Creencias, Mitos y Leyendas
De la mano de los conquistadores europeos la cafeomancia habría arribado a nuestra América y también, el cultivo del café en regiones tropicales y su comercialización en gran escala; por ejemplo, en las actuales Colombia y Brasil, entre los productores mayores.

Cafeomancia
La necesidad de lograr certezas sobre el futuro personal, familiar o colectivo, es una inclinación antiquísima de nuestra especie. La interpretación del vuelo de los pájaros, la ornitomancia (lectura de las vísceras de las aves, como la que practicaban los augures romanos), explicaciones esotéricas sobre fenómenos naturales, quiromancia (lectura de las líneas de las manos), movimientos de un péndulo al cual se le hacen preguntas y cuyo operador las interpreta y una infinidad de métodos y rituales que como el tarot o la astrología, que pese a su antigüedad y la enérgica defensa que en el presente hacen de éstos sus practicantes, no han podido demostrar su presunto carácter científico. Tal vez porque en sus orígenes la astrología y la astronomía primitiva se consideraban una misma ciencia; con el paso del tiempo y los avances del conocimiento empírico, los estudios sobre la naturaleza de la materia y la observación cenital, ambas tomaron rumbos diferentes.
Todas las prácticas adivinatorias para ser creíbles por quienes las aceptan, fueron y son ejercidas por iniciados, que desde tiempos remotos se presentan ante quienes los consultan, como depositarios de conocimientos o habilidades que no están al alcance del común de los humanos; pese a que en la actualidad se ofrecen cursos que parecen alejados del conocimiento hermético antiguo. Y desde la noche de los tiempos, conocimiento es poder; mucho más si es cerrado o secreto. Capítulo aparte merecen los llamados “trabajos” que realizan también ciertos iniciados, para favorecer o perjudicar a un tercero; esos servicios son muy amplios e incluyen “destrabar” situaciones conflictivas, “limpieza” de energías negativas de hogares u otros sitios.
Pero sólo pondremos en foco una de esas prácticas ancestrales: la cafeomancia, que se define como lectura de la borra del café que queda como residuo en la taza o pocillo; preferentemente de color blanco para facilitar la visión. Tal práctica es cercana a la taseomancia (lectura de las hojas del té en la taza u otros brebajes) y si se profundiza la investigación, el catálogo es mucho más extenso.

Los conocedores aseguran obtener alguna lectura del porvenir del consultante.
Esa práctica como la inmensa cultura que luego incorporó y transformó el Occidente europeo, se habría originado en lo que conocemos como el Oriente Medio con eje en el Mar Mediterráneo, más precisamente (se cree) en la actual Etiopía, con el cultivo del árbol llamado cafeto. Desde ese territorio impreciso se habría extendido a distintas regiones, en particular Turquía; pero se extendió hasta la actual Armenia y otros pueblos que integraron la ex Unión Soviética. La popularidad de la infusión llevó a que en Turquía se abrieran las primeras cafeterías y del consumo a la curiosidad por encontrar signos enigmáticos en los restos del café, sólo mediaba la aplicación de aquellas fórmulas que provenían de un mundo antiguo reconocido por sus magníficas civilizaciones. Y desde el corazón del que sería el poderoso Imperio Otomano se proyectó hacia el resto del mundo conocido entonces, que no incluía las culturas americanas.
Más adelante de mano de los conquistadores europeos la cafeomancia habría arribado a nuestra América y también, el cultivo del café en regiones tropicales y su comercialización en gran escala; por ejemplo, en las actuales Colombia y Brasil, entre los productores mayores.
En la actualidad y como sucede con la amplia gama de creencias esotéricas que existen, los iniciados aseguran ser portadores de conocimientos ancestrales que en forma más o menos reservada, se transmiten durante generaciones y seguramente, también sufren cambios en sus conclusiones, ya que la diversidad de culturas involucradas y el paso del tiempo dejan sus marcas.
Lo habitual sería que una vez que el interesado haya bebido el café, los restos depositados en el fondo deben cubrirse con un platito; se da vuelta la taza y se aguarda un tiempo prudencial para permitir que el residuo se acomode, entonces se descubre el recipiente y se procede a la interpretación. Cada espacio de la taza o pocillo corresponde a una zona de la vida del consultante que puede relacionarse con el presente, pasado o futuro.

Como sucede con las zonas más oscuras del conocimiento, en la cafeomancia existen múltiples debates sobre técnicas de aplicación, interpretaciones sobre las figuras que se formarían con la borra y otras cuestiones afines.
No obstante hoy en pleno siglo XXI y con las incursiones de la Inteligencia Artificial en los terrenos más inverosímiles, esa y otras prácticas siguen reclutando adeptos que prefieren confiar en las presuntas revelaciones obtenidas por rituales ajenos a las experiencias científicas; tal vez, porque lo misterioso se percibe como la apertura a universos desconocidos, desde donde es posible adelantarse a sucesos antes que se produzcan.
Temas
Comentarios
Columnistas