Tango y Milonga
Cuando lo tocaba en casa, mi vieja se acercaba y cuando terminaba me decía despacito: ¡Al Colon! ¡Al Colon! Para aquel entonces, para una persona humilde como mi vieja, como éramos todos nosotros, gente pobre, gente de laburo al Colon significaba alcanzar la cúspide.
Recuerdo
La idea del tango “Recuerdo” me nació viajando en el tranvía 96 desde Córdoba y Canning hasta el café La Chancha, que estaba en Córdoba y Godoy Cruz. Tenía 14, 15 años… La segunda parte y el trio se me ocurrió dos o tres años después, cuando vivía en la calle Acevedo. Uno compone un motivo, lo deja, a la larga lo retoma y le da otra vuelta y así va hilando la cosa. Bueno, eso pasó con “Recuerdo”. Lo completé en 1924. En ese entonces yo estudiaba piano, siete u ocho horas por día. Y después de estudiar me entretenía tocando algunas cositas que eran de mi autoría. A veces mi padre y mi hermano me pedían: “Tocate el tango ése”. Era “Recuerdo”, todavía no tenía nombre.

De repente, mi viejo, que era flautista, se quedó sin trabajo y comenzó a corretear partituras. Un día me propuso editarlo. Yo le contesté: “Bueno, agarrátelo, ¿para qué lo quiero yo?”. El viejo lo editó y como yo lo había sugerido le puso su nombre. Así salieron las primeras partituras. Después se lo llevó a Juan Bava que era primo de mi mamá y fue Bava quien lo estrenó, con un cuartero, en el café Mitre que estaba Triunvirato (Corrientes) y Acevedo. Después yo fui a tocar con Enrique Pollet, a quien le decían “El francesito” en el café ABC, en Corrientes y Canning. Ahí hacíamos “Recuerdo”. Una noche cayó Pedro Laurenz, que era amigo de Pollet, escuchó el tango, le gustó y se lo llevó a Julio De Caro que tocaba con su famoso sexteto en el cine Select Lavalle. Lo grabó en 1927 y, a partir de ese momento, tuvo un gran suceso. A la gente le gustó, sobre todas las cosas, ese dialogo final que hacen los bandoneones.
Me preguntan cómo se me ocurrió. ¡Y qué se yo!, se me apareció en la cabeza, en el corazón y lo escribí.
Cuando lo tocaba en casa, mi vieja se acercaba y cuando terminaba me decía despacito: ¡Al Colón! ¡Al Colón! Para aquel entonces, para una persona humilde como mi vieja, como éramos todos nosotros, gente pobre, gente de laburo al Colón significaba alcanzar la cúspide.

Recuerdo
Ayer cantaron poetas
y lloraron las orquestas
en las suaves noches del ambiente del placer.
Donde la bohemia y la frágil juventud
aprisionadas a un encanto de mujer
se marchitaron en el bar del barrio sud,
muriendo de ilusión
muriendo su canción.
Mujer
de mi poema mejor.
¡Mujer!
Yo nunca tuve un amor.
¡Perdón!
Si eres mi gloria ideal
Perdón,
serás mi verso inicial.
Y la voz en el bar
para siempre se apagó
su motivo sin par
nunca más se oyó.
Embriagada Mimí,
que llegó de París,
siguiendo tus pasos
la gloria se fue
de aquellos muchachos
del viejo café.
Quedó su nombre grabado
por la mano del pasado
en la vieja mesa del café del barrio sud,
donde anoche mismo una sombra de ayer,
por el recuerdo de su frágil juventud
y por la culpa de un olvido de mujer
durmióse sin querer
en el Café Concert.
Tango – 1924
Música: Osvaldo Pugliese
Letra: Eduardo Moreno
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