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Celofán
“Tan eterno como el agua y el aire”
Celofán

El celofán es uno de esos materiales que de tan ligados a la vida cotidiana, podría ser como escribió un gran poeta argentino refiriéndose a Buenos Aires, “tan eterno como el agua y el aire.”

Porque ¿quién no recuerda en la infancia, el ansiado paquete de envoltura transparente que dejaba ver las codiciadas galletitas? O el atado de cigarrillos que algunas marcas cubrían con ese material, y la infinita variedad de caramelos… y tantos elementos que a diario consumimos y que llegan protegidos por el celofán, para no perder de vista el producto. Aunque hoy ya no es el legendario papel, sino un símil derivado del petróleo. En realidad es una marca registrada, pero el uso masivo lo convirtió en genérico.

En nuestro país lo fabricaba Ducilo SAIC, División de Du Pont instalada en el partido bonaerense de Berazategui desde 1937, bajo licencia de la firma francesa “La Cellophane S.A.” Dicha planta producía también rayón y nylon, entre otros productos. Una publicidad gráfica de Ducilo de 1968 explica las bondades del material: “Hay un ‘Celofán’ permeable; hay otro que no lo es. Los hay de diversos espesores; los hay transparentes y blancos; los hay impermeables a grasas, aceites, oxígeno o humedad. En fin, hay un tipo de ‘Celofán’ para cada producto que se quiera envasar.” El famoso papel no se limitaba a cubrir alimentos; también era el preferido a la hora de regalar flores o entregar cualquier obsequio con una pretensión elegante. A su vez, se utilizaba en algunas aplicaciones industriales.

Pero ¿Cuál es su origen? En 1908 el ingeniero químico y textil suizo, Jacques Brandenberger, experimentando para mejorar la calidad de algunas telas, accidentalmente produjo la primera versión de su revolucionario invento: a partir de la celulosa, obtuvo una delgada lámina transparente que no absorbía líquidos. Flexible, pero fácil de cortar y resistente si se lo tracciona. El ingeniero llamó a su creación Cellophane; que es la conjunción de dos palabras: cello, derivada del francés cellulose (celulosa) y el griego diaphanis (transparente).

En 1908 Brandenberger creó también la primera máquina para producir hojas de celofán.

En 1913 fundó Cellophane Societe Anonyme en Francia. Durante la Primera Guerra Mundial la empresa fabricó láminas de protección para los ojos que se utilizaron en las máscaras antigás. Los distintos gases usados como arma, provocaron estragos en las filas de los dos bandos. Terminado el conflicto, la firma comenzó a exportar celofán a EE.UU. En éste país el papel se usó masivamente como envoltura de golosinas.

El auge del celofán se mantuvo desde de la década de 1920 hasta que comenzó a ser sustituido por láminas de polipropileno, material derivado del petróleo y de menor costo.

Este último insumo no es biodegradable, a diferencia de la celulosa que es de origen orgánico y a pesar de algunos aditivos que se usan para fabricar celofán, se degrada en poco tiempo.

En 1923 Cellophane Societe Anonyme firmó un convenio con la estadounidense Du Pont. El aporte técnico de esta última mejora las cualidades del celofán original y a su vez, definen áreas de comercialización: Du Pont se queda con los derechos para la explotación en su país y Centroamérica, y los franceses en el resto del mundo. Celofán le genera al gigante norteamericano, un 25 por ciento más de ganancias anuales.

Uno de los problemas de origen del papel, fue la imposibilidad de evitar filtraciones externas a los contenidos envueltos. En 1927 Du Pont obtiene un celofán impermeable. Pero subsistían otras limitaciones, como no ser apto para termosellados ni para recibir impresiones gráficas, por ejemplo etiquetas o textos.

Con el paso de los años el celofán mejoró sus propiedades, pero en el presente fue desplazado por el polipropileno, el subproducto de petróleo que si bien es contaminante y su degradación puede tardar siglos, es más barato. Du Pont dejó de fabricar celofán en 1986, pero todavía existe una firma que continúa con su elaboración, además de otros filmes derivados de hidrocarburos.

Testimonios

Sin Polietileno ni Nilón ni Celofán ni Cemento
“Posiblemente ignorante y natural y espontánea, desprejuiciada, libre, en cada yuyo malo o bueno, en ese gran baldío – porque todo era baldío -, en un pedazo sin señales de Villa Devoto y del penal, en un pedazo pelado sin cimientos de Comega ni de Kavanagh ni de Aldea, en un pedazo solo tierra mojada por la última lluvia, sin techos, sin paraguas, sin polietileno ni nilón ni celofán ni cemento.”
Buenos Aires con Ganas – Pablo Babini – Sudamericana – 1967

Con Cubierta de Celofán
Promediando la década aparecen destacándose dos marcas con alguna dignidad: Saratoga, con su etiqueta verde, y V.O. todo un acontecimiento en la afligente situación de nuestros vicios. Los V.O. vienen muy bien presentados, con cubierta de celofán, tirita para abrirlos y la osadía de un nombre compuesto por dos letras. Los empedernidos, en una época en que no existe el filtro, se protegen con boquillas Crisol y Biro, que prometen inmunidad para “fumar cuanto quieran”.
Buenos Aires Vida Cotidiana en Década del 50 – Ernesto Goldar –Plus Ultra – 1980

Sobre una Pasión muy Útil
«Anoto todo, no me gustan las agendas electrónicas -dice-. De los anotadores me seducen sus formas, colores y texturas. Me encanta verlos cerrados con celofán. Aunque vaya a abrirlos, nunca pierden su encanto.»
La Nación- 04-04-09 – Por Jorge Luis Fernández a Ligia Piro

Bajo la Maldición del Transparente Celofán
“El gran perdedor de la noche de los Oscar no fue el pobre Scorsese, sino John C. Reilly, un actor transparente, a través del cual se puede mirar y aun caminar, pero del que nadie recordará jamás su nombre.

Reilly se roba a la platea varias veces en el transcurso de la película ganadora, «Chicago»: es el marido de Roxy, engañado y humillado, ridículo, pero generoso en la defensa de su esposa infiel, mezquino, pequeño y crédulo, que se canta a sí mismo «Señor Celofán», tal vez la canción más festejada de la comedia.”
La Nación -26-03-03 – Por Hugo Caligaris

Con el Papel Celofán Lleno de Briznas de Tabaco
“La piel de Yucho estaba lívida, verdosa. En la humareda y la madrugada sus facciones parecían a punto de licuarse. Los ojos de Galtieri eran dos piedras grises aferradas a sus pupilas y también preguntaban. Tucho encendió un cigarrillo antes de responder. El también se transformó. La mirada se encendió. Las manos que jugaban morosamente con el papel celofán lleno de briznas de tabaco, comenzaron a desplegar el pulgar y el índice. La voz se pobló de matices que atraparon a Galtieri y despertaron a Jorge, que tensaron las expectativas de Sebastián.”
Recuerdo de la Muerte – Miguel Bonasso – Planeta – 1984

Caramelos de Leche
“Mariel nació hacia el final del tórrido verano de 1945, en un tranvía de la línea 96 que en aquella época cubría el recorrido entre Villa Urquiza y Plaza de Mayo. A eso de las tres de la tarde, la señora Olivia de Caccace caminaba por la calle Donado con el escaso aliento que le permitían sus siente meses de gravidez. Iba a la casa de una hermana enferma de gripe, con una cesta de cataplasmas y una bolsa de caramelos de leche envueltos en papel celofán.”
El Cantor de Tango – Tomás Eloy Martínez – Planeta – 2004

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