Testimonio, Conciencia y Reflexión
Mientras existan personas dispuestas a unirse por una causa noble y a lanzar sus sueños al agua con la confianza de un niño, la esperanza nunca se ahogará. Al final, el amor siempre encuentra el camino de regreso a casa.

Por Ada Noemí Zagaglia
Glasnevin – Dublín –

Las Aguas de la Memoria: El Viaje de la Esperanza en el Royal Canal
Hay rincones donde el tiempo parece detenerse para escuchar los latidos de la comunidad. Uno de ellos es el trazado histórico del Royal Canal a su paso por Glasnevin, un oasis verde donde el agua fluye lenta, flanqueada por viejos senderos de piedra y la sombra silente del famoso cementerio vecino. El domingo pasado, este paisaje de calma habitual se inundó de un brillo inesperado: miles de pequeños patitos de goma amarillos rompieron la monotonía gris al ser lanzados al agua en una carrera por la vida, el amor y la resiliencia.
A diferencia de la prisa del centro de la ciudad, el canal ofreció un escenario íntimo. Desde los puentes y los caminos ribereños, las familias de Glasnevin observaban una marea dorada que avanzaba lentamente, impulsada por la suave brisa del norte de Dublín. Cada juguete llevaba inscrito un número visible que representaba una historia real: el deseo de recuperación de un paciente, buenos deseos para amores y amigos, el homenaje a un ser querido que ya descansa en paz, o la promesa de un futuro mejor.
En la superficie, todos los patitos compartían el mismo color, pero cada uno navegaba impulsado por el motor más poderoso del mundo: el amor humano.

El Desvío que se Convierte en Destino
La navegación por un canal construido por el hombre nos recuerda que, incluso en los caminos que creemos tener controlados, la vida siempre nos sorprende. Durante la competencia, las corrientes mansas pero persistentes y las hojas caídas de los árboles desviaron a varios de estos pequeños competidores. Algunos quedaron atrapados pacíficamente entre los juncos de las orillas; otros se adentraron en los túneles oscuros bajo los puentes de piedra, desapareciendo temporalmente de la vista del público.
Cualquiera habría pensado que aquellos que se apartaron de la ruta principal habían fracasado en su cometido. Sin embargo, la verdadera magia de la esperanza es que no entiende de metas ni de cronómetros. Al final de la tarde, cuando los voluntarios recogían a los rezagados, uno de esos patitos perdidos apareció río abajo, atrapado en un pequeño remolino cerca de los muelles. Su viaje individual había sido diferente, pero su número en la base seguía intacto, listo para cumplir su propósito benéfico.

La Metáfora del Navegante Resiliente
Ese pequeño rezagado del Royal Canal nos regala una hermosa lección de vida. Con frecuencia, las personas somos lanzadas a canales de rutina, responsabilidades y desafíos. A veces nos estancamos en las orillas de la tristeza o nos perdemos en los túneles oscuros de la incertidumbre, sintiendo que nos hemos quedado atrás mientras el resto del mundo avanza hacia la meta.
Pero el viaje del domingo pasado nos demuestra que perder el rumbo no significa perder el propósito.
El amor que depositamos en los demás, la fe que mantenemos en los momentos difíciles y la solidaridad que nos une como comunidad tienen una resistencia asombrosa. No importa cuánto nos desviemos o cuánto tardemos en salir del túnel; la corriente de la vida, tarde o temprano, nos guía hacia una orilla segura donde alguien nos espera.

Cuando el sol se ocultó tras los árboles de Glasnevin y las aguas del Royal Canal recuperaron su quietud reflejando las primeras estrellas, los asistentes se marcharon con una certeza inquebrantable. Mientras existan personas dispuestas a unirse por una causa noble y a lanzar sus sueños al agua con la confianza de un niño, la esperanza nunca se ahogará. Al final, el amor siempre encuentra el camino de regreso a casa.
Ada Noemí Zagaglia desde Irlanda. Derechos de Autora por el Tratado de Berna.
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