Al Pie de la Letra
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Surcos en el Rostro
Relato de Pablo Diringuer sobre la barbarie de las informaciones y los intereses espurios de dominar el más fuerte al más débil
Surcos en el Rostro

De manera advenediza suscite el atreverme a soportar algún discurso gubernamental del actual “presidente libertario”, fiel reflejo del mosquito rozador de rejillas húmedas, que sólo agazapa el momento para seguir chupando la sangre del vampiro destructor que lo identifica.

Surcos en el Rostro
Las noticias. No sé cómo será la vida actual del que… todo lo tiene por delante a partir de las experiencias vividas y las, «por vivir»… sucede que, para los que ya hemos apilado almanaques por doquier, la extensión de lo transitado nos señala inefablemente que… ya socarronamente sonreímos y nos auto aplacamos en esas ganas de antaño las cuáles sacaban chispas todo el tiempo y, el conjugar el verbo conocer, experimentar, participar, eran por demás la cotidianidad inconfundible del Dar ante cada sobresalto del existir.

Y vuelvo a las “noticias”. Porque, claro, como jovato que soy, veo el contexto cotidiano y… ya no gasto zapatos  -o zapatillas- como antes, ahora pasan mis segundos y minutos a través de pantallas computeriles que me dicen todo el tiempo: “viví así el camino restante porque, así,  así es más fácil y cómodo para vos… total, ya sabés de qué se trata, y sí, también ya estás algo cansado de observar cómo el Ser humano se perturba todo el tiempo y enrosca en situaciones por demás complicadas y conflictivas que hasta te obligan de a ratos a procrear el fastidio en semejantes reiteraciones”.

Hoy murió el actor norteamericano Robert Redford, tenía 89 años. Recuerdo haber visto unas cuántas películas en donde su participación fueron por demás elocuentes de su Dar para mostrar una vez más, el sentido del respirar sobre la faz planetaria.

Israel sigue masacrando al pueblo palestino en Gaza en donde no hay ninguna familia que no haya perdido algún familiar directo producto del avasallamiento armado del ejército sionista amparado por los EE.UU.

El planeta en disputa, no por el Hombre y sus necesidades de subsistencia terráquea, sino por eso que irracionalmente domina desde siempre esos intereses espurios de dominar el más fuerte al más débil y que, a partir de ello nada debe importar, ni siquiera el hambre ni la desnutrición ni el asesinar porque sí al otro, al que piense distinto, no sin antes procrear todas esa condiciones previas del anticipar que “si no te callás, recibirás tu merecido”.

Siguen las noticias, y yo, sin espejos delante, siento la tierra en mis ojos y mis venas siguen entubando esa circulación sanguínea que se empecina en transitar ramificadamente tras esos tres milímetros de hueso craneanos y sigo latiendo elucubradamente en ese cerebro, el cual despiadadamente, una vez más, reitera el convencerme que ya no me sirve tener otra vez 20 o 30 años, si total, fuera del impacto carnal del sentir propiamente dicho en vivo y en directo, ya vale lo mismo experimentarlo a través de las 25 pulgadas del pantallazo computador.  ¿Qué ha cambiado?

El diario o la revista del kiosco ya… ni siquiera las arañas tejen conjeturas sobre sus blancas hojas, y yo, yo sigo frente al cristal líquido que me sigue embebiendo de “noticias”.  No son las mismas, pero… son otras –siguiendo estos tiempos en donde conjugar el verbo “clonar”- tal primas-hermanas- parientes recontra cercanas de aquellas que parecieran añorar las épocas medievales de convivencia social.

Y entre la barbarie de informaciones de todos los colores, siempre me toca sonreír un atisbo, tal vez, porque me considero en el hervidero de la existencia transitada y me auto permito semejantes deslices tanto como darme un pequeño sitio socarrón de oportunidades, y en este sentido, puedo decir-decirme-deciros a los cuatro (4) vientos que si bien no me cago en las malas noticias porque, en definitiva me afectan de manera directa, me limpiaría esa parte íntima trasera ya no con papel higiénico, y como adaptándome a los tiempos que corren, incorporaría a mi básico baño rutinario de necesidades ese nuevo inodoro con ducha y secador anal para sentirme que, de alguna manera, sigo adaptándome en lo que puedo a los tiempos que corren. El papel higiénico tal vez lo guarde, no porque lo pudiese extrañar, sino porque no descarto el poder sonarme la nariz extensamente cuando, vomitiva y de manera advenediza suscite el atreverme a soportar algún discurso gubernamental del actual “presidente libertario”, fiel reflejo del mosquito rozador de rejillas húmedas, que sólo agazapa el momento para seguir chupando la sangre del vampiro destructor que lo identifica.

Por Pablo Diringuer

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