testimonio biográfico desmitificador-, nuestro héroe salvará la vida gracias al arrojo de su mujer. Dejemos que el relato de nuestro trovador hable por si solo de lo acontecido:
“(…) En esta batalla, el coronel Peñaloza estuvo en inminente peligro de ser muerto por sus enemigos. Debió su vida al arrojo e intrepidez de su mujer, quien, viendo el peligro en que se hallaba, reúne unos cuantos soldados y poniéndolos a su frente se precipita sobre los que atacaban a Peñaloza, con una decisión que habría honrado a cualquier guerrero (…)”
Mientras que el cancionero anónimo recogerá, de esta manera, semejante muestra de hidalguía y coraje:
Doña Victoria Romero, si usted quiere que le cuente, se vino de Tucumán con una herida en la frente.
No es mucho más lo que se sabe de la historia de Victoria Romero, hasta el momento de la muerte del Chacho, en 1863. Ella fue testigo, con un par de personas más, de la rendición, deceso y todo tipo de vejaciones que efectuaron con el cadáver de su marido.
Nuevamente, manifestaciones del saber popular hacen coplas con el dolor de esa negra historia olvidada por “los asesinos del progreso”:
Ya lo han muerto a Peñaloza, derechito fue a la gloria dicen que está instalando guerra.
Puebla con doña Victoria.
Todo es Historia – Abril 1984 – Por Mabel Bellucci
La Muerte del Chacho Peñaloza
“…el Chacho se rinde y entrega su puñal, siendo lanceado y degollado por hombres de una partida al mando de Pablo Irrazábal. La patria se viste de luto y el cancionero popular recoge el dolor de las gentes humildes ante la muerte del “padre de los pobres”:
‘Los changos y las viejas/ y hasta las mozas/ llorando están la muerte/ de Peñaloza”.
Norberto Galasso: Felipe Varela y la lucha por la unión latinoamericana.
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