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Ángel Della Valle: Campo y Tradiciones
Sus obras fueron escasas, menos de cuatrocientas, ya que su labor docente le insumía mucho tiempo
Ángel Della Valle: Campo y Tradiciones

Della Valle nació en una familia de inmigrantes italianos, el 10 de octubre de 1855, en Buenos Aires. Su padre era constructor y había ganado cierta fama realizando edificios para el gobierno de don Juan Manuel de Rosas y las residencias de familias adineradas porteñas.

Ángel Della Valle

A los 20 años, viajo a Italia para realizar sus estudios artísticos, ya que en Buenos Aires no existían academias de arte, sino algunos maestros que daban clases particulares. Se instaló en la ciudad de Florencia, donde estudió  con el maestro Antonio Ciseri, fundador de la Sociedad Cooperativa de Estudiantes. Una escuela en la que entre todos los alumnos cubrían los gastos del alquiler del local, de los modelos y de la enseñanza. Allí, se formaron varios pintores argentinos que luego serían maestros en nuestra tierra.

Regresó a la Argentina en 1883 e instaló su taller en la casa paterna. Se integró a los círculos artísticos que, progresivamente, surgían en Buenos Aires. Estaban entre sus amistades Augusto Ballerini, Lucio Correa Morales, Francesco Cafferata, Eduardo Sivori, Ernesto de la Cárcova y Reinaldo Giudici, todos grandes pioneros del arte argentino. Con este último, inicio una gran labor educativa en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes, de donde salió una importante camada de nuevos pintores. Durante 18 años ocupó la cátedra de dibujo, que dictaba tres veces por semana y totalmente ad honorem en la sede que la Academia tenía en el Bon Merché (hoy Galerías Pacifico), en Córdoba y Florida.

Se dedicó con gran éxito a realizar retratos. Entre ellos se destaca el de su gran amigo de la infancia, Pedro Lagleyze, quien fue un importante apoyo en la carrera profesional de Della Valle, Lagleyze, un importante oftalmólogo, tenía entre sus pacientes al presidente de la Nación, Julio A. Roca, a quien el artista retrató gracias a su intervención.

Pero su talento y su virtuosismo técnico se volcó luego a las que serían sus obras más representativas.

Reflejó en sus cuadros temas campestres e históricos, testimonios de una Argentina que cambiaba la fisonomía de su ciudad capital, convirtiéndola en la más europea de América. La Argentina estaba transformada por la Campaña del Desierto del general Julio A. Roca, que ponía fin a los malones indígenas y también por la inmigración masiva. El país afianzaba su nacionalidad rescatando las costumbres y tradiciones de aquellos gauchos “errantes” que ahora se convertían en peones de estancias dedicadas a la ganadería, y Della Valle fue uno de los primeros pintores en plasmarla a través de la pintura.

En 1892, Della Valle exhibió con gran éxito su obra La Vuelta del Malón (hoy en el Museo Nacional de Bellas Artes), en el  Bazar Nocetti y Repetto, ya que no existían en la ciudad salones ni galerías de arte. La obra fue expuesta y premiada ese mismo año, en el Pabellón Argentino de la Exposición Internacional de Chicago, Estados Unidos. Al año siguiente, su estupenda obra La Corrida de Sortija integró la I Exposición de El Ateneo, importante institución cultural que realizo los primeros Salones Anuales de Pintura Argentina. Fueron cuatro en total (1893-1896), pero, a pesar de su corta existencia, marcaron un hito en nuestra historia del arte.

Las obras de este artista fueron escasas, menos de cuatrocientas, ya que su labor docente le insumía mucho tiempo. Vale la pena destacar esta tarea, ya que además del numeroso alumnado que recibió sus enseñanzas, puso todo su esfuerzo en sentar las bases para la instrumentación y consolidación de la enseñanza artística sistemática del país.

La Estación Lomas de Zamora – 1893 – Óleo Sobre Lienzo

En pleno ejercicio de su tarea docente, lo sorprendió la muerte el 16 de julio de 1903, cuando estaba por iniciar una de sus clases. Su alumno, Valentín Tibhon de Libian, realizó un dibujo que reflejó ese momento, en muestra del respeto y el afecto que sentía el alumnado hacia el maestro.

Su Obra
El campo argentino, sus paisajes y tradiciones fueron temática preferida de Ángel Della Valle, que testimonió con gran veracidad y detallismo. Escribió el gran critico Rafael Squirru: “Si Della Valle no fue testigo presencial de un malón, si debe haber escuchado su descripción de algún testigo presencial. La vivencia del conjunto (…) es tan poderosa, que parece pintada del natural, que sin duda utilizó para estudios previos”

Los malones indígenas, las tropillas de caballos, el paisaje de la llanura pampeana, las tareas y entretenimientos de los gauchos fueron los protagonistas de sus obras más importantes. Además de las que realizó con un neto carácter histórico como Carga de Granaderos, hoy en el Museo Histórico Nacional, que representa una de las batallas por nuestra independencia nacional (posiblemente la de San Lorenzo), y El General Roca pasando revista para la cual Della Valle pidió a un Jefe del Ejército estudiar en directo una formación de la caballería, de la que tomó con todo detalle la vestimenta que utilizaba la milicia.

Solía pasar temporadas en los campos de sus amistades, donde pintó bellísimas acuarelas y tomaba apuntes del paisaje para luego recrearlos en su taller. La estancia de Pedro Lagleyze cerca de Bahía Blanca y la de su cuñado José María Palma en el partido de Carlos Tejedor, ambas en la provincia de Buenos Aires, brindaron inspiración al maestro. Además en su casa- taller de San Telmo coleccionaba uniformes, pochos, armas y aperos que utilizaba como modelo para sus obras, logrando en ellas un excelente carácter documentalista. También utilizó la incipiente fotografía como elemento de apoyo.
Por Ignacio Gutiérrez Saldívar en Genios de la Pintura Argentina – Publicación de Editorial Perfil

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