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Metegol
Entretenimiento Familiar para Varias Generaciones de Argentinos
Metegol

El salón es grande y oscuro. En la tarde de verano, la frescura del ambiente contrasta con el calor húmedo de la calle.

En un costado está el bufet con unas cuantas mesas y sillas de madera o plástico y en el otro ángulo, una antigua vitrina repleta de trofeos; medallas, copas, placas y banderines rememorando tiempos pasados, exhibiendo viejas glorias de la institución. Y en un rincón como acompañando la siesta, un metegol veterano con quemaduras de cigarrillos en sus bordes y muñequitos descoloridos en el interior.

La imagen corresponde a un club de barrio de principios del siglo XXI, pero es válida para el mismo u otros clubes de los años 50 o 60, porque en los barrios porteños o del Conurbano bonaerense, el tiempo parece transcurrir más lentamente. Tal vez por eso, junto a otros elementos ya intemporales aparece el metegol.

Este entretenimiento tan familiar para varias generaciones de argentinos, habría sido patentado por Harold Thornton en Inglaterra en 1922. Hay rastros en España de finales del siglo XIX, también existen registros en Suiza de 1933 y Estados Unidos en el mismo año: Inclusive en Inglaterra en 1913 se habrían fabricados metegoles. Pero el antecedente más conocido corresponde al Futbolín como se lo conoce en España, cuya invención se debe a Alexandre Campos Ramírez, alias Alejandro Finisterre. Este hombre era un militante anarquista con distintos oficios, entre ellos, escritor.

Maduró su creación en un hospital durante la Guerra Civil que asoló a su país entre 1936 y 1939, con la intención de entretener a los heridos. Otro combatiente republicano, Magi Mountaner, difundió la creación de Finisterre en Francia.

En 1952 Alejandro Finisterre viajó a América Latina, haciendo conocer el Futbolín en Ecuador y Guatemala. Se trasladó luego a Panamá y México. Se cree que su invento lo acompañó también a estos países y otros de la región, ya que es muy conocido en el continente.

El metegol argentino sobrevivió a la lenta declinación de muchas entidades barriales que por entonces estaban en su apogeo, y también pudo superar la feroz competencia de los juegos electrónicos a partir de los años 80. La preferencia del público particularmente juvenil, hoy se reparte, al menos en los barrios, sin conflictos entre PlayStation, la computadora, los celulares y también el veterano metegol. Además de clubes y otros centros de recreación, el metegol llegó a ser parte de la oferta de los salones de juegos electrónicos y además se convirtió en la prolongación de muchos kioscos que los instalaban en la vereda como un servicio más al cliente, ya que uno podía ir a comprar cigarrillos y por una tarifa modesta según la zona, podía hacerse unos “tiritos” en el fútbol de mesa. El divertimento cuasi futbolero que los alemanes bautizaron como TISCHFUSS BALL y en Italia se llama CALCIO BALILLA y en Estados Unidos KICKER GAME, en estas tierras adoptó el contundente nombre de metegol, y con esa denominación quedó incorporado al arsenal de las cosas nuestras que felizmente perduran.

No se conocen cifras acerca de la cantidad de simpatizantes que convoca este juego, pero se estima que el número es importante.

La organización Metegol – Asociación Argentina de Fútbol de Mesa se fundó en 1997 realizando certámenes anuales con buen número de adherentes. Por entonces, una decena de esos buenos jugadores fue aceptada por la Federación Argentina de Deportes, recibiendo así el metegol un respaldo institucional importante.

La entidad que a nivel mundial agrupa a sociedades de metegol de todo el planeta, es la International Table Soccer Federation (ITSF) fundada en agosto de 2002. En 2020, el fútbol de mesa cuenta con simpatizantes en América Latina, Europa y Asia.

La impresión que recibe el observador de un partido de metegol entre amateurs, es que la diversión está por encima de todo y que las reglas no existen o son muy laxas. Nada más alejado de la realidad, ya que para los participantes de una competencia oficial, está prohibido el “molinete”(consiste en hacer girar velozmente a los muñequitos en más de 360º), retener la pelota más de una determinada cantidad de segundos, hacer ruidos que distraigan la atención del rival y sobretodo, se fijan rígidas normas de conducta para los participantes.

El reglamento establece penas que pueden llegar hasta la expulsión del infractor en los casos en que insista con burlas, gritos, vocabulario soez o “cualquier acción de naturaleza antideportiva o antiética.”

La aspiración principal de los practicantes y las entidades que los agrupan, es que el metegol sea reconocido internacionalmente como un deporte más y en esta tarea que se impusieron para ordenar y profesionalizar la actividad, se logró aunar criterios para que en todo el país los torneos se realicen con la misma mesa que consta de un arquero, dos defensores, cinco al medio y tres delanteros, que es el esquema adoptado a nivel mundial.

No es utópico pensar que en un futuro no muy lejano, el metegol pueda ser incorporado a los Juegos Olímpicos ya que así sucedió con otras actividades cuyo carácter deportivo todavía se sigue discutiendo.

Testimonios

En una apuesta al cine de animación, Futbolín o Foosball (como se la conoce en otros mercados) es un gran comienzo. Sin embargo, hay un largo camino por recorrer

Una de las escenas más populares de la historia del cine, y especialmente del de ciencia ficción, es la que corresponde al momento inicial de «2001: Odisea del Espacio», de Stanley Kubrick, en la que se muestra el amanecer de la humanidad.

Basada en la novela homónima de Arthur C. Clarke, uno de sus mayores logros fue hacer un retrato darwiniano del hombre, en una cinta estrenada en 1968 y que aún hoy sorprende por la calidad de sus efectos especiales.

En una suerte de homenaje a uno de los filmes más respetados por la crítica y el público mundial, así arranca «Metegol», la primera película de animación del director Juan José Campanella.

Norberto Sica es director editorial de IMPULSONEGOCIOS.COM

Metegol – Crist – Clarín – 30-10-20

Win de Metegol

No es de lo que hablan mucho, casi diría que nunca dice nada.- Pero está siempre.- Se queda ahí horas, en un costado, al extremo de la mesa del bar mientras los demás se mueven, van, vienen de la mesa de billar o el teléfono, joden con los mozos, hacen pedidos raros con fernet a tostados de extraño contenido.- El no suele zafar del escueto cortadito.- Y así lo pide: “Un cortadito”.-

Creo que se llama Giangreco, Tulio Giangreco, pero por esa cualidad- y esa suma de omisiones – hace unos años lo rebautizaron “Win de metegol” de “Win” a secas, porque siempre está ahí, quieto y callado, firme en el costado…Horas se pasa, desde que sale a mediatarde del laburo en una repartición municipal de nombre y utilidad dudosas- creo que son los tipos que sacan y ponen banderitas para los actos públicos y él se encarga de contratar los proveedores del símbolo patrio- hasta que los rumores metálicos e intimidades indican que la cortina del bar caerá indefectiblemente en el filo de la medianoche.- Recién entonces, “Win” apaga el pucho negro en el fondo del pasillo y parte para volver mañana , seguro e inexpresivo como el sol.-

Sin embargo, hace un par de semanas, faltó un viernes.- Casi por respeto, nadie se sentó en su silla de la punta.- Los parroquianos novatos aventuraron la posibilidad de una mujer en su vida: hubo abucheo.- Los agoreros hablaron del faso y toses sospechosas: la hipótesis fue desechada por definición.-

Hubo que aceptar su ausencia y fue raro, porque cuesta extrañar lo que casi no existen se manifiesta.- Es cierto que las cosas tienen formas de no ser y de no estar que las definen mejor que una estrepitosa presencia, como la sombra en el muro de los calcinados por la Bomba.- Pero a nadie se le ocurrió ninguna metáfora para describir el vacío en la punta de la mesa.- Solo se sentaron a esperar que se llenara otra vez.-

El lunes a la tardecita nos devolvió a “Win”, la rutina aparente y la verdad  inconcebible de su propia boca que suponíamos enmohecida de silencios el hermético Giangreco había ocupado la noche del viernes en asistir a un recital de jazz.- Bah, más claro llevado por un sobrino que vivía en su casa, tecladista del grupo de fusión “Jazzolero”, y empujado por un morbo indisimulado, había ido a “ver tocar” a Michel Petrucciano, el paradójico gigante del jazz que apenas cabecea las teclas parado junto al piano.-

Herrado y soberbio en cuestiones musicales, los respetables gustos de “Win” no iban más allá de dos Sosa- Julio y Mercedes- y dos Carlos: Gardel y Aznavour.- Con esas sucintas adhesiones cubría todo el espectro de posibilidades musicales que podía concebir.- Por eso, en un principio resultó hasta conmovedor oír a su voz casi desconocía mientras se explayaba, pasional, en detalles fantásticos del concierto, convertido, en un relato, en la crónica viva de una función de circo o poco menos.- Después al horror.-

El monologo entusiasmado de Win se extendió de diecinueve a veintitrés treinta y cinco del lunes, se prolongó entre las veinte y las veintidós cincuenta y cinco  del martes y fue interrumpido violentamente por el golpe de palma contra el linóleo de la mesa que dio el mozo más veterano del café.- Algañaráz el miércoles a las veintiuna quince.-

Saltaron las miguitas y recién entonces calló el insoportable incontinente verbal.-

-¿Qué pasa?- dijo asombrado.-

-Mira lo que has hecho- dijo Algañaráz con su presuntivo tuteo provinciano mientras extendía el brazo como un presentador de la nada.- O te callas o tendremos que cerrar.-

Recién entonces Win percibió la oquedad  que lo rodeaba: la mesa desolada, el billar con las bolas inmóviles, la barra vacía.-

Carraspeo; traigo saliva y fue el despertar  de un sueño.- Miró al mozo como si recién lo reconociera y dijo:

-Un cortadito.-

Lo tomó en silencio, solo todavía.- De a poco, al rato, volvieron los rumores.- Primero uno salió del baño y se sentó callado, después apareció otro que tomó el taco y ensayó unas carambolas, más tarde alguien llegó de la calle y se arrimó a la barra.-

Eso fue el miércoles.- El jueves fue normal, casi estuvimos todos.- Y el viernes no faltó nadie.- Aunque no lo decíamos, eran las ocho y las miradas convergían con temor había la silla vacía de la punta.- Hasta que llegó, casi imperceptible, Giangreco y tras apenas saludar pidió un cortadito.-

Todo ha vuelto a la normalidad.- Solo que ahora, cariñosamente y como para exorcizar un fantasma, le decimos Petru.-

Clarín – 6-12-92- Por Juan Sasturain – “Win de Metegol”

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