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Cruzar el Charco
El “Charco” es Cruzado en una u otra Dirección - Forma popular, ir de Buenos Aires a Montevideo y viceversa
Cruzar el Charco

Cruzar el Charco. Leng. Pop. y Figurativo. Gen. Forma popular, ir de Buenos Aires a Montevideo y viceversa

Iniciando la tercera década del siglo XXI, la frase no es muy conocida entre los menos jóvenes. Remite a la antigua costumbre argentina de viajar a Uruguay, atravesando el Río de la Plata. Desde tiempos inmemoriales el “charco” es cruzado en una u otra dirección. El legendario Mar Dulce, cuyo bautismo se atribuye al Piloto Mayor del Reino español, Juan Díaz de Solís; el hombre que conduciendo una pequeña expedición buscaba un paso para acceder al Océano Pacífico y se topó con este espejo inmenso de agua dulce.

 “Irían a los tumbos los barquitos pintados / entre los camalotes de la corriente zaina.”

Imaginó la escena Jorge Luis Borges. Luego la historia tuvo un desenlace poco glorioso: el Piloto Mayor desembarcó, lo mataron y se asegura que también sus restos fueron devorados por los habitantes del otro lado del charco. Ambas márgenes del Plata se poblaron de personas extrañas a los nativos, luego sus descendientes y nuevos inmigrantes ampliaron su zona de influencia. También en las dos orillas se fundaron grandes ciudades de las cuales antes y ahora, se enorgullecen sus pobladores: Buenos Aires y Montevideo, respectivamente. Así las cosas, el “Río color de león” como lo llamara un poeta, durante siglos tuvo un intenso tránsito. Entre las dos ciudades hermanas y rivales, hacia el Océano Atlántico, y desde y hacia los “Reynos de Arriba”, navegando los majestuosos Paraná y Uruguay, cuya llave es el Plata. La “corriente zaina” borgeana como buena criolla, sostuvo los lanchones de la Reconquista comandados por Santiago de Liniers que cruzaron desde la Banda Oriental, para echar al intruso inglés de la bienamada Buenos Aires.

Más tarde, buques guerreros y expediciones porteñas hicieron lo propio para desalojar portugueses y españoles de la entonces provincia hermana. La lucha fratricida que asoló la Confederación Argentina durante años, también se extendió a la orilla oriental, ya independiente y rebautizada como República Oriental del Uruguay. Uruguayos y argentinos, participaron en las luchas en ambos territorios, quizás por aquello que bien definió el cantautor Alfredo Zitarroza: “Tratamos el mismo asunto / Orientales y argentinos.” En la etapa rosista huir de Buenos Aires a la Banda Oriental, fue el objetivo de muchos opositores al Restaurador de las Leyes. La literatura unitaria definió a la Montevideo del exilio como “La Nueva Troya”, por ser sitiada reiteradamente por las fuerzas rosistas aliadas al oriental Manuel Oribe. Una aureola de romanticismo difundida por los escritores y la prensa adicta, cubrió el destierro de esas personas que habían cruzado el charco en circunstancias poco felices.

Los fuertes lazos de historia y sangre en común, hicieron que el río gigante no fuera un obstáculo para el intenso intercambio entre los que desde ambas orillas, construían un destino compartido. En el segundo gobierno de Juan D. Perón, el aumento de las tensiones políticas hicieron que muchos antiperonistas cruzaran el charco. Rememorando las luchas del siglo XIX, los exiliados calificaron al gobierno argentino como “la segunda tiranía”.

También en junio de 1955 luego de un bombardeo masivo sobre el Centro porteño como parte de un fallido golpe de Estado, los pilotos sublevados saltaron el charco y se asilaron en Montevideo. A su turno y al ser derrocado el presidente justicialista, muchos de sus seguidores cruzaron el charco buscando asilo. Por otra parte, miles de uruguayos hicieron el cruce a Buenos Aires buscando mejores horizontes. Artistas, deportistas, estudiantes, trabajadores y exiliados, enriquecieron esta tierra saltando el charco.

En el año 2020 y en el marco de la pandemia mundial covid – 19, otros argentinos pretendieron y varios ya lo hicieron, mudarse a la otra banda; o sencillamente, obtener la Residencia Fiscal para pagar allí menos impuestos. Se trata en primer lugar de algunos poseedores de grandes fortunas. El interés de esa franja de viajeros, parece impulsado por las facilidades fiscales que en estos tiempos ofrece el gobierno oriental. Para radicarse en su territorio, Uruguay redujo la exigencia de tener propiedades de US $1,7 millones a US $ 380.000 y también la cantidad de tiempo que los beneficiarios deben permanecer en su territorio, se redujo de seis meses a sesenta días en todo el año fiscal. El núcleo de ese súbito deseo de trasladar capital financiero al país hermano, radicaría en la simple razón de tributar menos allá que en Argentina, donde en realidad se gestaron esas fortunas.

Más allá del intenso trajinar que el Río de la Plata sufrió a lo largo de nuestra Historia, contaminación incluida, la extensión del charco brindó protección a los proscritos de una y otra orilla muchas veces, y a las dos nacionalidades nacientes en tiempos pretéritos.

Llamar “Charco” a este río majestuoso, no es una desvalorización. Es el apodo confianzudo y afectuoso que sólo se le otorga a un amigo, a un ser muy querido como es para argentinos y orientales, el Río de la Plata.

“El terror y la especulación han causado estragos en nuestras sociedades. El caso de Uruguay es doblemente patético por su historia de país democrático. Los argentinos sabemos que en épocas de yugo militar y censura, nosotros cruzábamos el charco para comprar libros, discos, ver teatro o cine que nuestros Onganías censuraban. En aquellos tiempos la izquierda uruguaya no nos entendía a los peronistas. Nos veían como un movimiento reformista y no revolucionario.”

Música para la Esperanza – Página 199
Miguel Ángel Estrella – Ediciones de la Flor – 1985

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