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Sulky
Pero ya está rodando otra vez este sereno traqueteo que aguanta leguas y años sin aflojársele siquiera una tuerca
Sulky

Ruedas que llevan. Pupilas llantas que marcan rastros hechos cintas largas sobre la senda seca.

Rumor que hamaca el aire libre. Hondo canto compañero en la soledad que se funde con el trote alado del trotador que se le ha metido entre las varas.

Pescante, espaldar, eje, elástico, estribos, asiento y ya basta y sobra para fintearle toris a la distancia y salir del trance con ventaja. Liviano ha de sr si el tirón es largo.

Lo hay que hasta con una mano de diez años se los arrastra; liviano como pluma. Con bujes a bolita. Y con ruedas de goma cuando las del Ford comenzaron a quedar amontonadas por ahí, a la que Dios es grande.

Lujo, chacarero. Sirve para llevarla a la vieja al pueblo a fin de  que se oree un poco y vea gente, como, también, para encajarle encima la bolsa de harina que reclama el horno frío desde hace una semana.

Piezas de repuesto, rejas, pecheras que estuvieron mirándolo al talabartero hasta recién; de todo conocen sus tablitas, livianas y fuertes cual fierro. Estas que las trabajaron para que formasen este lindo útil del campo.

No puede haber chacra sin sulky. Ni casa de campo que no lo tenga. Sirve para que la gente vieja entre a mezquinarle los riñones al galope para que los muchachos alcen su prenda, apretadita al lado, afirmando la guapa sobre el almohadón o cuero de ovejas.

Recién pintado, con montura nueva y flete que se florea hasta dentro de cada movimiento de oreja, es un pedazo lindo de vida que está invitándolo a metérsele encima. A vivirlo entre las ansias de dar  con otros.

Trotes que aguardan. Recelos que se los sorbe fuerte pegado a lo negro de la noche. Apuros que se salvan sobre estas ruedas cantoras que ruedan y ruedan en un llevarnos al encuentro con el mismo diablo.

“¡Pa lo que nos hace!”

Pero hoy la fiesta tiene otro nombre. Y el sulky es lerdo.

Como bala se le salta encima y se baja a gritar a todos los vientos que la patrona nos dio un cachorro. El trago largo se mezcla ahora hecho ginebra o vino y con las bárbaras y entradoras chuceadas de los amigos.

“Tan contento y habrá que ver si tuvo parte…”

No cabe el saco entre los brazos. Abierto, bien abierto el pecho pechando aire. Y el sulky aprieta el gran secreto hecho aire que suena, chingolos que parecen vidrio tincado, sol que mira con limpieza de cielo y estas tremendas ganas de estar en todas partes: con los abuelos, al lado de ella, de los tíos, de los aparceros, de la vida, ¡qué diablos!

Las varas al suelo, pretal, encimera y freno sobre el pescante, pingo al lado del pasto y quietud y ruedas dormidas.

Ni se lo mira al sulky. Descansa en madera noble. Duerme. Años y años acompañándonos, prendido a todita nuestra historia y, si mal no viene, hasta alguna mansita va y se anida y e pone un huevo dentro de este nido grande que es el pescante.

Pero ya está rodando otra vez este sereno traqueteo que aguanta leguas y años sin aflojársele siquiera una tuerca. Listo siempre como amistad que vale.

Brochazos de Nuestra Tierra – Juan Cornaglia – Colección Centauro – 1952
Copyright by Acme Agency SRL
Ilustración – M. Martínez Parma

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