La Nostalgia está de Moda
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Los “Muchachos” en París
Son los años en que de acuerdo al escritor estadounidense Ernest Hemingway, “París era una fiesta”
Los “Muchachos” en París

Pero a quienes tendrían alguna posibilidad debido a su arte, le siguió un malón de “buscavidas” que llegaban con la idea de hacer fortuna exhibiendo sus presuntas dotes de danzarín o cantor, o seduciendo a alguna francesa adinerada.

Esta imagen muestra a Martín Máximo Pablo de Álzaga Unzué, conocido como «Macoco», un piloto de carreras y playboy argentino de principios del siglo XX

Los “Muchachos” en París
En la década de 1920 París seguía siendo la capital artística del mundo. Superada la catástrofe de la Primera Guerra Mundial Europa quería olvidar. La Liga de las Naciones había asegurado que aquella fue “La guerra que terminó con todas las guerras”; la ilusión duraría apenas veinte años.

Pero en el interín la Ciudad Luz era un atractivo para los artistas que al margen de las tradiciones de sus calles, se convirtió en un punto de encuentro para artistas de distintas procedencias y disciplinas: pintores, escritores, actores y músicos; entre éstos últimos, nuestra gente de tango.

Son los años en que de acuerdo al escritor estadounidense Ernest Hemingway, “París era una fiesta”.

Debido a la relativa bonanza económica que precedió a la gran crisis mundial de 1929, allí también recalaron los “niños bien” argentinos. Hijos de una clase social privilegiada, propietaria exclusiva de la riqueza agroexportadora que parecía inagotable, desparramaban su ocio entre los veranos en la estancia familiar y los frecuentes viajes a Europa. Algunos de aquellos hijos de rico que en los tediosos viajes en transatlántico entre uno y otro champagne, o en los restaurantes parisinos de los que eran habitués, se entretenían “tirando manteca al techo”1); también solían ser eximios bailarines de tango, provocando admiración en los cabarets de moda en esa ciudad.

A principios del siglo XX cuando el tango todavía tenía cerrado el acceso a los bailes de la clase dirigente argentina, se cuenta que el multifacético Jorge Newbery fue uno de los pocos que introdujo el tango en sus palacios. A su vez, las patotas de niños bien que gustaban penetrar en los humildes “bailongos” del suburbio para disfrutar del tango y pelear con los guapos del arrabal, también aportaron lo suyo en ese tránsito tanguero del arrabal al Centro.

Después del Gran Conflicto el charlestón, foxtrot y otras danzas vinculadas al jazz norteamericano junto al tango argentino, se imponían en la vida nocturna de París, Berlín y otras grandes capitales europeas. Recién entonces la oligarquía argentina aceptó a la danza plebeya en sus clubes y hogares.

Chabón – Miguel Ángel Lucero – 2010

Muchos porteños no tan afortunados, cultivaron la fantasía acerca de que bastaba conocer un poco de tango y ser más o menos vivo para acomodarse en el Viejo Mundo, ya que las anécdotas reales o no sobre argentinos que triunfaron con el dos por cuatro abundaban. La fama de personajes prestigiosos como el escritor Ricardo Gûiraldes a quien años más tarde se le dedicó un tango por su habilidad de bailarín, (2) porque que le había sacado viruta al piso a los cabarets y salones más prestigiosos de París e igual que Jorge Newbery, había introducido el tango en la clase alta porteña, alentó a una pléyade de músicos, poetas y cantores a cruzar el Océano.

Pero a quienes tendrían alguna posibilidad debido a su arte, le siguió un malón de “buscavidas” que llegaban con la idea de hacer fortuna exhibiendo sus presuntas dotes de danzarín o cantor, o seduciendo a alguna francesa adinerada.

Un buen retrato de esa ilusión casi siempre fallida, es el tango “Araca París” de Carlos Lenzi y Ramón Collazo (1930), el que con ácido humor porteño destroza al ilusionado argentino que se fue a “cazar” a París:

“Qué hacés en Buenos Aires
no seas otario (…).
Con tres cortes de tango
sos millonario
morocho y argentino
¡Rey de París!”

En la noche parisina y en los años que nos ocupan, en cabarets lujosos como el Moulin Rouge y El Pigalle, tangueaban millonarios del mundo y aventureros porteños salidos en no pocos casos, de algún conventillo suburbano.

Ricardo Guiraldes

Carlos Gardel llegó a la Ciudad – Luz en octubre de 1928, cantó en cabarets y teatros prestigiosos y grabó discos en el sello Odeón – France. En los estudios de Paramount Pictures (cerca de París) filmó Las luces de Buenos Aires en 1931, Melodía de Arrabal en 1933 y dos mediometrajes en clave de comedia.

Imaginando a aquellos compatriotas que terminaron siendo la contracara del triunfante Carlitos y que quedaron anclados en el viejo continente sin poder volver a la Patria lejana, el poeta Enrique Cadícamo escribió estando en Barcelona su célebre tango “Anclao en París”. Alguna vez comentó que “no todos los argentinos tenían vento” y con ese tango pintó magistralmente el naufragio de las ilusiones y los bolsillos vacíos, de tantos muchachos que alguna vez zarparon de Buenos Aires a la conquista de París.

Otros afortunados, cruzaban el Océano para dilapidar parte de las riquezas que “El granero del mundo” producía generosamente; para unos pocos.

Inevitable pensar en lo que dice el tango “Aquaforte” (1932) de Juan Carlos Marambio Catán y Horacio Pettorossi:

“Por eso es que en el gotán / Siempre solloza una pena”.

1) Tirar manteca al techo: frase que se habría originado en la costumbre de los muchachos ricos de tirar manteca al techo, usando un tenedor como catapulta. Luego pagaban los gastos provocados por la “diversión” en el comedor del barco o en los restaurantes que frecuentaban.

2) Tango “Bailate un tango Ricardo” – Letra: Ulises Petit de Murat – Música: Juan D’Arienzo (Buenos Aires, 1966)

“¡Bailate un tango, Ricardo!”

Le saco orilla a mi vida, para arrimarla a tu muerte,
Total la vida es la suerte, que se da por el retardo,
Medio haragán de la muerte, y yo estoy ya que me ardo
Por gritarte fuerte, fuerte, ¡Bailate un tango, Ricardo!

Ricardo Güiraldes baila y el ángel del recuerdo lo acompaña,
Se manda una medialuna y un intenso puente macho
Rubricando Buenos Aires de arrabal con pampa y tango.
¡Bailate un tango, Ricardo! ¡Miralo a quien te lo grita!

Pues no es ninguna pavada… Ese muchacho es el bardo,
El de “La Crencha Engrasada”… De la Púa ahora te invita
¡Bailate un tango, Ricardo!

Ricardo Güiraldes baila saliéndose de la vida…
Al bailar lleva dormida, como antaño a las mujeres,
A la muerte que murmura perdida en el entresueño,
¡Bailate un tango, Ricardo!

Letra : Ulises Petit de Murat 
Música : Juan D´Arienzo

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