Costumbres
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Maizena
Advertía a sus Clientes: “Cuidado con las Imitaciones”
Maizena

Maizena está ligada al paladar de muchas generaciones, en la Argentina y en varios países suramericanos. No son pocas las personas que al bucear en su memoria, le surgen en imágenes y recuerdos de olores, ruidos de vajillas, y en algún momento de ese trajinar, la inconfundible cajita amarilla de Maizena.  Aún no se sabía leer, no se estaba en edad escolar, y sin embargo era fácil reconocer esa pequeña caja con el dibujo que representaba a un grupo de aborígenes trabajando, moliendo algo en un mortero manual, que seguramente era maíz para obtener harina o algún otro derivado. La imagen es simbólica, remite al origen ancestral del producto presentado de esa manera. En la alacena de la cocina de casa, en la estantería del almacén de la cuadra, en las revistas como aviso publicitario… siempre en lugares reconocibles estaba Maizena. ¿Pero qué contenía la misteriosa cajita amarilla?

Maizena es la marca registrada de fécula de harina de maíz, el almidón de esa harina, pero libre de gluten. Esa es la información sumaria. Pero en la memoria colectiva subyace una galería de recuerdos culinarios. Ese polvo blanquísimo y suave hasta ser impalpable, prolijamente envasado en la cajita amarilla, era la llave con que las amas de casa abrían un importante repertorio de platos. Entre ellos sobresalía un clásico: el chuño. Así se denominó por muchas generaciones, la combinación de Maizena, leche y azúcar. Un plato exquisito que servía como postre, merienda o para ser consumido en el momento que se considerara oportuno. El polvo en cuestión es rico en hierro, proteínas, calcio, fibra, potasio, vitaminas A, B1, B2, B3, B6, B7, B9 y B12, fibra y otras propiedades; además, bajo en colesterol llamado “malo.” Al combinarse con leche, azúcar y algún otro ingrediente a gusto, se obtenía un producto casero sabroso, de bajo costo y muy nutritivo. A tal punto era un plato popular el chuño, que un aviso publicitario de Maizena de mediados del siglo XX, advertía a sus clientes: “CUIDADO – Con las imitaciones. Rechace productos sueltos. Exija siempre: ‘MAIZENA. La marca de garantía universalmente acreditada.” Recordemos que chuño es una voz quechua – aymara y se refiere a la fécula de papa que en forma deshidratada se almacenaba durante mucho tiempo en las culturas incaicas

Otra variable era el “flan” de Maizena. Una mezcla similar al chuño pero menos laxa, más consistente; y con un buen baño de caramelo. Servido en porciones frías, no tenía nada que envidiar a los postres y flanes instantáneos preparados en forma similar, con la ventaja sobre éstos, de ser un producto hecho en casa y con ingredientes conocidos y con prestigio de “saludables.” Pero no cabe duda que otro de los derivados más célebres, es el alfajor de maicena, o Maizena; según la inclinación del usuario. Recordemos que el primer nombre, sería la transformación en genérico de Maizena marca registrada. El uso masivo transformó un registro comercial en sustantivo común, como en otros muchos casos. El alfajor o alfajorcito según el tamaño, es una sabrosa golosina elaborada con fécula de maíz, polvo de hornear, bicarbonato, harina y otros ingredientes. Rellenado con dulce de leche, una cubierta de coco rallado cierra la receta. Al margen de los “clásicos” mencionados que deben su popularidad en nuestro país a Maizena, también ésta fécula se utiliza para realzar salsa blanca, hacer bollitos, bizcochuelo casero, Maizena con chocolate y vainilla y centenares de recetas conocidas. Dulces y saladas, con y sin harina de trigo agregada y muchas otras combinaciones según la región del planeta que las elabore.

Vale recordar que la fécula de maíz Maizena, se vende además de Argentina y gran parte de Latinoamérica, en España, países escandinavos y otros. Es muy probable que además de la legendaria marca, también existan otras en circulación.

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