Piedra Libre
El Proyecto fue archivado pero sentó las bases para consolidar la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) creada en 1950 y los Centros Atómicos Bariloche (incluye el Instituto Balseiro), Constituyentes y Ezeiza.

Interior del Laboratorio – Foto Pablo Cabado
Proyecto Huemul – 2 de 2
En la nota anterior nos referimos al origen, desarrollo y final del proyecto nuclear argentino conocido como Proyecto Huemul. Su nombre se debe a que el laboratorio donde se realizó la experiencia fue instalado en la isla Huemul, en el Lago Nahuel Huapi en la provincia de Río Negro.
En 1949 el presidente Juan D. Perón contrató al científico austríaco Ronald Richter para encabezar un grupo de especialistas locales a cargo del desarrollo de un proyecto nuclear nacional, cuyos resultados se orientarían al uso pacífico de esa energía, ya que entonces sólo muy pocos países contaban con investigaciones avanzadas. Estados Unidos y la Unión Soviética tenían el monopolio de bombas atómicas antes de finalizar esa década, inaugurando el llamado “Equilibrio del Terror” en el marco de la Guerra Fría.
En marzo de 1951 el Dr. Richter informó al presidente que había logrado obtener energía nuclear a bajo costo, mediante el método de fusión nuclear. Perón anuncia públicamente el éxito de la ciencia argentina, pero con el paso del tiempo Richter no pudo repetir la experiencia. Así fue que en 1952 el Primer Mandatario crea una comisión investigadora, cuyas conclusiones son lapidarias para el Proyecto: en esa etapa y con los conocimientos obtenidos, no era posible conseguir aquel resultado.
El Proyecto fue archivado pero sentó las bases para consolidar la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) creada en 1950 y los Centros Atómicos Bariloche (incluye el Instituto Balseiro), Constituyentes y Ezeiza.
Durante muchos años Argentina fue vanguardia en investigación atómica en Latinoamérica.
Ronald Richter murió en nuestro país en 1991.
En agosto de 1955 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) realizó en Suiza, la Conferencia Internacional sobre la Utilización de la Energía Atómica con Fines Pacíficos. En ella participaron más de setenta países interesados en el intercambio de información, incluyendo las dos superpotencias: Estados Unidos y URSS. El objetivo político, al menos de la mayoría que no tenía armamento nuclear, fue también colaborar en el aflojamiento de las tensiones mundiales y utilizar esa enorme fuente de energía para fines civiles: electricidad, medicina y otros usos para bienestar de los pueblos.

¿Átomos Para la Paz o la Guerra?
En 1968 las potencias nucleares hegemónicas (Estados Unidos – URSS) proponen al mundo el Tratado de No Proliferación Nuclear; éste acuerdo compromete a los países firmantes que poseen armas nucleares fabricadas antes del del 1° de enero de 1967, a no facilitar esas armas o tecnología a las naciones que no las tengan; hablando claro, la propuesta es cerrar el acceso al armamento atómico o a las investigaciones afines, al resto de los países que no pertenecen al exclusivo club nuclear. El engañoso pacto es rechazado por Francia, China, India, Brasil y Argentina, entre muchos otros.
El Tratado sigue vigente y se lo revisa periódicamente, pero flexibilizó su postura autorizando la transferencia de tecnología para uso pacífico, a cambio de la adhesión al acuerdo de los países “autorizados” y la renuncia a tener armas atómicas.
Más de 190 Estados lo firmaron, incluyendo Francia, China y otros que pese a ser potencias nucleares, lo habían rechazado. Argentina se sumó en 1995.
Previamente, las superpotencias habían diseñado el Tratado de Tlatelolco para mantener América Latina y El Caribe como región desnuclearizada. En 1967 Argentina lo firmó pero sin ratificarlo. Recién en 1994 lo hizo definitivamente.
En nuestro país la actividad científica se sostuvo pese a los cambios de gobierno y en 1976 nace INVAP (Investigaciones Aplicadas), resultado de un acuerdo entre la CNEA y el gobierno de la provincia de Río Negro, como Sociedad del Estado. La empresa se especializó en diseño y construcción de tecnologías complejas para uso nuclear, medicina, aeroespacial y otros. En los últimos años se involucró con CNEA en la construcción del reactor compacto CAREM, hoy paralizado por falta de presupuesto, como veremos más adelante.
Nuestras Centrales Nucleares
En nuestra tierra y a pesar de los avatares políticos que tarde o temprano repercuten sobre los presupuestos de los organismos estatales, la CNEA siguió su marcha. Así fue que bajo su dirección y proyecto, utilizando el método de fisión (división del núcleo del átomo que genera una reacción en cadena controlada), en 1968 comenzó la construcción de la central nuclear Atucha I en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires, la primera central atómica de América Latina.

Atucha I
El 24 de junio de 1974 el presidente Juan Domingo Perón la inauguró oficialmente. Utiliza uranio natural levemente enriquecido como combustible y agua pesada como refrigerante. Provee al sistema eléctrico nacional 362 MW y en 1978 generó el diez por ciento de energía a la red. En la actualidad, se encuentra en proceso de extensión de su vida útil por veinte años más.

Embalse
Está ubicada en la localidad de Embalse del Río Tercero en la provincia de Córdoba.
Comenzó su construcción en 1974, pero recién se inauguró diez años más tarde.
Su potencia es de 656 MW (la segunda en potencia detrás de Atucha II) y en 2015 finalizó su primera etapa operativa. Después de tres años de trabajo, en 2019 fue habilitada para funcionar treinta años más. Se alimenta con uranio natural y utiliza agua pesada para su enfriamiento. Está integrada al sistema nacional de interconexión.

Atucha II
También se encuentra en Lima, junto a la pionera Atucha I. Es la central más poderosa ya que genera 745 MW de potencia y como sus similares, funciona con uranio natural y agua pesada para refrigerar. Su construcción comenzó en 1982 pero la obra estuvo paralizada entre 1994 y 2006. Finalmente, comenzó a operar en junio de 2014, cuando se sumó al Sistema Interconectado Nacional.
Las tres centrales operativas aportan a la red nacional eléctrica 1.755 MW, el cuatro por ciento del total del sistema. Recordemos que el aporte más significativo lo siguen realizando las centrales térmicas (58 por ciento), alimentadas mayormente por gas natural, pero también por fuel oil, gas oil y en menor medida carbón. Las hidroeléctricas suman entre un 20 y 30 por ciento al sistema: unos 11.300 MW.
Nuestras centrales nucleares son operadas por la empresa Nucleoeléctrica Argentina S.A. que es estatal, pero por decreto el actual gobierno nacional pondrá en venta el 44 por ciento del paquete accionario, mientras el Estado conservará el 51 por ciento; el remanente (5 por ciento) integrará una sociedad participada.

El CAREM
También está en la mira privatista el revolucionario reactor producido por nuestros científicos de la CNEA, llamado CAREM (Central Argentina de Elementos Modulares); el artefacto considerado pequeño en tamaño y potencia comparado a los reactores de las centrales tradicionales, puede generar 32 MW, suficiente para abastecer de electricidad a poblaciones de algo más de 100 mil habitantes y alimentar industrias. Tendría más del 70 por ciento de componentes nacionales garantizando soberanía tecnológica y además, la posibilidad de exportarlo, debido a su diseño compacto y transportable. No es un dato menor que puede apagarse cuando sea necesario y también se refrigera en forma automática.
Su construcción, que lleva adelante la CNEA, se realiza en un predio cercano a Atucha I en la localidad de Lima. Pero en la actualidad está paralizada debido al recorte presupuestario aplicado por el gobierno nacional.
Lo insólito es que pese a tratarse de un producto de muy alto valor agregado, con pocos competidores a nivel mundial y que además de satisfacer necesidades energéticas propias podría generar un volúmen de divisas interesantes, se optó por paralizar el proyecto vía ahogo presupuestario; la solución propuesta, es la privatización del 49 por ciento de su capital accionario.
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