Miscelaneas
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Una Muerte y Varias Resurrecciones
El Acceso al Cristianismo - La Llegada del Justicialismo - El Mandato Nacional
Una Muerte y Varias Resurrecciones

Una Muerte y Varias Resurrecciones
Cuando el escritor se ha explicitado a sí mismo y a su obra con la claridad con que lo ha hecho Leopoldo Marechal, las palabras sobran. Y cuando casi cincuenta años de labor literaria  coinciden tan puntualmente con la vida de un país y sus avatares- como es también su caso-, basta con ser un observador atento de esa realidad cotidiana para acercarse a su obra bien provisto. Sin embargo, estos años transcurridos desde su muerte, pueden ser un buen pretexto para hablar, releer y volver sobre los diferentes aspectos de su tarea (poética- literaria- filosófica) que, al igual que los buenos vivos, va mejorando su aroma y valor con el paso del tiempo. Cada relectura de sus escritos proporcionan al lector una sensación de frescura renovada. Es que Marechal, como los “clásicos”, tiene la permanente virtud de hablar siempre de lo esencial- en cualquier circunstancia y bajo cualquier pretexto- y satisfacer asi esas ansias de profundidad que el hombre “despierto” requiere de mil maneras- el arte, por ejemplo-.

El Oficio de Escritor
Conocedor de esto último, Marechal encaró su oficio con toda la seriedad del caso y con todo el “humor” que esa seriedad requería. Por esto acaso su significativa respuesta a la simple pregunta “¿cómo definiría a un escritor?”, que ensayara dos años antes de su muerte: “Te regalaré dos definiciones- le dijo a su entrevistador-, una peyorativa y otra ¨mejorativa¨. La peyorativa: escritor, animal bípedo, con una sola pluma, que se alimenta de incienso y de promoción. La ¨mejorativa¨: escritor, ser hermosamente expresivo, que manifiesta exteriormente para los otros lo que hay en él de manifestable”.

O aquella otra autocalificación del “Introiti” a “Megafón o la guerra”, donde se define sistemáticamente como “un clásico del intelecto y un romántico de la lengua”. En cuando a los  del “incienso y la promoción”, nunca fue un peligro que lo asediara, antes bien, todo lo contrario, fueron en realidad la proscripción y el silencio quienes rodearon buena parte de su vida personal e intelectual.

Sin embargo, cómo decíamos antes, esto no fue un obstáculo para un vital diálogo con sus compatriotas y con el país- más bien habría que pensarlo como un “puente” querido por el destino y aprovechando por su sabiduría-. En aquella entrevista poco antes de su muerte, también se refería al tema en términos muy justos: “Mi existencia entera – decía- por una suerte de fatalidad, se ha vinculado a los hechos del país en lo físico y en lo metafísico, unas veces en forma visible y otras en su modesta trastienda”.

Y en esa situación de su existencia relaciona directamente con su concepción de la novela y de la obre literaria en general.

Para Marechal, “novela es la historia de un destino completo”. Más aun, “no solo de un destino- decía-, sino de varios que se dan en sucesión cronológica y a la vez lógica y se traducirían en una cadena de muertes y resurrecciones obradas en la posibilidad de un mismo individuo”. Su vida y su obra ejemplifican, mejor que nadie, esta “cadena de muertes y resurrecciones”.

Primera Resurrección: El Acceso al Cristianismo
El mismo lo recuerda. Fue una noche de 1931, en tiempos de Semana Santa y sobreviven después de una de sus muchas peregrinaciones como joven bohemio de “los años locos”. Estando ya bastante en copas  y reunidos con Bernández. El poeta, y Raúl Scalabrini Ortiz decidieron visitar a don Francisco  Soto y Calvo en su estancia de la Vuelta de Obligado, “respondiendo a una invitación que me había hecho en un barco alemán cuando regresábamos de Europa”. Esa misma madrugada “en un Chevrolet fantasmagórico” manejado por Sacalabrini Ortiz, partieron rumbo a la estancia. Permanecieron en ella tres días- prolongación de aquella madrugada de poesía y vino- y regresaron a Buenos Aires, “alegrando la monotonía del viaje litros que don Francisco había hecho cargar en el Chevrolet, tan generoso como previsor. Y era Semana Santa y nosotros, unos paganos impenitentes. A continuación vino la crisis”. A ella se refirió en estos términos: “A la semana siguiente, y en mi escuela de la calle Trelles recibí un llamado telefónico de Bernárdez: acababa de sufrir una hemoptisis y reclamaba mi presencia. Corrí a la pensión donde vivía y lo hallé trastornado y contrito. A partir de aquel instante se desencadenó la crisis espiritual que ya maduraba en mí, desde mi último viaje a Europa: volví a la práctica de la iglesia, que había desertado yo desde mi primera comunión en la parroquia de Balvanera donde me había bautizado hacia exactamente veintidós años. Entonces me incorporé a otro grupo intelectual que también ha dejado  su historia en Buenos Aires, el de los “Cursos de Cultura Católica”. Son también los años de acompañar, enferma, a su primera mujer (sin permitirme distracciones ni desmayos). Años más tarde, en uno de sus poemas, la expresaría con estos versos: “Soy de los que agarran a su infierno/ más por economía que por obstinación”

Segunda Resurrección: La Llegada del Justicialismo
Aquello que llamo su “cerco” se rompería, años más tarde, el calor de tres acontecimientos, que darían nueva forma a su vida, la muerte de la primera esposa (después de dos años de terrible agonía), el advenimiento del Justicialismo al poder y su casamiento con Elbia Rosbaco, “Elbiamor”.

El primero cierra una etapa, los otros dos inauguran otra que lo caracterizaría hasta los últimos años de su vida.

Con su fervorosa adhesión al Justicialismo (no siempre correspondía con el mismo afecto), desde aquellos lejanos días de 1945 hasta los de su muerte en 1970, Marechal rompe con cierta forma del nacionalismo elitista que era común en aquellos Cursillos de Cultura Católica y abraza otra más popular y amorosa de la política, mientras que su casamiento con “Elbiamor” le traerá ese clima apropiado de comprensión y cariño que necesitaba su labor literaria. Nacen pues, dos “amores” sobre los que él reflexiona como sigue.

Repuesto del rompimiento con aquella forma elitista del nacionalismo, nos dirá más tarde…”advertí pronto que sus luchas internas (y su consecuente división en grupos antológicos) no les permitiría llegar a la acción; su intelectualismo cerrado les llevo a concretar solo un parnaso teórico de ideas y soluciones, un acervo de slogans cuya rigidez no era un buen pronóstico…El nacionalismo no salió de su órbita especulativa: y además (yo diría “sobre todo”) le faltó el conocimiento popular. Este “conocimiento” (en el que Marechal, como buen “clásico”, hace reposar la posibilidad del amor y la entrega) lo encuentra en el peronismo al que vislumbra como “una síntesis en acto de las viejas aspiraciones nacionales y populares tantas veces frustradas”.

Esta nueva “resurrección” tiene fecha precisa: el 17 de octubre de 1945 y Marechal la describe así:”…el 17 de octubre de 1945 se da la única revolución verdaderamente popular que registra nuestra historia (incluyendo la del 25 de Mayo), y se da en una expresión de masas reunidas no por el sentimiento ni por el resentimiento, sino por una conciencia doctrinaria que les dio unidad y fuerza creativa. Yo estuve con ellos y marché con ellos en aquella madrugada increíble y doy fe que supieron lo que hacían y lo que querían. Y sostengo que la gran virtud del Justicialismo fue la de convertir una masa numeral en un pueblo esencial, hecho asombroso que muchos no entienden aun, y cura intelección será indispensable a los que deseen explicar el justicialismo en sus ulterioridades, inmediatas y mediatas, o los que se pregunten por  qué, desde 1955, nuestro país es ingobernable”.

Tercera Resurrección: El Mandato Nacional
La tercera muerte también tiene fecha cierta: septiembre de 1955. Alli comienza su ultimo y largo calvario intelectual por motivos políticos. Nace, como él mismo irónicamente se ha bautizado, “el poeta depuesto”. Y será éste- apenas reivindicado- el que se encontrará con la muerte de un frio mes de Junio de 1970, en el mismo departamento de la calle Rivadavia desde donde escuchó llegar el 17 de octubre. Se trató de una “exclusión operada, según la triste característica de nuestro medios intelectuales, con el recurso solo viril de los silencios y olvidos prefabricados!.

Esta exclusión le planteará, años después estas dos conclusiones: 1) la “barbarie” real o no que Sarmiento denuncia en las clases populares de su época se había trasladado paradojalmente a la clase intelectual de hoy, ya que solo barbaros (¡oh, barbaros muy bien vestidos!) podían excluir de su comunidad a un poeta que hasta entonces llamaban hermano , por el solo delito de haber andado en pos de tres banderas que creyó y cree inalienables; 2) desde 1955, no solo tuvo nuestro país al Gobernante Depuesto, sino también al Médico Depuesto, al Profesor Depuesto. Cierto es que tales “deposiciones” de muchos contrarrevolucionarios de América no van más allá del significado medico fisiológico que también lleva esa palabra. De tal manera, los ¨muertos civiles¨ de una contrarrevolución gozan de buena salud (con excepciones muy lloradas, ¡oh noble sombra de Juan José Valle!)”.

Sin embargo, perdonó y en ese perdón operó su “tercera resurrección”, la de indiscutido maestro contemporáneo del pensamiento y la literatura nacional al que, más allá de todo “ismo”, se debe necesariamente recurrir si se quieren leer algunas de las mejores páginas de la literatura argentina del siglo XX. Y lo hizo: “porque sé que la vergüenza nacional es la suma exacta de todas las vergüenzas individuales que se dan en un pueblo, y porque no me ha gustado nunca ser un pintor de la ignominia”
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