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Divito: Un Rico Tipo
Rico Tipo reflejó al hombre porteño, creó una moda de vestir masculina y sus famosas chicas- leonas
Divito: Un Rico Tipo

José Guillermo Willy Divito (1914-1969) fue un dibujante eximio, un humorista del más alto nivel, el creador de Rico Tipo, una revista que revolucionó las costumbres del porteño- y las porteñas- en la década del cuarenta y un playboy que gastó a manos llenas la fortuna que su talento y su trabajo acumulaban. Hombre de la noche, andariego, pasó su vida en la búsqueda permanente de la belleza, sobre todo si estaba bien repartida en un cuerpo de mujer. En esto estaba, iba en procura de las mulatas de Río de Janeiro, cuando un camión tronchó sus aspiraciones y su vida, muy cerca de Lajes, en Santa Catarina. De Divito hombre hablaron para la revista Gente en 1982 sus hermanos Carlos y Nelly, en una entrevista concedida a Liliana Morelli. De Rico Tipo, su par, Juan Carlos Colombres, Landrú. Lo que sigue es una síntesis de esos testimonios.

Nelly Divito de Lare
Nos echaban de todos los colegios. Especialmente a Willy, que en clase y en colegios de curas pasaba horas dibujando a señoritas con bikini. A los 14 años papa le cortó los víveres y no tuvo más remedio que vivir de sus dibujos. Finalmente, esas veleidades que a papá le parecían absurdas terminaron por fascinarlo y contaba divertido que antes le preguntaban a Willy: “¿Usted es alfo del dibujante Divito?”.

Vivíamos en una casa suntuosa de la calle Talcahuano y yo era el único autorizado a entrar en el atelier que Willy instaló en el tercer piso. A veces no bajaba de lo que él llamaba la mansarda ni siquiera para comer, una costumbre sagrada para toda la familia. Cuando eso ocurría papá chillaba y nos dejaba sin comer. Entonces nos íbamos a comer ravioles a la vuelta, a Bilardino y lo anotábamos en la cuenta de papá. Vivíamos mucho la noche. Yo lo acompañaba a los ensayos del Maipo y del Nacional y él hacía los bocetos de sus chicas. Consiguió un puesto de dibujante relámpago de caricaturas políticas en el ex teatro Versailles y yo le daba vuelta la hoja para ahorrar tiempo. Dibujaba rapidísimo y se desesperó cuando notó, mientras hacía los dos años de servicio militar en la Marina, que había perdido la agilidad en el brazo por falta de práctica. Entonces se iba al baño y dibujaba en las puertas. Quedaron todos los baños pintados , un oficial de la Marina se dio cuando pero nunca lo descubrió. El dibujo era una necesidad para él.

Willy comenzó su carrera de humorista en Lawn Tennis Ilustrado y le pagaban muy bien. Después llegaron los trabajos para Caricatura Universal, una revista que duró poco, alfo pornográfica para época. Cierto día lo encontré dibujando mujeres desnudas y le pregunté por qué no ponía su firma. Me respondió: “No los firmo por papá”. No era deportista pero boxeó en la época de Pedrito Quartucci. Un día le pidió al sparring que le rompiera el cartílago para mejorar su nariz. Fue peor: le quedó un globo más prominente. Quiso hacerse cirugía pero papá lo convenció de que la nariz era parte de su personalidad y no debía modificarla.

Todos sus personajes fueron extraídos de la realidad. Bómbolo era mi padre. El otro yo del doctor Merengue era él mismo, que se desdoblaba por su enorme timidez. El jefe lo armó después de venir a conocer la oficina donde yo trabajaba, porque no podía comprender que el jefe fuera una especie de verdugo que siempre tenía razón y al que no podía discutírsele nada.

Era muy reservado para sus cosas. Solo a mí me daba más cuerda. Tampoco le gustaba ir a fiestas de familia. Él estaba en otra cosa. Introvertido y confesadamente tímido fue, sin embargo, un gran seductor.

Un día le pregunté como hacía para andar siempre con chicas tan monas- contó Nelly Divito de Lare, su otra hermana- y me respondió: “Mirá, un poco las encuentro y otro poco las hago yo”.

Y creo que era cierto, que las transformaba en chicas Divito, como un modelo Pigmalión. Recuerdo que había conocido a la hija de una carbonera, una muchacha hermosa pero muy humilde y la dibujó esplendida. El captaba la esencia de una persona y la recreaba. Andaba siempre con un coche último modelo descapotable. Era un avanzado en todo. En la época de Perón tenía un coche blanco, que abría su capota mediante una botonera automática. Cuando se paseaba con Fanny Navarro toda la calle Córdoba lo miraba. Recuerdo que una noche, dos años antes de morir, lo vi entrar a África con dos chicas de 20 años, con smoking azul eléctrico. Estaba esplendido y tenía 53 años.

Carlos Divito asegura que Willy adoraba Italia y levantaba vuelo enseguida. Él estaba con una chica en Nueva York y de repente le decía: “ ¿Vamos a comer a Paris?”. Y salía para el aeropuerto. El dinero le gustaba para vivirlo. Con Rico Tipo la plata le entraba a raudales pero él gastaba a manos llenas. Tenía mesa reservada en las boites, invitaba a todos y bancaba siempre él. La primera música con luces psicodélicas la impuso él en Zum Zum, una boite de su propiedad que instaló en la calle Arenales, a pocos metros de la plaza Vicente López, a la vuelta del legendario 05, otro de sus reductos preferidos. Siempre había expectativa cuando llegaba Willy, todos esperaban ver a su acompañante de turno porque todas siempre eran espectaculares. ¿Casarse? Él no estaba para eso. Intentó casarse una vez pero se veía que había ciertas desavenencias y un buen día cambió de idea. Odiaba levantarse temprano, como buen nochero. Pero se acostumbró a tomar sol en La Biela. Dejaba en la calle su auto sport y pronto impuso el esnobismo de reunirse en ese boliche.

Siempre rodeado de amigos. El pagaba todo. Tenía un Buick sport color blanco. Solo Clemente Lococo tenía otro similar en el país, que luego le vendió a Luis Sandrini.

Vivía con la copa en la mano. En cambio no era un gourmet. Comía siempre churrasco, se cuidaba para no engordar y para la ropa era muy exigente y muy personal. Vestía a la última moda, trajes finísimos aunque nunca vistió a lo Divito, esa moda que enloquecía  a los hombres de todas las esferas sociales con pantalones altos, abombillados, con botoncitos y tiradores. Él no era un exagerado, era un señor.

Willy fue un creador, impuso las carteras colgantes, los anteojos grandes de marcos redondos, dibujó vinchas anuladas al costado, lo que sería después moda hippie. Todas las chicas querían ser chicas Divito y usaban cinturones que ajustaban tanto que uno se preguntaba cómo se hacían esas cinturas. Era un visionario. Buenos Aires vibró con él.
Carlos Divito y Nelly Divito de Lare – La Maga – 03-02-93

Divito – La Maga – 03-02-93

“Rico Tipo” Reflejó al Hombre Porteño
Tendría alrededor de 13 años cuando en una revista bastante picaresca que se llamaba caricatura Universal vi el dibujo de dos chicas empulpadísimas que  me llamaron la atención. Y al pie del dibujo estaba la firma Divito. Poco tiempo después vi en Patoruzú, siempre con la firma Divito, dos historietas sensacionales. Una se llamaba Oscar, dientes de leche y la otra Enemigos del hombre. Y de pronto, en el año 1944 apareció Rico Tipo, la mejor revista humorística de la Argentina. Con neto sabor porteño y más sexy que la legendaria Patoruzú. Colaboraron para la flamante empresa varios periodistas del diario El Mundo como Eduardo Almira, Calki y Billy Kerosene. Rico Tipo se vendía a 20 centavos y llegó a tener una tirada de 350.000 ejemplares semanales.

Rico Tipo reflejó al hombre porteño, creó una moda de vestir masculina y aparecieron sus famosas chicas- leonas, de pelos larguísimos, ligeramente fuertes de cadera y piernas espectaculares. Pero Rico Tipo no solo triunfó por sus célebres chicas. En su revista, Willy creó personajes como Fúlmine. El otro yo del doctor Merengue, Fallutelli y Pura Pinta. Además escribían Juan Mondiola (Bavio Esquié), Luis de la Paza, Conrado Nalé Roxlo, Billy Kerosene, Fernando Ochoa, César Bruto (Carlos Warnes), Napoleon Verdadero (el mismo Warnes), Wimpy, Meyrialle, Taboada (Tomas Elvino Blanco), Meaños, Marianito Juliá, Calki y como dibujantes Pedro Seguí, Toño Gallo, Oski, Cotta, Calé, Liotta, Guerrero, Ianiro y Fantasio, entre otros.

Años más tarde me enteré que el lanzamiento de Rico Tipo fue toda una aventura. Su amigo, y después socio, Mario Di Benedetto, invirtió 20.000 pesos moneda nacional. Así pudieron instalarse en unas oficinas lujosas en Diagonal Norte al 800 y comenzar la edición de una revista que revolucionó el humor. Willy murió soltero y en su apogeo. Como Gardel. Tenía 55 años.

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