Creencias, Mitos y Leyendas
Agüero Vera nos habla de esta mujer morena, en la plenitud de su vigor, de ojos y cabellos negros y voluminosos pechos que se mueve al andar, produciendo el sonido onomatopéyico del que deriva su nombre. Con sus manos pequeñas y blancas (o sea de distinto color que el resto del cuerpo) acaricia a los niños que las mujeres dejan a la sombra de un árbol del monte cuando salen a juntar algarrobas. Los cuida, les quita el polvo de la cara y les da de mamar. Pero también protege a los algarrobos, y sí el padre de la criatura hachó a uno de éstos, le robará a uno de éstos, le robará el hijo y no se lo devolverá nunca. Se ocupa también de avisar los fuegos que dejan encendidos los recolectores para ubicar el campamento por el humo.
Al parecer es un genio local, pues sólo se oyó hablar de él en la localidad riojana de Vichigasta.
Seres Sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina – Adolfo Colombres
Biblioteca de Cultura Popular – Ediciones del Sol – 1984
Ilustración de Ricardo Deambrosi

La Zapam-Zucum
(Letra recopilada de la poesía popular y regional del noroeste argentino)
Andando por los senderos,
entre el monte y el calor,
va la madre del algarrobo,
custodiando con amor.
Tiene la piel muy oscura,
sus manos blancas están,
acariciando a los niños
que en el campo duermen ya.
Con sus pechos voluminosos
va anunciando su presencia,
al compás de cada paso
se adivina su existencia. [1]
¡Zapam-Zucum! ¡Zapam-Zucum!
Suena el monte al respirar.
Es la madre de los niños
que les viene a amamantar.
Si el hachero viene al monte
a los árboles dañar,
la Zapam-Zucum se enoja
y los hará respetar.
Pero cuida al cosechero
y al que vive en humildad,
brindándoles la algarroba
con inmensa caridad.
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