Identidades
También influyó poderosamente en la formación del pensamiento de la época, el gran movimiento de reivindicación indígena que protagonizara José Gabriel Tupac Amaru en los años 1780/1781, que había dejado un recuerdo hondo.
*Por Rumi Ñawi[1]

Ataque Indio Durante la Época Colonial
El Indigenismo en la Época de la Independencia
Criollos descendientes de españoles formaron y dirigieron el movimiento revolucionario que llevó a cabo la independencia americana. También llegaron a mezclarse con ellos algunos indígen
as, pero no a título de tales ya que, tres siglos de sometimiento los había aculturado en gran medida. El desprecio que dispensaba el español por estos se halla expresado de manera por demás elocuente en los documentos públicos y privados de la época que designaban legalmente al aborigen con el vocablo miserable. Punto de partida desde el que bien podríamos valorar la “Legislación de Indias” que reivindican los hispanistas.[2]
En cambio, los indios, en compañía de africanos y mulatos, constituyeron necesidad de llevar los nativos a los campos de batalla, y tenerlos de su parte. Para explicar más cabalmente esta actitud, bastará recordar que los europeos y sus descendientes, no llegaban a constituir el 10% de la población de América. [3]
En ese sentido, a partir de 1810, los españoles siempre tuvieron la posibilidad de engrosar sus ejércitos con soldados venidos de la península, posibilidad obviamente negada a sus adversarios. Por eso motivo, creemos, los patriotas tomaron conciencia mucho más rápidamente del provecho que obtendrían con la recluta del indio.
También influyó poderosamente en la formación del pensamiento de la época, el gran movimiento de reivindicación indígena que protagonizara José Gabriel Tupac Amaru en los años 1780/1781, que había dejado un recuerdo hondo, por su intensidad y por la cruel represión con que fue ahogado.
Esto explica, quizás en forma un tanto mecanicista, pero no hallamos otra, el surgimiento y expansión de unacorriente de reivindicación indigenista en el seno del movimiento revolucionario. En realidad, la guerra era el denominador común de las diversas actitudes de los sectores sociales y étnicos y éstos habrían de traducirse en testimonio literario y principalmente periodístico-político.
Literatura Indígena
La opción por la independencia policía, habría de tener entre los criollos un necesario correlato y derivación en una búsqueda equivalente en el plano intelectual, literario, es decir, un camino de expresión propia. Sin embargo, no puede ignorarse que los dirigentes criollos estaban marcados por su pertenencia étnica y esto les impedía construir un puente cultural con las tradiciones incas, guaraníes, aztecas y de otros hombres nativos de América. Los españoles de la “colonia” habían creado un ambiente de total menosprecio hacia lo indígena y los centros universitarios, presididos por el clero católico, formaban a la elite social en una tradición “occidental” como diríamos ahora, donde lo americano estaba ausente.
Desde la invasión española la única vida literaria había consistido en la mera importación de textos y el sustrato de las expresiones locales- muy escasas por orea parte- era esencialmente eurocéntrico, con énfasis especial en los aportes clásicos, greco latinos y de la literaturafrancesa, la famosa “ilustración”. Puede afirmarse de una manera terminante: esa desconexiones de lo europeo con lo americano, absoluta, impidió la formación de una literatura y hasta de una cultura en América. Todo no pasó de eco, copia, que, como bien se ha dicho, es empobrecimiento del modelo. Limitación esencial que tampoco pudo ser trascendía por los criollos, ni lo fue después hasta hoy.
Así se explica la significación más bien retórica, insustancial, que tuvo aquel “indigenismo” de base clásica europea, cuyas referenciasa las antiguas civilizaciones americanas se basaron mayormente en los textos de Garcilaso de la Vega.[4]Así, los escritos a Bartolomé Hidalgo, Juan José Castelli, B. Monteagudo, Belgrano, San Martin, denotan, en todo momento, un carácter coyuntural, oportunista, más bien simbólico. No cabe aquí escandalizarse, desde que no practicamos la tradicional deificación de los próceres, sin por eso poner en duda la intrínseca honestidad de aquellos personajes. Simplemente, estaban claramente fijadas las fronteras étnicas y culturales de la “colonia” heredadas por la nueva situación, y San Martin parece bien consientes de eso cuando llama “nuestros paysanos” a los indios. [5]
Es entonces cuando aparecen los primeros elementos de lo que después llegaría a ser la literatura o, mejor, poesía “gauchesca”, cuyo precursor fue el mencionado Hidalgo. Escritura de intenso contenido político-filosofía del instante- se revela ya como americana, pero ejercida por exponentes de una franja étnica concreta, la minoría gobernante de ascendencia europea. Aquí, parece esclarecedor citar a Emilio Carilla: “Al leer los romances de Hidalgo –dice- me recordaron, por ciertas coincidentes situaciones, romances del siglo XV, particularmente los referidos a la guerra de Granada y colocados en labios de moros sitiados. Y, no sin sorprendente singularidad, hasta pueden establecerse algunas coincidencias entre aquellos viejos romances y los “Cielitos” de Hidalgo”. [6]
Se deduce, y debe señalarse, que no hay allí el menor atisbo de búsqueda de un eslabonamiento cierto con lo indígena. Es que los modelos son Horacio, Virgilio, Píndaro, como señala el mismo Carilla en otro párrafo, referido al ecuatoriano Joaquín de Olmedo, del que reproduce un “Brindis a San Martin”, pobre reminiscencia de unas estrofas del Himno Nacional Argentino:
“…y aun por la tierra es fama que los Incas las cenizas frías se animan en sus tumbas y se inflaman y a San Martin por vengador claman”[7]
Por otro lado, es buen sabido que la literatura indígena era totalmente desconocida, por inhallable en los textos de los cronistas a la mano entonces, por ignorancia, ¡por formación y prejuicio teocéntrico! Habría de correr más de medio siglo para que un europeo, ClementsMarkham. Revelara al mundo el excelso drama “Ullantay” dando comienzo así el estudio, todavía hoy en pañales, de las culturas andinas. La visión sagrada del universo, del hombre y de su verbo- fundamento de la cosmovisión indígena- se hallaba separada por un abismo infranqueable de la palabra desacralizada, mero instrumento de comunicación, que caracterizaba la literatura occidental. Y si nó, compárese el texto acabado de leer- común denominador de la literatura de la época- con éste otro, de maravillosa factura estética, del poeta indio contemporáneo, Juan WallparimachiMayta que podemos comprobar pese al tamiz involucrado en toda traducción:
Qheshwa
«Jaqayphuyullujsimusqa
Yanallaspawasaykamun.
Chayqamamaypajwaqaynin,
Paraman tukuspajamun»
Español
“»Qué nube es aquella nube
que obscureciéndose asoma?
Será el llanto de mi madre,
que viene trocado en lluvia».[8]

José de San Martín fue autor de dos proclamas en queshwa , una de las Cuales se Perdió
Proclama y Declaraciones en Gheshwa
Hay otro capítulo de este indigenismo coyuntural, repentino, en la sociedad criolla de la época, constituido por un conjunto de documentos y proclamas oficiales dirigidos al indio, de manera más o menos directa, en idiomas americanos, qheshwa, aimara, guaraní, junto al español. Comienzan en 1810 y los últimos son de 1822, casi al terminar la guerra de la independencia, demostración más, si cabe, de su naturaleza oportunista.
Con haber sido el idioma de mayor difusión popular en Sud América durante los tres siglos de la ocupación española, no se lo escribía, no se hacía literatura con él. Por ser de indios, el español dispensaba a sus idiomas igual desprecio que a sus hablantes. Solamente el clero practicó de una manera rudimentaria su escritura, volcada en algunos rezos, sin el menor respeto por normas signográficas, fonéticas y sintácticas, con finalidad estrictamente instrumental: la imposición del dogma. Hasta 1810, lo cierto es que archivos y demás repositorios de documentación escrita, no denotan otros testimonios de los idiomas indígenas.[9]
Por tales motivos, estos documentos tienen un valor testimonial singular, no solo desde el punto de vista histórico, sino también del lingüístico Pasaremos una breve revista a todos ellos, solo conocidos a través de alguna publicación oficial de escasa circulación.
El primero de la serie que agrupamos como del bando «patriota», es una «Proclama del más perseguido americano a sus paysanos de la muy noble, leal y valerosa ciudad de Cochabamba.», de un ex fraile mercedario secularizado, Francisco Xavier Iturri Patiño, natural de Cochabamba.
Impresa en Buenos Aires por los «Niños Expósitos», en agosto de 1810, cuando habían pasado apenas dos meses de la asunción de la Primera Junta. Iturri, que venía en viaje para cumplir una condena de diez años en el presidio de Filipinas, impuesta por su participación en el «Grito de Murillo», fue liberado prudentemente enCórdoba y pocas semanas después yáprestaba servicios en Buenos Aires. Este documento, cuya versión qheshwaes del propio autor, es un fuerte alegato en favor de la expedición porteñaque, en esos días marchaba al Alto Perú a las órdenes de Castelli y Balcarce,en cuyas filas revistaba, en calidad decapellán, el mismísimo Iturrí. [10]
Pocos meses después, yá en 1811, le siguió una «Proclama a los Indios del Virreynato del Perú», del referido Juan J. Castelli, fechada en «Plata», la antigua Chuquisaca, llamada Sucre ahora, y que, olvidados de ese detalle histórico, más de una vez buscamos en los mapas actuales. Su texto en gheshwa, traducción bastante mediocre del también mediocre original, fue atribuido al poeta Wallparimachi que mencionamos antes, a la sazón sumado al ejército patriota con un grupo de «honderos» indios. Castelli, se ocupa profundamente en demostrar que el Virrey del Perú es un falsario que les engaña sobre la situación real de la metrópoli invadida por Napoleón, pero no hallamos allí ningún mensaje profundo, sino ingenuas proclamaciones de amor. Sabido es que Castelli logró atraer cierta adhesión de los indios -y la presencia de Wallparimachi lo prueba- así como un hondo rencor de los criollos altoperuanos que temíanun retorno del poder indígena. Pero éste documento no agrega gran cosa a loconocido.[11]
También de 1811, es el texto del “Decreto de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Rio de la Plata”, á nombre del Sr. Fernando VII, por el cual se suprimía el tributo que debían pagar los indios a la corona de España. [12]
Sin embargo, aquel Decreto quedó en suspenso, no llegó a tener efecto y recién fue sancionado por la «Asamblea General Constituyente» de 1813, la cual dictó otro al efecto.
También se publicó en versiones cuatrilingües, qheshwa, aimara, guaraní y español. Introdujo un agregado que incluía en la liberación de tributos a los que percibía la Iglesia Católica.[13]
La canción patriótica compuesta en 1813 por don Vicente López y Planes y don Blas Parera, que luego pasó ser nuestro Himno Nacional Argentino, fue traducida igualmente al qheshwa. Reproducimos la parte que interesa aquí:
Qheshwa
Inkajsamanasninpiskhuyarinmin
Tullusninpitajkausarinrauray
Qhawanwawasnintamusujtaña
LLajtanchijpaunaysumajkayninta.
Mana qhawankiMejiqoKituman
Wijch’ukujtasajrakayninwan
Yawarwanmajch’isqawaqajta
Putusi, Qhochapanpa, Pastawan.
Mana qhawanpuyphutiKarakasta,
Phutiwaqaywañuytamast’ajta,
Español
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la patria el antiguo esplendor.
¿No los veis sobre México y Quito
arrojarse con saña tenaz?
¿Y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre la triste Caracas
luto, y llanto, y muerte esparcir?[14]
El «Acta de la Independencia declarada por el Congreso de las Provincias Unidas de Sudamérica», el 9 de julio de 1816 en Tucumán, ocupa un lugar especial en esta serie. De ella hubo versiones en Guaraní, otra en Aimara, debida al famoso religioso católico, converso al protestantismo, don Vicente Pazos Kanki. Y finalmente en qheshwa, de excelente factura idiomática, atribuida al propio autor intelectual del Acta, diputado por Chuquisaca, José M. Serrano.[15]
Pasamos ahora al Presidente de Chile, Don Bernardo O’Higgins, quien, en 1819 lanza una «Proclama a los Indios del Antiguo Imperio de los Incas», fechado en Santiago, acompañada de una traducción muy hermosa al qheshwa. Su texto reconoce cierta inspiración en Garcilaso y es una apasionada reivindicación del Incario. [16]
San Martín emitió dos Proclamas a los Indios del Perú, traducidas al qheshwa. Una, de 1819 se ha perdido, pero se conserva la de 1821. Declara la abolición de los tributos que pagaban los indios a la corona de España. Llama la atención que este documento no fuera mencionado por la cofradía genuflexa que tiene el prócer en nuestro país. C. Galván Moreno, por ejemplo, en su obra que él mismo declara exhaustiva, «Proclamas del General San Martín», omite hasta la mención del mismo. [17]
De 1819 y 1821 datan otros dos testimonios; una «Proclama del Congreso Constituyente del Perú a los Indios de las Provincias Interiores», modelo casi insuperable de hipocresía o ingenuidad, lleno de promesas y halagos que nunca tuvieron posterior concreción. Y cierra el ciclo una «Proclama a los Indios del Alto Perú», del caudillo norteño José María Pérez de Urdininea, ya en el ocaso del poder español. [18][19]
Por su parte, los españoles «realistas», también emitieron algunos documentos similares, dirigidos a los Indios, publicados en versiones bilingües, de las que solo conocimos tres.
En primer lugar, una «Proclama a los habitantes de Ultramar», del presidente de la Junta de Cádiz y Duque del Infantado, fechado en esa ciudad en 1812, pero publicada recién un año después en Lima, porque su traducción la tuvo que hacer el Arzobispo de Lima. Sin duda en España no habría qheshwistas entonces. Documento bastante extenso, dedica pocos párrafos a los indios en un tono paternalista y parece que el Arzobispo se esmeró porque la versión está en un qheshwa excelente. [20]
Finalmente, hay dos «Proclamas» del famoso caudillo ygeneral español José Canterac, redactados en otras tantas variantes dialectales del qheshwa, que revelan una sutileza sorprendente dado el menosprecio tradicional de los españoles poridioma y hablantes. En un estilo quefluctúa entre cariñoso y amenazante,invita al indio a sumársele en la guerra que libraba. [21]

Potosó, Cochabamba y La Paz ¿ No los Veis Sobre la Triste Caracas Luto y Llanto y Muerte Esparcir
Para terminar.
Este conjunto documental aún espera ser investigado por historiadoresy lingüistas. Algunas versiones, revelan en sus autores la intención de traducir el mensaje de los textos en formaacorde a la mentalidad indígena. Descuella en ese sentido el Acta de la Independencia que hasta tiene un toque deternura auténtica. Lástima grande querazones de espacio impidan sutranscripción en versión bilingüe. Enotras, el idioma aparece bastardeado ycon frecuentes incrustaciones del español, traducciones casi literales, sinvalor, fuera del testimonial.
Dada esa tradicional indiferencia por lo que pueda tener de genuinonuestro acervo histórico, no nos extrañe que algún día, una Universidad noteamericana o europea, ofrezca una versión bilingüe, con monografías académicas, a cargo de un grupo interdisciplinario, y muchos se enteren recién entonces hasta de su existencia.
Con no ser de mucho volumen, ofrecen un material de valor singular sobre las actitudes de sus autores y partícipes, respecto al indio, a sus idiomas y fundamentalmente a su buscada participación en la guerra que se llevaba a cabo. El contenido tiene un sólo denominador común expresado por un cúmulo de promesas y buenas intenciones incumplidas.
Queda también decir que faltó un testimonio escrito de los propios destinatarios, quienes, con su silencio,quizás estaban dando la respuesta más lúcida a unas «Proclamas» que apenas fueron luces de artificio verbal, dentro de un vasto escenario histórico que arranca cuando la invasión europea del siglo XVI y no termina sin duda con la expedición genocida de Roca, sino que, a través de otras formas, sigue hasta hoy.
Todo es Historia – Marzo 1985
REFERENCIAS
(1)Del Instituto QheshwaJujuymanta de San S. de Jujuy.
(2)El apelativo «miserable» atribuído con carácter genérico, aparece en Testamentos de encomenderos y eclesiásticos, durante elmo:
(3)Sejourné, Laurette: «América Latina. Antiguas Culturas Precolombinas». Historia Universal Siglo XXI. Ed. Siglo XXI, Madrid, 1971. Ribeiro Darcy: «Configuraciones Histórico-culturales de los pueblos americanos. Crítico, Num. 51, pág. 221. 1971.
(4)Durante el coloniaje, nombre que se dá al período histórico en que formamos parte de España, el conocimiento de las culturas americanas quedó oculto tras una espesa capa de prohibición y menosprecio. Bernardino de Sahagún, B. de las Casas, Joseph de Acosta, Domingo de Santo Tomás, cronistas que condenaron y describieron con lujo de detalle el genocidio de América, fueron combatidos, censurados y condenados, con el remoquete de ser autores de la «leyenda negra de España». Se los acusaba así de traidores y, de paso, se omitía el meollo de la cuestión.
(5)San Martín fue uno de los pocos jefes criollos que practicó hacia el indio una política de sello personal. Recuérdense al respecto sus parlamentoscon los pehuenches en Mendoza. La legión de sus panegiristas deificadores, solo de soslayo se ocupa de esta faz de su personalidad.
(6)Carilla, Emilio: «La Literatura de la Independencia Hispano-Americana». EU- DEBA, 1964; pág. 90.
(7)Carilla, Emilio. O.Cit .; pág. 91.
(8)WallparimachiMayta, Juan. Poeta en lengua qheshwa, cuyo conocimiento quizás deba agradecerse al clima indigenista que, conlas limitaciones mencionadas, existía entrelos patriotas criollos. Incorporado al ejército de Castelli, no quiso utilizar armas defuego. Fiel a su raza, combatía con la tradicional «waraqa», de efectos más devastadores en el enemigo. Su poesía, alcanzó unadifusión extraordinaria en el puebloQheshwahablante hasta tornarse anónimapara los recitadores. Juan A. Carrizo, recogió en los años 30 este testimonio en la punajujeña y lo incluyó en su «Cancionero Popular de Jujuy», ignoråndo su real autoría.
(9)Lara, Jesus: «La PoesiaQuechua».F.C.E., México, 1947, pág. 18.
(10)Aranzáez, Nicanor: «Diccionario Histórico del Departamento de La Paz». Consultado por el autor en la Biblioteca particular del Sr. Adolfo de Morales en Cochabamba.
(11)Versión fascimilar en: Rivet, Paul: «BibliographieAymara et kicua», Paris, Francia, Tomo I, 1951.
(12)En: Publicación Oficial del Gobierno Argentino, 1915.
(13)En: Publicación Oficiał del Gobierno Argentino, 1948.
(14)En: Vega, Carlos: «El Himno Nacional Argentino», EUDEBA, Bs.Aires, 1962, pág. 47.
(15)En: Bravo, Domingo A .: «Estado actual del quichua santiagueño»; Universidad Nac. de Tucumán. El original se halla en el Museo Mitre de Bs. Aires.
(16)En: Rivet, Paul. O. citada.
(17)En: Rivet, Paul. O. citada.
(18) (19) En: Rivet, Paul. O. citada.
(20) En: Rivet, Paul. O. citada.
(21) En: Rivet, Paul. O. citada.
Temas
Comentarios
Columnistas