Piedra Libre
No hay que olvidar que Norberto Galasso en 2025 el Gobierno de Javier Milei le quitó por decreto el título de Embajador de la Cultura Popular Argentina, que le había otorgado Cristina Fernández de Kirchner por su enorme aporte a nuestra historia.

La Partida Física del Compañero Norberto Galasso
Historiador, ensayista, profesor, investigador y escritor, pero, por sobre todo un pensador nacional comprometido con su tiempo y con su gente.
Desde su casa de Avenida Asamblea 850 escribió más de 100 obras fundamentales para conocer y comprender nuestra historia nacional y latinoamericana.
Lo vamos a recordar por su sonrisa, sus charlas, su cercanía y esos gestos que tanto lo caracterizaban: sus visitas a la Unidad Básica a buscar la boleta en las elecciones, su presencia en las campañas por la libertad de Milagro Sala y acompañando a lxs jubiladxs frente a la reforma previsional de Macri.
Siempre cerca de quienes luchan por una Patria más justa.
Tuvimos la alegría de compartir con él el homenaje por sus 88 años en su casa, abrazarlo y agradecerle por una vida de compromiso.
Tampoco olvidamos que en 2025 el Gobierno de Javier Milei le quitó por decreto el título de Embajador de la Cultura Popular Argentina, que le había otorgado Cristina Fernández de Kirchner por su enorme aporte a nuestra historia.
Pero ningún decreto puede borrar una vida, una obra ni las huellas que deja alguien que dedicó sus días a pensar, enseñar y luchar por una Argentina más justa y soberana.
Por eso no te despedimos.
Nos quedamos con tu sonrisa, tus abrazos, tus enseñanzas y tantos momentos compartidos.
Hasta siempre, compañero
Muchas gracias, te vamos a extrañar.
Texto de la compañera María Paz
Unidad Básica “la Gloriosa JP”
Víctor Martínez y Zañartú
Comuna 7

Escribe: Norberto Galasso en la Revista Caras y Caretas en Septirmbre de 1984
En los últimos tiempos, los militantes del campo nacional —heroicos y consecuentes— se están gestando una piel de elefante para resistir las increíbles declaraciones de una dirigencia en franca declinación. No bastaron los guiños cómplices de Mondelli al Fondo Monetario. Vino luego Labaké, pálido y ojeroso, a escandalizarse por el destape. Se agregó, después, Herminio sosteniendo que “Alfonsín es demasiado izquierdista” y que “el peronismo debe estar en el centro hacia la derecha” porque “cada vez me gustan más los conservadores”. Pero, por si esto fuera poco, como dicen los vendedores ambulantes, ahora han aparecido “señoras gordas” en el movimiento. ¿Cuál fue la génesis de este fenómeno? Supongo que el concejal Osvaldo Pérez, amigo de Lorenzo, estaría tomando unos tragos, en amable compañía, en alguna confitería céntrica, cuando se le acercó un pibe —morenito, ojos grandes, ropita raída y ¡horror! uñas sucias— quizás hijo de uno de esos “negritos” a los cuales se puede torturar impunemente, según la teoría de esa alma piadosa que es el cura Von Wernich. Y el pequeño molestó al concejal pretendiendo unas chirolas a cambio de una estampita. Ante tan antiestético espectáculo (Pérez, el Osvaldo, no el Ricardo que es de lo mejorcito), redactó allí mismo un proyecto para terminar con situaciones tan irritantes.
Algún malintencionado quizás piense que el concejal propuso implantar el socialismo para poner fin a la miseria y por ende, a la mendicidad. Otro, más moderado, supondrá que reclamó pleno empleo y salarios altos. Pero, no. Olvidando que debe su concejalía a los votos de los compañeros peronistas, el concejal se transfiguró en “señora gorda” y reclamó al Intendente la aplicación estricta de la ordenanza que prohíbe la mendicidad. Con criterio de 1858 —fecha de la ordenanza— exigió que la policía se encargue de aplicarla enérgicamente y argumentó, después del té-canasta que “en calles céntricas y estaciones de ferrocarriles y subtes, se observa la presencia de mendigos, en su mayoría menores de edad” lo cual, por su cargosidad, fealdad e impertinencia, molesta la digestión de la “gente bian”. Esta mendicidad, “con el pretexto de repartir estampitas católicas, resulta la más alevosa de los últimos tiempos”. ¡Alevoso!, pibe, entendés. ¡Alevoso! Rajá de acá, turrito, rajá, como decía Arlt. Alevoso, es decir, “maquinado cautelosamente, con perfidia y traición, para no fallar en el delito”. ¡Piantá, atorrante, volvete a los cuadros de Nelly Alvarez!… Porque sólo puede merecer ese calificativo de “alevoso”, la intención pérfida de esos chicos que han venido a joder la plácida vida del concejal. ¡Vayan a trabajar!, que a los siete años quieren vivir de “arriba”, cargoseando a la gente, ¡vagos!…
Pero el concejal, no sólo actúa en defensa propia sino “por la obligación de velar y salvaguardar la integridad moral del habitante”. Claro, el pibe no es habitante, ¿no es cierto? Su dignidad no interesa pero sí su presencia que perturbaba “la dignidad” del burgués apoltronado en la confitería picoteando las aceitunas del vermouth. Además, agrega, “y fundamentalmente del turista”. Es conmovedor. La sensibilidad humana del proyecto provoca llanto: el pobre turista, que ha gastado sus dólares para ver las bellezas argentinas y ahora se siente tironeado del saco por un vaguito a quien espera en la esquina el vago mayor, su padre, un latinoamericano abúlico y degradado moralmente que se resiste a ocupar las vacantes con buen sueldo que le ofrecen los magnánimos empresarios argentinos.
“Hay que erradicar a los mendigos”, truena Ud. concejal. ¿Fusilarlos, quizás? ¿Por qué no llamar a Camps? Hay mucho de subversión en esa miseria desnuda por las calles que cuestiona a un sistema aunque, según Ud. no estamos “en un estado calamitoso para que el ser humano deba salir a la calle en procura de limosna destinada a la subsistencia”. Esos mendigos no sólo afean el paisaje sino que pueden sembrar semillas revolucionarias en espíritus demasiado sentimentales. ¿Tirarlos al río, le parece, desde aviones? ¿O mejor expulsarlos del país para que se encuentren con su destino latinoamericano de mendigos en Paraguay o en Bolivia y no ensucien más esta Buenos Aires de gente educada y bien vestida? Elija usted el insecticida más contundente y ponga fin, así, al espectáculo denigrante.
Pero hay una dificultad, concejal. ¿Y Evita? ¿Qué hacemos con Evita, concejal Osvaldo Pérez?

Búsqueda – Agosto 1983
Rajá, turrito, rajá»
Es una famosa frase de la novela Los siete locos de Roberto Arlt, publicada en 1929.
La frase se la dice el farmacéutico Ergueta al protagonista Remo Erdosain cuando este le pide dinero prestado. Traducción en lunfardo: Significa «andá de acá», «vade retro» o «hueseá, vete rápido».
Uso cultural: La expresión trascendió la novela y se convirtió en un emblema de la literatura argentina para hablar del rechazo, la desesperanza y el tono marginal de Buenos Aires.
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