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Quilombo: de África con Amor
cada vez que decimos quilombo le ponemos énfasis, gesticulamos y hacemos ademanes, no es una palabra más para nosotros
Quilombo: de África con Amor

“Que esta banda quilombera, no te deja, no te deja de alentar”, era la letra censurada en los estadios de futbol de los 70 por la dictadura. Además, desde los canales que transmitían futbol bajaban el sonido ambiente para que no se escuchara “quilombera”.

¿Pero qué significa quilombo? Para la Real Academia Española la define como “Lio, barullo, gresca, desorden”, aunque en nuestro país tiene otros usos. Su origen viene del Quimbundo, la lengua de los bantúes del centro y el norte de Angola, de la cual también viene ‘milonga’, y tiene que ver con la idea de unión. En el siglo XVII se llamaba quilombos a las poblaciones de esclavos fugitivos de las plantaciones.

Pero en Brasil quilombo no evoca al desorden ni al descontrol, sino a un fenómeno sociocultural, histórico, racial y político-económico producto de la resistencia frente al colonialismo, la esclavitud y la supremacía blanca.

Los quilombos son comunidades (original y deliberadamente alejadas de las ciudades costeras del Brasil) fundadas por esclavos rebeldes. Todavía existen hoy muchos poblados “quilombolas” cuyos habitantes, descendientes de negros forajidos, mantienen un estatuto legal diferenciado y luchan día a día por defender y mantener su identidad, sus tierras y sus formas tradicionales de producción y de organización social. Pero, ¿cómo surgieron los quilombos?.

Las condiciones inhumanas en las que los africanos eran secuestrados, vendidos, transportados y esclavizados durante los largos años del tráfico negrero que tuvo su epicentro en el Atlántico. Argentina no escapa a esta historia ya que gran parte de la economía colonial porteña se sustentaba, además del contrabando, en el mercado esclavista, estrechamente ligado al Brasil.

En toda América Latina existieron episodios de fuga y de resistencia negra. Muchas veces, los esclavos huían de las plantaciones y formaban comunidades en la selva o en la montaña. Estos quilombos se llaman “cumbes” o “palenques” en algunos países hispanoamericanos.

En Colombia, los esclavos fugados fundaron quilombos en las ciénagas en las afueras de Cartagena de Indias, desde donde organizaban expediciones para atacar barcos negreros y liberar a los africanos cautivos. La Corona española, en un intento por acabar con esta guerrilla y mantener así el negocio esclavista, otorgó la libertad a todos los negros del Palenque de San Basilio en 1691, convirtiéndolos de este modo en la primera comunidad negra libre de América.

Otro caso curioso es el del Reino de los Zambos de Esmeraldas, Ecuador. Creado a mediados del siglo XVI, este quilombo consiguió reconocimiento oficial por parte de la Real Audiencia de Quito y mantuvo su autonomía hasta bien entrado el siglo XVIII.

Hay muchos otros ejemplos a lo largo de América Latina y no todos fueron tan bien sucedidos como los mencionados, pero, sin dudas, el más célebre de todos fue el Quilombo de los Palmares, en el actual estado brasileño de Alagoas.

Surgido a fines del siglo XVI como un conjunto de aldeas secretas de esclavos forajidos de Pernambuco, el Quilombo de los Palmares se enfrentó a portugueses y holandeses por igual, desarrolló la agricultura, la ganadería y el comercio y su población llegó a alcanzar una cifra entre 15.000 y 20.000 personas. Liderados, hacia el final, por Zumbi dos Palmares, los quilombolas resistieron durante poco más de un siglo hasta caer, finalmente, en 1694.

Brasil fue uno de los últimos países en abolir la esclavitud. Fue en 1888 (en las Provincias Unidas del Río de la Plata se dio con la ley de vientres de 1813 y la abolición total en la Constitución de 1853).

En nuestro lunfardo, ya en 1953 José Gobello se ocupaba del vocablo popular quilombo en “Lunfarda”: “en su acepción primera de prostíbulo y en la traslaticia del desorden confusión.- Quilombo es palabra de la lengua bunda, que designaba en Brasil a las aldehuelas de chozas construidas en lugares escondidos, donde se ocultaban los esclavos prófugos” (“Vieja y Nueva Lunfarda”, Freeland)- Y volvía a repetir en 1975: “Prostíbulo (…).- Del afronegrismo quilombo, que designó en Brasil al refugio silvestre de los negros cimarrones” (Diccionario Lunfardo, A. Peña Lillo).

Al respecto, Néstor Raúl Ortiz Oderigo del “levantado número de individuos de rostro de bronce que huían de las vastas frazendas brasileñas y penetraban por la frontera norte de nuestro país.- Y así fue como el negro brasileño gravitó con enormes fuerzas sobre el argentino y le comunico muchas supersticiones y leyendas, muchos cantos y cuentos.- Por que no pocos de los africanismos que hemos recogido y estudiado en la Argentina los trajeron los afrobrasileños aposentados en nuestro suelo ” (Néstor Ortiz Oderigo).

Seguramente la Dictadura tomó esta acepción para tratar de sacar esta palabra de las canchas argentinas.

Es imposible establecer un solo significado del término quilombo en nuestro país, y es muy posible que cada vez que se lo usa se quiera decir una cosa diferente. Se trata de uno de los términos más utilizados en las calles de Argentina, aunque muchos no conozcan el origen y algunos de los significados.

Pero como diría Roberto Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua, la fuerza de la palabra Quilombo se encuentra en la “M”, no es lo mismo decir esto es un “gran lio”, o afirmar “esto es un quilombo”. Amplifica el problema, lo hace mucho más grande.

Además, cada vez que decimos quilombo le ponemos énfasis, gesticulamos y hacemos ademanes, no es una palabra más para nosotros.

Podemos amenazar con: “qué quilombo se va armar”, podemos definir nuestra vida o el trabajo que debemos hacer: “es un quilombo”.

Quilombo se perfila a reemplazar al “che” como modismo que nos identifican en el mundo, sobre todo porque en el país, el quilombo forma parte de su lenguaje y de su cotidianidad.

Hacer Quilombo

Testimonios

Quilombo: Pop. Prostíbulo
“… proveyendo siempre su quilombo con mujeres de la pésima condición…”. Advertencia…
“Sabía llegar de los más paquete al quilombo, en un oscuro, con las prendas de plata…”.
Jorge Luis Borges – Historia Universal de la Infamia – 1935

Del afronegrismo quilombo, que designó en Brasil al refugio silvestre de los negros cimarrones.

Enquilombar: desordenar
“… y es evidente que Tifondeades adora eso de enquilombar los estilos”.
Megafón o la Guerra Leopoldo Marechal – Sudamericana – 1970).

Quilombear: concurrir a quilombo
“El resero, ya montado, espera se le desentumezca el caballo de bronce para ir él también a quilombear”.
Bernardo Kordon – La Vuelta de Rocha – Ediciones A.J.E. – 1936

Quilombificar: alborotar, perturbar
“Tayllerand, la señora Warren de la quilombificada Europa”.
Ignazio Anzoategui – DeTumbo En Tumba – Ed. Theoria – 1966

Quilombero: frecuentador de quilombos; alborotador.
“¿De cuál cultura alardeamos cuando estamos tolerando la existencia de mujeres-objeto cuyo trabajo es venderse como mercadería corriente durante el tiempo que su cuerpo aguante? ¿De qué liberación femenina hablamos? ¿De cuál progreso podemos jactarnos las mujeres si todo sigue igual que hace miles de años? Seguimos con la costumbre de no ver lo que molesta. Y si molesta demasiado, lo ponemos lejos para que parezca que no existe, -como los quilombos en el Buenos Aires de antes.”
Diario La Voz – 12-05-84 – La Negra de Pompeya

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