Al Pie de la Letra
Todo hubiese sido común y aceptable, subirme y a seguir haciendo diligencias; claro que cuando uno ama lo que hace cuesta salir de ese statu quo, y abrí la puerta del auto pensando en vaya a saber qué cosa y hallé a un señor desconocido que me miró interrogante.

Gris Confuso
El día se develó azul, no solo por el cielo sino porque cada una de las actividades que realicé, salieron redondas, como decía mi nonna. La sala de espera vacía, el dentista puntual, el molar en su sitio y el vasito descartable en la pileta de hacer buches, incólume.
Transitar los pasillos de la clínica fue cosa de niños: diez pasos hasta llegar a la encrucijada de ir hacia la derecha o izquierda, giro correcto, veinte pasos más y puerta de salida. Ya en la vereda me dispuse a esperar que llegaran a buscarme, esto de que las ciudades crezcan y no existan. Tenía en mente la subtrama de la nueva novela, tejer y destejer vínculos se asemeja a la vida, la literatura no lo es, pero se le parece bastante.
Iba pensando en que si ella (el personaje secundario) moría de ese modo tan poco convencional, habría dudas, y quien genera dudas va por el camino de la intriga. La intriga es la madre de todos los elementos para mantener firme al lector entre las páginas. Estaba en esas elucubraciones, cuando de repente vino hacia mí una jovencita luminosa, digo luminosa por su sonrisa genuina y su mirada sagaz. Me saludó con simpatía y amabilidad, y yo, despistada como siempre traté de salir de ese estado que orilla la realidad y la saludé no muy convencida de su identidad, se parece bastante a una médica que conozco desde que ella era una niña. Por fortuna, tras ella, llegó su novio a quien conozco por los maravillosos cuentos que he leído de su autoría. Encontrarse con gente linda de alma ilumina el día. Reflexión va y palabra viene llegó el auto gris que venía a buscarme. La charla se tornó amena y no quise interrumpirla abruptamente, de a poco me fui despidiendo y me acerqué al coche. Todo hubiese sido común y aceptable, subirme y a seguir haciendo diligencias; claro que cuando uno ama lo que hace cuesta salir de ese statu quo, y abrí la puerta del auto pensando en vaya a saber qué cosa y hallé a un señor desconocido que me miró interrogante. En fin, había más de un auto gris en esa esquina, y uno no siempre se sube al correcto por esto de andar entre la realidad y la fantasía en un mundo que no perdona un descuido de la mente. Obvio que no pude parar de reírme por unos instantes, y cada vez que lo recuerdo me río de mí y de la situación. Como corolario, a modo reflexivo improbable, el gris produce confusión: no hay como un día azul, incluso en las letras.
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