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Martín Fierro Existio II
Igual que la Cumparsita, vendría de la otra banda - Desde Córdoba, aclaración sobre la existencia de Martin Fierro
Martín Fierro Existio II

Desde Córdoba, Aclaración Sobre la Existencia de Martin Fierro

Martin Fierro existió. Hay indicios ciertos de que José Hernández tomó ese nombre de algún soldado o gaucho de frontera. Ahora, el Centro de Investigaciones Históricas de la Municipalidad de Maipú, según el número 1 de La Nuestra, cree haber encontrado algunos documentos reveladores de las andanzas de un paisano de los pagos bonaerenses que servía como soldado de frontera. La revelación la hace Álvaro Barros, Jefe del Batallón 11° de Línea en Azul, que tenía entre sus hombres a un condenado, o reo de la justicia en realidad, llamado Melitón Fierro. Álvaro Barros, militar periodista, muy amigo de José Hernández, le contó seguramente ésta y muchas otras historias sobre la verdad de la vida transcurrida en la pampa, a los gauchos y a los desertores.

www.testimoniosba.com/2022/03/30/martin-fierro-existio/

Los investigadores de Maipú hablan de “un tal Álvaro Barros que tenía el grado de sargento mayor”. En realidad, Álvaro Barros fue un coronel con una brillante foja de servicios. Después de la batalla de Caseros, es nombrado Comandante militar de Mercedes. Ya es teniente coronel cuando toma el primer contacto de los indios de frontera en Pillahincó. En 1868 alcanza el grado coronel. Puede constatarse muy bien en una carta de que le escribe al ministro Martín de Gainza, solicitando el pago de haberes atrasados de los oficiales de frontera y trompas a su mando. El ministro le contesta el 13 de febrero de 1869, entre otras cosas: “Señor Coronel D. Álvaro Barros: Siento en el alma que usted haya sido intermediario de actos que son un verdadero desacato y que ha debido reprimir y castigar”. Estas citas se traen para destacar un significativo detalle, porque seguramente son peripecias narradas a Hernández y que encontramos en los versos del Martín Fierro:

Del sueldo nada les cuento
Porque andaba disparando
Nosotros de cuando en cuando
Salíamos a ladrar de pobres
Nunca llegaban los cobres
Que se estaban aguardando

Hernández estuvo pocas veces en la zona de frontera donde comandaba Álvaro Barros. Durante toda la presidencia de Sarmiento, época en la que funda El Rio de la Plata, se dedica fervientemente a combatirlo desde el periodismo.

Pablo Benedini – 2000

Luego de la muerte de Urquiza se exila con López Jordán en Brasil y está en Uruguay en 1872, cuando comienza a escribir los versos del Martin Fierro. Fue en 1872 cuando aparece la primera edición del libro de Álvaro Barros, Fronteras y Territorios Federales de la Pampa del Sud. En el prólogo de una reciente edición hecha por Álvaro Yunque, podemos leer: “Barros, siete años mayor que Hernández, y con más experiencia de la lucha en las fronteras y cantones seguramente, a su vez, influyó en mucho sobre el autor de Martin Fierro. Un dato que sirve para corroborar esta sugerencia: en un batallón por él mandado en Azul, apunta Barros la existencia de un milico que se llamaba Martin Fierro. A su vez, uno de sus biógrafos, Pedro De Paoli, apunta que Hernández recordaba siempre las descripciones que le hacia su propio hermano Rafael de las arreadas de gauchos de esa época. Recuerda, también en el Uruguay, que oyó hablar de un gaucho Martin Fierro, famoso por sus correrías y las injusticias de la autoridad sobre él. José Roberto del Rio publica en La Razón de Montevideo, el 07-02-47, un artículo sobre Artigas y Martin Fierro. Se refiere el publicista a una nota que Artigas pasa al gobernador de Montevideo en la que le dice que, ‘hallándome por los terrenos de Gui- Curú recorriendo estancias de este contorno, llegué a la pulpería (…) y así que reconocieron que era partida, algunos huyeron y prendimos a los que quedaron en la casa, y entre ellos a Miguel Silva, de nacional portuguesa, compañero de Martin Fierro’’”

Juyeron los más matreros
Y lograron escapar
Yo no quise disparar
Soy manso y no había por qué
Muy tranquilo me quedé
Y ansí me dejé agarrar.

¿De dónde provenía, entonces, Martin Fierro? ¿De los pagos de Maipú por donde se los busca ahora, o de los gauchos uruguayos? Hernández ambientó la obra con los paisajes de la pampa batallas  del litoral, a lado de López Jordán, pero estos gauchos eran entrerrianos y uruguayos.

Pinto admirablemente la invasión de los indios de la pampa y sus terribles malones que asolaban las fronteras, arrasando fortines, matando sus pobladores o llevándose la hacienda y mujeres cautivas.

Pero Hernández no estuvo en  estos entreveros. Escribió muchos versos influido por los relatos.

Álvaro Barros fue el Cruz del propio Hernández o el Martin Fierro, nunca el sargento Bartolo Santucho. Entre los dos producían un fervoroso combate en El Rio de la Plata en favor de los gauchos y del indio contra los gobernantes que ensanchaban la pampa para disputarse la tierra.

Tal vez Hernández se sintió solo muchas veces, sin Álvaro Barros a su lado, para luchas diariamente por sus ideales. Así estaba Martin Fierro en la soledad de la pampa en aquella oportunidad del indio y la cautiva:

Un hombre justo con otro
En valor y en juerza crece
El temor desaparece
Escapa de cualquier trampa
Entre dos, no digo a un pampa
A la tribu si se ofrece

El hecho de encontrarse algún día la patria de Martin Fierro no significará para nada que Hernández se haya inspirado en la vida y peripecias de este hombre. Ya se ha visto que en ambos relatos Martin Fierro era un reo o un desertor. No era el gaucho laborioso, bueno y servicial de las estancias, el gaucho luchador de las lides de la libertad federal, aquel gaucho abandonado y desposeído de la mano de los gobiernos.

Pablo Benedini – 2021 – Acrílico Sobre Tela – 100 x 100

Si Hernández hubiera escrito pensando nada más que en la vida de un gaucho reo, habría producido solamente versos gauchescos, pero jamás habría tenido su obra trascendencia universal, jamás aceptación sobre el pueblo. Martin Fierro fue un nombre elegido tal vez entre muchos, pero la dimensión social se la dio el momento vivido en esa época de su aparición, entre la desolación de una raza que se extinguía irremediablemente y en favor de la cual tantos distinguidos luchadores de pluma y espada nada pusieron hacer, como no fuera dejar escrita una monumental obra literaria como un árbol florecido con el abono de las desgracias y padecimientos del gaucho.

El gaucho ya se fue. No vale ahora encontrar  la tumba de Martin Fierro. Sus sentencias sonarán siempre donde quiera renazcan los lonjazos de la injusticia. Después de luchar u escribir toda su vida por la redención de un hombre que iba a desaparecer, Hernández sentencia al final:

No se ha de llover el rancho
En donde este libro esté.

Miguel Ángel Di Fulvio
La Nuestra – Folklore, Vida y Costumbres de un Pueblo – Abril 1982

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