Costumbres
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El Cubanito
La realidad es que nadie se atrevería a afirmar cuándo y dónde se inventó el cubanito, ni cuándo desaparecerá
El Cubanito

No obstante, como prueba que la golosina artesanal sigue viva, la ciudad bonaerense de Bahía Blanca celebra anualmente la Fiesta del Cubanito. Se trata de un encuentro de emprendedores vinculados a la fabricación de golosinas y otros productos similares.

El Cubanito y los Barquilleros
Los cubanitos integran ese conglomerado de productos de consumo masivo que son parte de la historia popular. En cuanto a su origen al mejor estilo de Fuenteovejuna de Lope de Vega, puede alegarse que “nadie fue…”, o fuimos todos; desde el consumidor que no pregunta el origen, hasta la producción casera que como tantas otras industrias artesanales fue y es, parte de la fuente de ingresos de muchas familias.

Los memoriosos recordarán esas delicias que de mano de vendedores que no fiscalizaba ningún organismo bromatológico, agregaron una cuota de goce a los encuentros deportivos, en las puertas de las escuelas, festivales, playas, actos políticos y otras concentraciones importantes de público.

Nos remontamos en el almanaque y vemos como en una película retrospectiva, el desfile de aquellos hombres (siempre eran hombres), que en las tribunas futboleras voceaban “Chuenga”… (1), vasos de gaseosas, sandwiches de origen ignoto y otras delicias, para matizar la fiesta de ver al club de nuestros amores. En los alrededores del estadio como sigue pasando en pleno siglo XXI, pululan siempre los puestos del argentinísimo choripan, panchos, tortas fritas y tutti quanti florezca en materia gastronómica.

En esa escenografía hoy siguen danzando algunos carritos que ofrecen “copos de nieve”, manzanitas almibaradas, pochoclo, “pirulines”, maní caliente y (con suerte) hasta higos dulces ensartados en un palito, a modo de brochette.

De ese universo forma parte nuestro cubanito que como escribió Jorge Luis Borges refiriéndose a nuestra Capital Federal “La juzgo tan eterna como el agua y el aire” (2).

Porque nadie se atrevería a afirmar cuándo y dónde se inventó el cubanito, ni cuándo desaparecerá. La realidad es que el cubanito existe y sigue transitando plazas, playas, puertas de escuelas y algunos eventos convocantes de público.

Las primeras aproximaciones al cubanito habrían sido los barquillos; tan antiguos que las últimas generaciones dudan con razón de su existencia.

El “barquillero” era un individuo que cargaba al hombro un cilindro de lata (en general colorado) con una precaria ruleta en la parte superior, con la que tentaba al cliente con la posibilidad de llevarse un barquillo sin cargo, si acertaba el número elegido. En el interior del tacho y a veces portando también una canasta de mimbre, el vendedor portaba la golosina: una pieza de masa de trigo saborizada con azúcar, miel y cualquier otro ingrediente dulce que enalteciera el placer de devorarlo. Se trataba de piezas planas del tamaño de una factura de panadería y cuyo costo no superaba uno pocos centavos; masa de cubanito pero con otra forma. El nombre de esa delicia habría derivado de su diseño, que vagamente remite a una barquilla; de ahí provendría el apelativo de quien lo comercializaba: el barquillero.

Todos conocemos ese tubo con forma de habano relleno en general, de dulce de leche y también bañado en chocolate. Otra variedad se ofrece en formato cucurucho, como los helados. Algunos especialistas sostienen que la cubierta de chocolate evita que la masa se ponga gomosa en pocas horas, además del sabor extra que ofrece esa combinación.

Tal vez por cambios de hábitos o debido a la reducción del consumo por los costos, o por ambas razones, el cubanito fue desapareciendo de las calles y los sitios que solían frecuentar los vendedores. Hoy se los ve replegados en algunas confiterías junto a otras “rarezas” como la sfogliatella que fuera tan popular en tiempos pasados.

Hoy los cubanitos anónimos deben competir con otros de origen industrial contenidos en vistosos envases que intensifican el deseo, pese a que en general son productos ultraprocesados; pero a su favor juega el hecho de provenir de fabricantes identificados por la marca respectiva que cuenta con los controles bromatológicos de rigor.

No obstante, como prueba que la golosina artesanal sigue viva, la ciudad bonaerense de Bahía Blanca celebra anualmente la Fiesta del Cubanito. Se trata de un encuentro de emprendedores vinculados a la fabricación de golosinas y otros productos similares, que con la modalidad de feria y stands ofrecen al público junto a otras ofertas gastronómicas.

Es un certamen en el que los reposteros compiten en distintas categorías: Cubanitero del Año, Cubanitero de la Gente, Cubanito Helado, Cubanito Simple, Cubanito Bañado y Cubanito Innovación.

A su vez la empresa argentina Arbanit Fellow, que elabora 400.000 unidades anuales y proyecta triplicar su producción, ha innovado en las recetas tradicionales ofreciendo también una línea vegana y otras audaces combinaciones. Actualmente exporta a Guatemala, Uruguay, Aruba y Paraguay; participando en eventos internacionales alimentarios que abren nuevas perspectivas al rubro golosinas de nuestro país.

Resumiendo y parafraseando a un antiguo proverbio, podríamos decir que los cubanitos no se ven mucho, pero que “existen… existen”.

1) Chuenga. Fue un caramelo artesanal atribuido a José Pastor (argentino fallecido en 1984), replicado infinitamente en las tribunas futboleras y sus adyacencias.

2) Borges Jorge Luis – Fundación Mítica de Buenos Aires – Obras Completas- Ed- Emecé, Buenos Aires, 1974.

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