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El Fotógrafo y el Cartero
EL ASESINATO DE CABEZAS — DISPONIBLE EN NETFLIX
El Fotógrafo y el Cartero

En 1997 el José Luis Cabezas se encontraba en la costa Argentina tomando fotos de personalidades nacionales, como hacía siempre. Su arma era la cámara y su objetivo era conseguir imágenes para enviar a Noticias, medio de comunicación que le permitía sustentar a su familia.

Cabezas estaba cubriendo la fiesta de cumpleaños de Oscar Andreani, empresario dedicado a la logística, dueño de la conocida marca. Lo que no sabía el fotógrafo es que tenía gente que lo venía siguiendo. Lo tenían “marcado”, como se dice en la jerga callejera.

Unas mujeres, vecinas de la zona que vieron los movimientos extraños de aquellos hombres, dieron aviso a la policía, alarmadas. Ningún patrullero se hizo efectivo por motivos que serían evidentes tres años más tarde, cuando se conocieron los detalles del proceso judicial.

El semanario Noticias le había alquilado un auto Ford Fiesta blanco, que Cabezas y su compañero Gabriel Michi compartían para realizar las coberturas. Después de conseguir algunas imágenes dignas de ser publicadas, se retiraron al domicilio provisorio en la localidad costera.

Sus asesinos estaban cada vez más cerca. Tenían una orden simple.

Métanle caño y tráiganmelo.

Gustavo Prellezo, un policía vinculado a Alberto Yabrán, fue quien emitió la mafiosa tarea a sus subordinados Horacio Braga y Sergio González.

Ellos, por supuesto, obedecieron.

José Luis Cabezas había llegado a su domicilio sin saber que unas fotografías que había tomado el año anterior del empresario Alfredo Yabrán, quien había eludido a los reporteros gráficos durante años, habían sido la firma de su sentencia de muerte.

Yabrán había sido acusado y estaba investigado por tráfico de drogas, armas y lavado de dinero. El nombre del empresario había pasado a ser conocido por el público pero nadie podía ponerle un rostro hasta 1996, cuando Cabezas tomó unas imágenes del empresario en la playa. De pronto aquel supuesto mafioso del que hablaba la política no era un nombre solamente, había una persona detrás.

Al fotógrafo lo golpearon, lo esposaron, lo llevaron a un lugar apartado. Lo arrodillaron junto al auto que debía llevarlo por Pinamar para retratar personalidades, y con dos disparos en la cabeza acabaron con la vida del hombre. Después, para terminar de pintar el cuadro mafioso, escondieron el cadáver en el automóvil y lo prendieron fuego.

Lo que no sabían Yabrán y su manada de cómplices es que aquel día no sólo mataron a un hombre, sino que le pusieron punto final a una década de corrupción política, de un modelo neo-liberal de gobierno que fundió al país y que se convirtió en un emblema sobre la importancia de la libertad de expresión y, sobre todo, de prensa.

Eduardo Duhalde, que en ese entonces gobernó la provincia de Buenos Aires, llegó a manifestar que le “habían tirado un muerto” para arruinarle las elecciones de 1999, y se consideró como uno de los “damnificados”. El peronismo perdió las elecciones legislativas y después las presidenciales a manos de De la Rua y “Chacho” Álvarez.

Yabrán se convirtió en una de las figuras más recordadas de aquella época, a tal punto que hasta el día de hoy mucha gente cree que el empresario sigue libre, vivo y coleando, riéndose de la justicia y de la gente mientras goza del anonimato que la fortuna obscena que supo forjar.

Alejandro Hartmann, quien ya había dirigido un interesante documental sobre el asesinato de María Marta García Belsunce, se dedica a desentrañar y mantener vigente uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. Este largometraje también retrata la década del ´90 sin ningún tipo de nostalgia. El director busca mostrar la cultura de “pizza con champagne” que dominó durante aquella década plagada de corrupción, de clientelismo político y de tragedias.

El Fotógrafo y el Cartero es una obra que bucea por el caso, que fue extremadamente complejo de investigar en su momento por el poder que ostentaba Yabrán, que le permitió plantar pistas falsas y desviar el foco de atención durante algún tiempo. Los testimonios de protagonistas, testigos y figuras políticas van construyendo una narración que mezcla lo mejor del policial con el drama político, y se vuelve cada vez más apasionante a medida que transcurren los minutos.

Aquellos que no recuerden el caso podrán encontrar acá una película que ahonda bien en un caso emblemático que, de forma contundente, le puso final a una etapa oscura del país. Para aquellos más jóvenes que no vivieron aquel verano del ´97, es una excelente forma de mirar hacia el pasado de manera didáctica y entretenida.

Y para los que tuvimos la mala fortuna de ser testigos día a día de aquella pesadilla que puso los pelos de punta a la sociedad en general y a los periodistas en particular, El Fotógrafo y el Cartero es un estremecedor documento que honra aquella consigna que aún resuena en la sociedad argentina:

“No se olviden de Cabezas.”

Nunca fue ni será olvidado.

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