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Buenos Aires en los Años ’40 Usos y Costumbres
El último tramo de la década se destaca por una creciente participación femenina en todos los ámbitos
Buenos Aires en los Años ’40 Usos y Costumbres

Pese a que la metrópoli se había urbanizado en todas direcciones favorecida por el transporte público, el auge de los conventillos como solución inmediata y los empleos cercanos al domicilio, la Capital mantiene costumbres y valores tradicionales.

Buenos Aires en los Años ’40 Usos y Costumbres
La década de 1940 fue una bisagra histórica para el mundo y nuestro país en general, pero hoy nos ocuparemos sólo de la vida cotidiana en la ciudad capital.

En la noche del fin de año 1939, muchos porteños brindaron para que finalice el conflicto en Europa y otros focos bélicos en Asia y África, que pronto se transformaría en la Segunda Guerra Mundial. Pensemos que en nuestra tierra se radicaron numerosas colectividades europeas cuyas patrias de origen, nuevamente se enfrentan en el campo de batalla y poco antes, había finalizado la Guerra Civil Española; una tragedia que emocionalmente golpeó con dureza a los argentinos. La Batalla del Río de La Plata -en realidad se registró a la altura de Punta del Este- en diciembre, protagonizada por el acorazado alemán Admiral Graf Spee y tres cruceros británicos, movilizó a miles de personas a la Costanera Sur y a Puerto Nuevo, esperando presenciar la batalla definitiva ya que se creía que la nave germana se iba a asilar en Buenos Aires, pues debido a los daños sufridos no podía volver a combatir. Se descontaba que los ingleses la perseguirán y la lucha se daría en nuestras aguas.

Previamente, el barco alemán se había refugiado en Montevideo para hacer reparaciones, pero bajo presión inglesa, el gobierno oriental lo obligó a abandonar la ciudad sin completar los arreglos. Estando en inferioridad de condiciones para enfrentar al enemigo, su comandante optó por hundirlo por mano propia frente al puerto uruguayo. Debido a la neutralidad argentina, más de mil hombres transportados por remolcadores fueron internados en nuestro país. Su capitán se suicidó y está enterrado en el Cementerio de Chacarita. Pese a que muchos marinos escaparon a

Alemania durante la guerra, cientos de ellos eligieron radicarse entre nosotros.

Gobernaba la Argentina el Doctor Roberto Ortiz, último presidente surgido de la llamada Concordancia (hegemonía conservadora), coalición que desde 1932 y mediante fraude y proscripciones, se perpetuaba en el gobierno. Ortiz de origen radical antipersonalista, con la aparente intención de dar fin a la estafa electoral que sufrían los argentinos, intervino varias provincias en las que el conservadurismo se impuso mediante el habitual fraude, también decretó la neutralidad en la guerra, pero en 1940 por enfermedad, delegó el mando en su vice: Ramón Castillo. Éste mantuvo al país fuera del conflicto, pero en el plano interno no cambió nada. Los argentinos vivían con indiferencia los avatares del gobierno y predomina el escepticismo político.

Ortiz se Despide de uno de sus Custodios, el día de su Renuncia – 1942

No obstante a pesar del sombrío panorama mundial, 1940 se inicia con noticias domésticas que alegran la vida; el Club Independiente de Avellaneda cerró el año anterior alzando la Copa de Campeón del torneo, el piloto argentino Ángel Lo Valvo se coronó en automovilismo en un raid de 7.211 kilómetros entre Buenos Aires y Santiago de Chile mientras el fútbol, el turf y el box, siguen siendo “pasión de multitudes”. La pasión por los “burros” es tema destacado de charla en los cafés porteños cuando se corren el Gran Premio Nacional o el Carlos Pellegrini.

Ángel Lo Valvo, Conduciendo un Ford V8, Ganó la Primer Carrera del TC en 1937

No obstante, la escasez de artículos importados que provoca la guerra tiene un rebote inesperado, como es generar empleo en la creciente cantidad de establecimientos que abastecen al mercado interno. Luego de los años de “mishiadura” a raíz de la crisis que comenzó en 1929 en Estados Unidos y que aquí se conoció como “Década Infame”, el relativo aislamiento favorece la economía local.

Pese a que la metrópoli se había urbanizado en todas direcciones favorecida por el transporte público, el auge de los conventillos como solución inmediata y los empleos cercanos al domicilio, la Capital mantiene costumbres y valores tradicionales.

Proliferan los talleres de distintos rubros y también las grandes empresas; éstas últimas concentran una numerosa mano de obra debido a cierto atraso tecnológico y hay bastante estabilidad laboral, que facilita los vínculos personales:

La foto nos muestra el primer modelo de trolebús, marca Westram,
que circuló por las calles de Buenos Aires

“También contribuía a ésta intimidad con los compañeros la vida del barrio, en una época en que los obreros vivían cerca de la fábrica donde trabajaban -hábito que desapareció con la crisis de la vivienda- y prolongaban los contactos en la misma calle, en el mismo almacén” (1). Entiéndase que “almacén” en éste caso, es sinónimo de café, bar, boliche; el segundo hogar para muchos y también el primero en no pocos casos; un hábitat generalmente masculino. Buena parte de la vida del porteño transcurre en ese ámbito que el poeta Enrique S. Discépolo en su tango “Cafetín de Buenos Aires”, define como “Sos lo único en la vida / Que se pareció a mi vieja” y también, “Una escuela de todas las cosas”.

Siempre hubo mujeres en el mundo del trabajo asalariado. Algunas industrias como alimentación, indumentaria y textil, (Bagley, Terrabusi, Noel, Alpargatas, Pittaluga, por citar algunas) concentraron una numerosa mano de obra femenina. La proliferación de comercios de cercanía (tiendas, lencerías, despensas) facilitaron el primer empleo para muchas mujeres que descartaron el taller de costura o la fábrica, pero también las oficinas y la enseñanza primaria son otros ámbitos en que se insertan las mujeres. Para capacitarse florecen “academias” como Pitman, que forma en contabilidad, inglés, mecanografía, taquigrafía y otras especialidades. No abundan las mujeres universitarias, pero también están en auge los cursos por correspondencia que ofrecen un cúmulo enorme de oficios y conocimientos, para hombres y mujeres. Estudiando cómodamente desde su casa, uno podía ser dibujante de historietas, mecánico de motores, detective, taxidermista o acceder a otras profesiones. Con sólo enviar el cupón que salía en las innumerables revistas, se podía alcanzar una calidad de vida superior.

Academias Pitman

Los y las porteñas leen mucho: historietas de todo tipo, novelitas policiales, del farwest y románticas. Las fotonovelas “de amor” en que se inician muchos futuros grandes actores, aparecen a mediados de la década y alcanzan su edad de oro en los años siguientes: Nocturno, Idilio, Fascinación, etc.). Publicaciones dirigidas al público femenino como Para Tí, Vosotras, Damas y Damitas y otras, marcan el rumbo del género.

Radiolandia, Antena y Sintonía lideran la gráfica que difunde el quehacer radiofónico que por entonces, era el medio de comunicación dominante. En sus auditorios se presentan grandes orquestas e intérpretes de moda y las radionovelas aferran a familias enteras junto al receptor; los programas humorísticos también cuentan con importantes espacios en la programación de las radioemisoras.

A su vez, El Gráfico lidera las revistas deportivas y El Alma que Canta publica las canciones de moda y las novedades de la farándula, con gran demanda.

El barrio sigue siendo el centro de la vida social. Es común noviar con la piba vecina, para Navidad y Fin de Año, se recorre la cuadra brindando con quienes se tiene trato, los noviazgos “oficiales” tienen una gradación rígida: amigo, festejante, pretendiente, hasta llegar a novio. También el casamiento tiene un protocolo estricto: en el imaginario colectivo la novia ideal debe casarse virgen y “de blanco”. El tango “Padrino Pelao” (Enrique Delfino – Julio Cantuarias) retrata esa filosofía: “Ha visto señora / qué poca vergüenza / vestirse de blanco / después que pecó”; es evidente la condena a la chica que transgredió la norma. Como parte de la tradición, el padrino debe arrojar un puñado de monedas al aire entre los curiosos que casi siempre, recogen los niños, bajo pena de ser considerado “padrino pelao”, un amarrete. La contracara de la represión sexual es la proliferación de avisos en los diarios de médicos que tratan enfermedades “secretas”; como se llamaba púdicamente a las venéreas, ya que la iniciación de muchos jóvenes corría por cuenta de prostitutas. Aún no estaban difundidos los antibióticos y la educación sexual no existía en la educación formal.

Los velatorios se acostumbra realizarlos en la vivienda familiar y la viuda debe guardar luto durante un prolongado duelo. Pasado un tiempo prudencial se pasa al medio luto y finalmente a la indumentaria normal. Para los hombres el ritual es menos riguroso: una banda negra en el brazo izquierdo es suficiente, luego una pequeña tira del mismo color en la solapa del saco, que con el tiempo cae en desuso.

Con las políticas sociales implementadas por el gobierno justicialista desde mediados del ‘40 y la alta oferta de empleo, aumenta el consumo con su demanda de turismo social, salidas familiares, los “hinchas” desbordan las canchas, los hipódromos o el Luna Park. El cine es un espectáculo de masas, los bailes en los clubes de barrio concretan muchos noviazgos y el teatro, encarnado en las “compañías” que hacían giras constantes, también tiene su público.

La Costanera Sur desde los ‘años ‘20 es cita obligada en el verano, día y noche. Proliferan locales gastronómicos con espectáculos como las cervecerías Munich y otros que sobrevivieron largo tiempo.

Son los años de la ropa elegante para ambos sexos: acceder a un Perramus, abrigo impermeabilizado de alta calidad o un buen traje cruzado (a medida) es la pretensión de los muchachos para lucirse en el Centro como un “cajetilla”. Las chicas se embanderan en la moda Di Vito (vestidos ajustados con cintura “avispa”). Los sombreros en los hombres siguen siendo obligados hasta en la cancha; y a su vez, el café y el tango parecen eternos.

Pese a la competencia del colectivo, el tranvía sigue pisando fuerte en las calles porteñas y en 1948 se suma el trolebús, aunque se mantiene la costumbre de viajar en camión a los estadios o a los frecuentes picnics.

El último tramo de la década se destaca por una creciente participación femenina en todos los ámbitos de la vida argentina; política, sindical, laboral, universitaria.

Los años ‘40 se cierran con una medida de orden institucional que además de ser una reparación histórica, modificará profundamente la vida social argentina: el voto femenino.

1) Sebreli Juan José – Buenos Aires, Vida cotidiana y alienación – Ed. Siglo Veinte – Buenos Aires, 12/1979.-

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