Ya fué
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Marcas en el Recuerdo
como en un cambalache discepoleano, aparecen algunas marcas comerciales que fueron parte del escenario cotidiano
Marcas en el Recuerdo

La memoria de quienes habitamos nuestro país está (como la de cualquier persona en el planeta entero), poblada de imágenes, sabores y emociones. Pero cuando lanzamos una mirada retrospectiva a ese territorio mítico que es la infancia, desembarcamos en un espacio íntimo, en el que cada cual acomoda el bagaje de recuerdos según la conveniencia del presente; porque la carga puede ser feliz o desgraciada, o ambas a la vez.

Entonces es inevitable volar con la mente y los sentidos, al encuentro de una multitud de nombres de “cosas” que acompañaron nuestros días, pero que ya no están.

En un recuento caótico y arbitrario, como en un cambalache discepoleano, aparecen algunas marcas comerciales que en algún momento de nuestra vida, fueron parte del escenario cotidiano.

Marcas que Resisten -Ámbito Financiero – 18-11-18

Introduciendo la mano en esa galera del olvido, extraemos un nombre al azar: aparece la Bidú Cola. Una gaseosa cola que pisó fuerte en la Argentina durante tres décadas, compitiendo con la todopoderosa Coca Cola que recién en la década de 1940 arribó a nuestro país. El sabor no era el mismo que el de la Coca, pero refrescaba igual y no dejaba de ser una bebida cola. Su nombre era tan extraño como la botella; un envase de vidrio verde con una superficie salpicada de “granitos” de vidrio. Bidú significaría en idioma hindi o indostaní, puntos; tal cual lo revela la botellita en cuestión. Otra gaseosa tan enigmática como popular en los años ‘50, fue la Pomona, cuyo nombre de reminiscencias mitológicas clásicas, no le impidieron circular con comodidad en las canchas y bares de todo el país.

Bidú Cola – Gaseosa – Viva – 16-05-10

Fueron años de una generosa oferta de gaseosas de distintos sabores. Naranja Crush, el “naranjín” Bilz, Spur Cola… y dos marcas de jarabes cola para diluir: Refres Cola y Ri – Cola. Estos venían en botellas de litro (vidrio retornable) y se rebajaba con soda, brindando la ilusión de que eran colas “auténticas”. Ideales para familias numerosas, cuando no existían las versiones familiares de las gaseosas líderes. Siguieron Pomelo Neuss, Gini sabores cola y lima – limón y varias marcas locales de vida efímera. En 1963 aparece en el mercado local Tab; primera cola dietética, producida por Coca Cola. Cuando se prohíbe el uso de ciclamato como adelgazante, Tab comienza a utilizar sacarina en su fórmula, pero al poco tiempo es retirada de la venta. En otra franja de bebidas sin alcohol, las chocolatadas Toddy y Vascolet se disputaban con fiereza el mercado lácteo infantil.

Kodak 200 – BAE Negocios – 27-12-17

Más adelante llegará Cindor, sobreviviente en el siglo XXI con la modalidad tetra brik.

En materia de lácteos todavía existían las lecherías, bares especializados en ese rubro. Y también la cadena de locales de La Martona donde servían la línea de productos de esa gran empresa. Desde “la cuajada”, nombre antiguo del yogurt, hasta la leche en todas sus combinaciones.

Humeantes tazas de café con leche acompañadas con facturas o pan con manteca, “submarinos” con una barrita de chocolate de taza para diluir en la leche caliente; o en verano sumergirse en un vaso alto de leche con Toddy o Vascolet batido, acompañado con vainillas. Ese clima acogedor y con olor a merienda casera, brotaba de las lecherías de La Martona.

La marca fue absorbida por otra empresa láctea líder y una línea de leche en sachets volvió al mercado en 2019 con la antigua denominación. Pero en el imaginario colectivo sobrevive el recuerdo de los yogures en frasco retornable de La Martona y alguna otra marca, que el repartidor dejaba puerta a puerta. Flotan en el tiempo las imágenes de los bares lácteos La Martona, cuando fueron una deliciosa sorpresa más de las que nos depara esta extraña y querible Buenos Aires. Pero el viaje de la memoria no se agota en los lácteos, porque también están sus inseparables compañeras de ruta: las galletitas.

Hasta la década de 1980 las marcas líderes seguían vendiendo galletitas a granel, pese a que de a poco se iban imponiendo las envasadas en paquetes de pequeñas fracciones.

Ejemplo de la oferta de galletitas “sueltas” fueron Bagley y Terrabusi. Sus productos llegaban al almacén de barrio en latas de dos tipos: las galletitas genéricamente llamadas “de agua” en grandes latas ciegas y las dulces o rellenas, en envases “vistas de vidrio” que permitían apreciar el contenido. Para el chico era una fiesta ver en las estanterías (la invasión de hipermercados con sus góndolas recién comenzaba) las llamativas vistas de vidrio en una explosión de colores y formas.

Allí se exhibían Merengadas, Coquitas, Panchitas, Chocolinas, Operas, Amor y Rumba de Bagley y Boca de Dama, Duquesa, Melba, Lincoln, Anillos y otras, de Terrabusi; en amigable competencia.

Las grandes latas ciegas portaban Criollitas, Express,Traviata y algunas más. Los paquetitos de unas pocas unidades para llevar a la escuela, estaban representados por “Manon” de Terrabusi y “Colegial” de Bagley; con el tamaño ideal para el bolsillo del guardapolvo.

El almacenero extraía con la mano, o los más cuidadosos con una palita metálica la cantidad a despachar. El hombre (casi siempre era un hombre) pesaba y luego envolvía la compra en un papel blanco o gris, haciendo una especie de repulgue en los extremos del paquete artesanal. Muchas de estas galletitas sobreviven en pequeños envases y las marcas fueron adquiridas por grandes grupos económicos en general, extranjeros. Hoy el barrio porteño de Constitución ya no está invadido por el olor dulzón que salía de las grandes plantas industriales de Bagley y Terrabusi; tampoco en la zona del Parque Lezama es posible aspirar el suave perfume del Bizcocho Canale emanado de su fábrica enclavada en el barrio desde 1910. ¿Un olor perdido para siempre? Imposible saberlo. Sí sabemos que nuestra memoria individual y colectiva está poblada de hechos, pero también de olores y sabores, como algunos de los mencionados.

Ámbito Financiero – 18-11-18

Mención aparte merece el registro de otros alimentos famosos, de autos que sumaron a nuestra identidad y unas cuantas cosas más.

Pero esas serán otras historias.

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