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Wormwood
EL QUÍMICO DE LA C.I.A – documental que busca desentrañar uno de los misterios más apasionantes del siglo pasado
Wormwood

Hotel Pennsylvania, Nueva York. El científico químico Frank Olson tiene un severo quiebre en su psiquis. Lleva un tiempo sufriendo paranoia, algo extraño en su persona. Los profesionales de salud mental que lo trataron recomendaron que se lo trasladara a una institución especializada.

El 28 de noviembre de 1953 Olson estaba en el onceavo piso del hotel. La ciudad seguía con su vida habitual debajo. El ruido de los automóviles, el murmullo perpetuo que jamás se apaga, los transeúntes se escabullen entre las sombras. El químico pasa los últimos segundos de su vida debatiendo entre la sensación de persecución que lo atormenta y la libertad que le ofrece la ventana, el vacío, el vuelo con destino a la paz definitiva.

Frank Olson elige terminar con el padecimiento. Toma carrera y atraviesa el vidrio que lo separa de los más de veinticinco metros del asfalto. Atrás quedaba la habitación 1018A. Su vida acaba unos instantes después, contra la acera dura de una ciudad acostumbrada a ver y absorber tragedias.

Eran las 2 A.M.

El químico se ha suicidado… ¿o no?

Wormwood es una miniserie documental que busca desentrañar uno de los misterios más apasionantes del siglo pasado. La premisa parece salida de una novela de John le Carré, mezclada con la ficción teñida de paranoia que cultivó el maestro de la ciencia ficción Phillip K. Dick. Pero a diferencia de las ocurrencias ficticias de los novelistas, el entramado oscuro y por momentos surrealista es muy real, muy terrenal pese a que parece haberse escapado del cerebro de un escritor con mucha imaginación.

Errol Mark Morris se toma la tarea de sumergirse en este episodio extraño que involucra a la CIA, a los experimentos secretos en la década del 50 con sustancias alucinógenas como el LCD y, por supuesto, la Guerra Fría, más presente que nunca en la época en la que Frank Olson comenzó con sus labores químicas para el gobierno estadounidense.

El cineasta era idóneo para encarar una historia tan compleja. Ganó un premio Oscar por su documental The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara. El documental true crime estrenado en 1988, La Delgada Línea Azul fue un éxito rotundo. Allí trató la historia de Randall Adams, a quien condenaron a muerte por un crimen que no cometió. Su extensa carrera, que se remonta a 1978, cargó su arsenal de conocimientos con recursos suficientes para crear una narrativa que oscila entre el documental clásico y la recreación dramática.

A diferencia de los programas televisivos que tratan temas policiales, o muchas mini-series documentales que abordan el recurso de la dramatización, Morris consigue escapar a las convenciones del género y genera una narrativa que se complementa a la perfección con los testimonios reales.

El testimonio del hijo de Frank Olson, Eric, es una de las voces que conduce el relato propuesto. Él nunca creyó la versión oficial del suicidio, especialmente sabiendo que su padre fue parte del polémico Proyecto MK Ultra, un programa que desarrolló la CIA para experimentar con técnicas de control mental.

Olson era parte del equipo bioquímico que desarrollaba distintas drogas para el gobierno. Cuando se desclasificaron los documentos de aquellos estudios, el pueblo descubrió que los científicos habían experimentado con ciudadanos sin que ellos lo sepan. También incursionaron en diversos tipos de torturas como la privación del sueño, privación sensorial y la administración de drogas sin tener un consentimiento de los sujetos de prueba.

En 1994 la familia decide realizar una nueva autopsia en donde se revelan nuevos detalles sobre los acontecimientos ocurridos cuarenta años atrás.

Para conocer los detalles sobre como estuvo involucrado Frank Olson en todo este embrollo propio de una historia de misterio es necesario ver Woodworm, uno de las primeras docu-series que estrenó Netflix y que se considera uno de los disparadores del género dentro de la plataforma.

Los segmentos de ficción cuentan con un reparto estelar. Peter Sarsgaard le da vida a Olson, Tim Blake Nelson al químico y espía Sidney Gottieb y el gran Bob Balaban como el doctor Harold A. Abramson, un pediatra que intentó implementar el uso de LCD como tratamiento y que, al igual que Olson, fue parte del proyecto MK Ultra.

Los seis episodios construyen una historia apasionante que, pese a la duración, tranquilamente se podría haber estrenado en cines como un largometraje. Cada capítulo deja con ganas de saber más sobre una historia arrolladora y, por momentos, completamente increíble, en el sentido literal de la palabra.

Morris pone todas sus cartas cinematográficas sobre la mesa para entregar una obra que amalgama a la perfección el documental y la ficción, intentando desentrañar el misterio que se inició siete décadas atrás, y que al día de hoy continúa fascinando tanto a especialistas como a fanáticos de las conspiraciones y los crímenes sin resolver.

Woodworm está disponible en Netflix.

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