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El Ejército “Libertador”
El fracaso de Lavalle en su avanzada contra Rosas apoyada por franceses y porteños
El Ejército “Libertador”

El fracaso de Lavalle en su avanzada contra Rosas apoyada por franceses y porteños Frustración unitaria y mensaje de San Martin

Corría 1838. Francia había decidido deshacerse de Juan Manuel de Rosas y así ampliar su influencia comercial política en Sudamérica haciendo base en Montevideo, enclave que considera un protectorado propio. Bloqueaba el puerto de Buenos Aires pero el temor de Paris a la irritación de Londres, por entonces su aliada que consideraba que eran territorios cuya influencia  le pertenecía, le impedía planear una invasión con sus propias tropas. Para ello era necesario a Francia, entonces contar con “auxiliares” nativos.

Juan Bautista Alberdi ideologiza y justifica  la intervención extranjera. Si la patria de los argentinos era Mayo y Mayo era “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, era justo luchar bajo el pabellón francés. Un militar de fuste, el general Juan Lavalle, expatriado en la Banda Oriental, se indignaría con quien años más tarde será el autor de nuestra Constitución Nacional y llama “madama” a quien Sarmiento también llamará “eunuco” y señala: “Estos hombres conducidos por un interés propio muy mal entendido quieren trastornar las leyes eternas del patriotismo, el honor y el buen sentido. El gobierno de Rosas es nacional y yo tengo la ambición de regresar a mi país con honor”.

Para convencerlo envían tres mil quinientos pesos a Lavalle, pero éste, desde su estancia “El Vichadero”, cerca de Mercedes (Uruguay), devuelve indignado el dinero. La presión continuará. Alberdi le escribe: “Se trata de que Usted acepte la gloría que le espera y una gran misión que le llama en esta segunda faz de la Revolución de Mayo”. Una vez más Lavalle cede a los cantos de sirena de los doctores porteños, ahora exiliados en Montevideo. No son pocos los que sostienen que lo que lo convenció fue una importante suma de dinero. Sin embargo, el héroe de Riobamba demostró a lo largo de toda su trayectoria una honestidad y una integridad a toda prueba. Era su inteligencia la que quedaba muy rezagada ante esas virtudes.

Lavalle fue convencido de que era su deber de patriota derrocar a Rosas. Sea como fuese.

El ‘Ejército Libertador”, como dio en llamársele, cruza el Paraná e invade Entre Ríos, transportado en embarcaciones francesas. En el Parlamento parisino, en los debates de 1844, se revelará que se gastaron más de dos millones de francos en esa “política de intervención que consistía en ganar aliados en Montevideo y excitar los partidos unos contra otros”. Lavalle avanza inconteniblemente sobre Buenos Aires. Rosas escribe: “El hombre se nos viene y lo peor es que se nos viene sin que podamos detenerlo”. A lo que sí atinó el Restaurador fue a sofocar por la violencia todo intento de “quinta columnismo” en el territorio que dominaba.

Los Maza, padre e hijo, y otros destacados ciudadanos fueron acusados de conspirar y ejecutados.

Pero al poco tiempo Lavalle escribía a su esposa, desde Yeruá: “Aquí estoy solo con mis brazos desnudos, sin cartuchos y sin un real ¡esto es el Ejército Libertador’!”. Es que en su avance no había encontrado el apoyo que los doctores unitarios le aseguraron. Los pobladores no parecían entusiasmados en sumarse a esa gesta contra la tiranía.

Para peor los necesarios fondos no llegaban, aunque eran enviados desde ultramar a la Comisión integrada por Martin Rodríguez , Florencio Varela, Salvador del Carril,  Valentín Alsina, los mismos que años antes habían convencido a Lavalle de ajusticiar a Dorrego . Aunque cuantiosos, pocos llegaron a Lavalle.

Ni sitiados ni sitiadores comprenderán lo que sucederá después: Lavalle ordena el repliegue de sus tropas. “No podré tomar Buenos Aires ¡por falta de veinte días de víveres!”, había escrito a su esposa el día anterior. La retirada de ese ejército aún inmenso será desordenada, anárquica, plagada de actos vandálicos, saqueos, latrocinios, matanzas, recibieron el golpe de gracia a manos del rosista Oribe quien lo venció en “Quebracho Herrado”. Finalmente Lavalle encontrará la muerte en Jujuy en circunstancias que nuestra historia consagrada atribuyó a un fortuito e imposible disparo a través del ojo de la cerradura. Me inclino por la versión de José M. Rosa y mis propias investigaciones que confirmarían que se habría tratado del suicidio de un hombre derrotado, arrepentido de sus errores y sumidos en la depresión. Los cabecillas unitarios, que han seguido las alternativas desde Montevideo o a bordo de los barcos franceses, y que ya daban por segura la derrota de Rosas, se indignan ante la retirada.

“Todo estaba en su mano, y lo ha perdido
Lavalle, es una espada sin cabeza (…)
Lavalle, el precursor de las derrotas.

Oh Lavalle, Lavalle! Muy chico eras para llevar sobre ti cosas tan grandes (Esteban Echeverría)

Distinta seria la actitud de un exiliado sexagenario que desde Francia escribiría al Restaurador poniendo en riesgo su permiso de resistencia: “Si usted me cree de alguna utilidad sepa que espero sus órdenes. Tres días después de haberlas recibido me pondré en marcha para servir a mi patria honradamente en cualquier clase que se me destine” Firmaba José de San Martín.
Pacho O’Donnell – Noticias – 07-05-10

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