Gestión Cultural
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Claves para Diseñar Políticas Culturales
Considerar que la Heterogeneidad y la Multiculturalidad no son un Problema sino que Constituyen la Bese de la Democracia
Claves para Diseñar Políticas Culturales

1 – Claves Estratégicas para Diseñar Políticas Culturales
A modo de corolario se aportan sugerencias para tener en cuenta en el diseño y ejecución de políticas culturales. No hay pretensión de exhaustividad sino de marcar algunos criterios para esbozar líneas de acción.

1: Arrancar desde un concepto amplio (un modelo abierto)

Elemental. El concepto de cultura sobre el cual nos basemos va a determinar el tipo de política que diseñemos. Partiendo de la noción – esbozada en el primer capítulo- de que la cultura es una forma integral de vida de una comunidad proponemos considerar las relaciones fundantes” que lo sostienen:

Relaciones que se dan en forma de hacer y en imbricación total: al “tocar” una se mueve todo.

Sobran los ejemplos de los festivales o encuentros de música que contribuyen no solo a la revitalización de expresiones que tienen poca o nula exposición en la comunidad y su autoestima, además la reunión promueve el desarrollo de otros elementos: comidas locales, ceremonias, etc.

Podríamos pensar en las alteraciones que introduce en un pueblo donde está vigente la tradición oral (y no existe la producción individual como se entiende en Occidente) la realización de un concurso con premios a los “mejores” narradores o la edición en discos compactos de cantos ceremoniales o coplas anónimas: con la intención de fomentar esas expresiones podemos generar conflictos impensados porque cambiamos las reglas de juego de la cotidianidad. Del mismo modo, cuando se efectúan rituales fuera de la época específica para atraer al turismo se adultera el sentido original hasta vaciarlo. Muchas veces los rituales se  ligan a comidas y bebidas ad hoc, que no se consumen fuera de esos periodos, ritmos que solo se cantan y/o bailan en esas ocasiones, ejecutados por instrumentos que no se usan en otro momento. El no cumplimiento de esas horas puede atraer desgracias sobre la comunidad: los lugareños suelen atribuir a esas “herejías” trastornos naturales subsecuentes”

La creación cultural es el espacio que confiere sentido al progreso material – y no al revés.

Esto es clave porque en política cultural actuamos sobre la forma de vida de la gente el operar sobre  el horizonte simbólico de la comunidad. Contribuimos a la construcción del tejido social.

Algo que no debemos perder de vistas porque, a menudo, los planteos economicistas conducen peligrosamente a la dilución de la especificidad (critica que Urfalino-1997- hace a la posición de Jack Lang en la Conferencia de México). La cultura no es la continuación de la economía por otros medios.

1.1: Trabajar para (toda) la gente

Es la comunidad de su totalidad la destinaria de nuestras políticas. Y por eso resulta imprescindible apuntar a todo el espectro aunque no todos los programas abarquen a todos los destinatarios.  Las diferentes culturas que se juegan en el territorio exigen tratamientos diferenciados.

Si bien no dejemos de tener  en cuenta la lógica del sector artístico- muy involucrado en nuestro campo de acción-, el sentido último y primero de una política es la gente y no los artistas. El organismo- Secretaria, Ministerio- no es “de los artistas”, aunque tengan una participación importante. Y aclaramos que son de “toda la gente”, para escapar a las tendencias homogeneizadoras, que implican la imposición de un modelo por sobre los demás.

2: La Cultura es un Derecho Humano
Esta segunda clave implica que todos los integrantes de la sociedad han de ejercer y gozar el derecho a la cultura que no es solamente la posibilidad de acceso al consumo de toda la oferta sino también la libertad de expresión y promoción de las propias pautas identitarias de las minorías, sin imponer un modelo hegemónico.

El enfático ideal malrauxiano de llevar las más elevadas expresiones del espíritu a cada habitante del país resulta insuficiente y etnocentrista y se remite a “la obligación de ser culto” a través de la adquisición económica y/o espiritual de determinados bienes supervalorados. El derecho a la cultura limitado al consumo no es otra cosa que difusionismo y termina consolidando el modelo cerrado y excluyente.

Al respeto, vale una anécdota personal: a comienzos de los 70, durante la penúltima dictada militar en la Argentina, atendía la biblioteca popular Relicario Roldan en una sociedad de fomento de Versalles (sic), barrio de clase media de Buenos Aires, y la Secretaria de Cultura de la ciudad enviaba para cultivar los espíritus un viernes por mes conciertos de música clásica, a los que la gente no era particularmente afecta y había que salir  a la caza de público que aplaudía con entusiasmo al final de cada movimiento para disgusto de los músicos pero con la secreta esperanza que cada vez falta menos para la terminación. El caso es que cuando Vélez Sarfield, el equipo de futbol del barrio, jugaba en el partido adelantado, la tarea se volvía imposible y, en ocasiones, había más personas sobre el escenario que en la platea.

La anécdota – claro ejemplo de aplicación de un modelo instituido y cerrado- ilustra varias cosas:

-La “obligación de ser culto” consumiendo lo prestigioso,
-La “alta cultura” llevaba al barrio.
-El objetivo de ofrecer un producto que no movilizara, no cuestionara, no causara inquietud
-La desconsideración hacia el destinatario, a quien no se ha tomado cuenta,
-El desconociendo del territorio

3: Poner el Eje en la Cotidianidad
En la cotidianidad se juega la dimensión total de la existencia humana. Y es el espacio de tiempo en el cual se inicia y consuma y consuma la gestión. Y no podemos dejar de lado nuestra propia cotidianidad como sujetos culturales que somos.

La acción cultural busca modificar la vida cotidiana de sus destinatarios, cualquiera sea el modelo con que se gestione. Sin embargo no todos los modelos consideran objeto de acción cultural la cotidianidad de los habitantes de su territorio de intervención y algunos ni siquiera la tienen en cuenta. Así no es raro que los planes “mejor diseñados” fracasen y de den de bruces contra la realidad.

Si planificamos a partir de la cotidianidad, cambian totalmente las acciones y sus efectos. En principio porque esta planificación solo es posible si se conoce el territorio y se tiene claro quiénes son los destinatarios. Además- y esta  es una toma de posición- no concebimos la intervención cultural so no es para movilizar a la gente. Pero la movilización no la entendemos limitada a lo político y/o económico con carácter más o menos beligerante: hay movilización cuando una comunidad se aboca a celebrar una fiesta o vuelve a fabricar comidas y bebidas que había dejado de hacer o recupera formas de cantar a las inventa.

La estatización- y su consiguiente banalización- de la vida cotidiana corresponde a un tipo de cotidianidad impuesta, uniformizadora, enajenante y hegemónica construida y/o llevada a cabo por los representantes sociales de la globalización, el capitalismo tardío, la sociedad de consumo, apuntando a una homogeneización que lleva a “padecer” una sucesión  de espacios de tiempo predominantemente condicionados, invadidos y repetitivos. Sería el ámbito de  lo cotidiano enajenado. Ámbito que aparece en tensión con la multiplicidad de cotidianidades que distintos sectores sociales pretenden desplegar a través de la construcción de formas culturales propias, en el seno de las cuales predominen los elementos culturales autónomos y apropiados sobre los enajenados e impuestos (SANTILLAN GUEMES, 2001).

4: Considerar que la Heterogeneidad y la Multiculturalidad no son un Problema sino que Constituyen la Bese de la Democracia
Culturas en contacto suponen intercambio y enriquecimiento mutuo si no se intenta la homogeneización imponiendo una cultura sobre las demás. Por cierto que no se trata de convivencias idílicas: hay entendimiento y pugnas de poder, aceptaciones y rechazos, encuentros y desencuentros, amistad y rivalidad, apertura y cerrazón, visiones del mundo antagónicas… Pero también más opciones, más puntos de vista para encarar la existencia, más soluciones posibles. El multiculturalismo no es un  limbo donde flotan las identidades en estado de gracia sino que es un espacio en donde se juegan a fondo las diferencias, pero no para eliminarse sino para su reconocimiento y aceptación.

5: Activar la Experiencia Creativa y la Competencia Comunicativa de Cada Comunicdad Cultural
La comunicación en el campo de la cultura deja de ser un movimiento exterior a los procesos culturales para convertirse en un movimiento entre culturas: movimiento de acceso, esto es de apertura, a las otras culturas, que implicará siempre transformación/ recreación de la propia.
Héctor Ariel Olmos

Fragmento – El Gestor Cultural – Ricardo Santillán Guemez y Héctor Ariel Olmos – Compiladores

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