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Confitería Las Violetas
En la hoy esquina de Av. Rivadavia y Medrano el 21 de septiembre de 1884 nace la Confitería Las Violetas
Confitería Las Violetas

Buenos Aires en 1884. Hacía apenas cuatro años que la ciudad fue designada Capital Federal de la República Argentina y contaba con unos 365 mil habitantes. La actual Avenida Rivadavia era el antiguo Camino Real a Luján y lo que conocemos como Avenida Medrano, el límite entre la ciudad de Buenos Aires y el Partido bonaerense de San José de Flores, antes que éste junto al partido de Belgrano, se convirtieran en barrios porteños. En esa esquina el 21 de septiembre de 1884 nace la Confitería Las Violetas, fundada por las familias Felman y Rodríguez Acal.

Cuenta la memoria del barrio y algunos investigadores, que el nombre del comercio se debería a unos vistosos canteros que exhibiendo unas hermosas flores de ese color, rodeaban el frente del local. De aquel detalle provendría el nombre.

El paisaje de entonces en esa zona del actual barrio de Almagro, estaba poblado de quintas que servían como refugios de veraneo y paseo de fines de semana, de la clase alta porteña.

Las Violetas – Av. Rivadavia y Av. Medrano -Foto Tomás Escobar – 2018

El primitivo Ferrocarril del Oeste ya había sido adquirido por el Estado Provincial y hundiendo la punta de rieles en el oeste profundo bonaerense, partía de la cabecera ubicada en el predio del actual Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires, la Estación del Parque, llamada así por el cercano Parque de Artillería.

La línea férrea pasaba a poca distancia de Las Violetas, deteniéndose en el entonces cercano apeadero de madera, de nombre Almagro. Luego seguía en el “camino del hierro” la estación Floresta, también de madera.

Las Violetas no era la primera confitería prestigiosa, ya que en 1856 nació El Tortoni, que todavía permanece en la Avenida de Mayo; restaurantes como el legendario Pedemonte de fines de siglo, también en San Telmo florecía desde 1864 el almacén y despacho de bebidas de Perú y Carlos Calvo, conocido hoy como “El Federal”; local frecuentado entonces, por un público muy distinto al de los propietarios de quintas que a las cinco de la tarde y té con masitas mediante, compartían las tertulias en Las Violetas.

Al adquirir ciudadanía porteña San José de Flores, la ciudad se expandió hacia el oeste y los tranvías a caballo primero y eléctricos a partir de 1898, fueron poblando los aledaños a las quintas; los loteos de las grandes fincas facilitaron la instalación de una incipiente clase media, comerciantes y trabajadores de todos los rubros. Pero Las Violetas mantuvo sus características y sus tradiciones. Vitraux, caireles y revestimientos de madera de caoba, sumados a una exquisita oferta de pastelería, la siguieron conservando como un atractivo del barrio, hasta ella llegaron personalidades como el futuro presidente de la Nación, Carlos Pellegrini.

Pasaron los años y Almagro, Floresta y Flores se transformaron en barriadas densamente pobladas. En 1920 Las Violetas fue sometida a una remodelación que le permitió mantener su identidad original y en 1933, fue adquirida por Mateo Figallo. En aquellos años mantenía aún un “Reservado”, un espacio muy común en los locales gastronómicos, que separado del local mayor por una mampara, por lo general de vidrio opaco, permitía mayor intimidad a los parroquianos que así lo deseaban. También en aquellos años abundaba el “salón familias”, muy similar al anterior.

En sus mesas amigas se cuenta que saborearon sendos cafés y charlas, muchos nombres célebres de la política además del citado Carlos Pellegrini y también del arte y el deporte, a saber: el futuro presidente de la Nación Arturo Frondizi, Alfonsina Storni, que era vecina del barrio; el jockey Ireneo Leguizamo, “El Pulpo”, ídolo de generaciones de “burreros” y amigo de Carlos Gardel, quien también frecuentó Las Violetas; Roberto Arlt, Aníbal “Pichuco” Troilo, Ariel Ramírez y Mercedes Sosa, son apenas algunos de los nombres que honraron a ese bastión de Almagro.

El local extendió su fama mucho más allá de las fronteras barriales y se convirtió en una atracción en sí mismo, siendo frecuentado como antes, por personalidades notorias, turistas y sobre todo, por los fieles clientes que durante décadas nunca lo abandonaron.

Pero en el año 1998 y afectada por la profunda recesión que aquietaba la economía y en consecuencia al consumo, Las Violetas cerró sus puertas, ante la tristeza y la perplejidad de sus clientes y de todos quienes conocieron la confitería. Pero gracias a las inquietudes de los vecinos que realizaron intensas gestiones ante el gobierno porteño, un año más tarde la Confitería fue declarada Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Aun así se mantuvo cerrado hasta el año 2001, pero salvándose de la piqueta en una esquina muy codiciada por los negociantes inmobiliarios.

Nueva – 19-09-04

En 2001 reabrió sus puertas con una restauración muy meticulosa de sus detalles más finos, en particular los delicados vitraux que le dieron fama, entre otras particularidades.

En pleno siglo XXI Las Violetas mantienen sus mesas siempre ocupadas y además de las generosas meriendas, también las célebres reposterías son como un canto de sirena para los transeúntes que transitan sus veredas.

Como no podía ser de otra manera, éste símbolo de la porteñidad también cuenta con un tango.

Se trata de la pieza titulada “Sueño de Vitró”, del poeta almagrense Omar Granelli y música de Tito Ferrari. Las Violetas se lo merecía.

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