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Ser Fiel a la Huella
Tal vez, solo se trata de no deformarse a la medida de lo que otros imponen para ser exitoso
Ser Fiel a la Huella

Después de pasar por varios caminos: solitarios, desarmados, armados a la medida de las lágrimas, colmados de voz con necesidad de ser escuchada, en compañía de los muertos que nunca mueren (los clásicos), llegué a la conclusión de que la testarudez tiene sus bemoles, sus cosas positivas y negativas, sus inevitables tropiezos, y también algún acierto a la medida de una fuerza gravitacional llamada perseverancia; condición sine qua non para ser escritora.

Hay momentos cruciales, de desafíos con uno mismo, con los propios aprendizajes y los vacíos del saber que necesariamente hay que mitigar.

La escritura es un puente que conduce hacia donde habita el lector, y claro que no hay una fórmula para que el lector se enamore y se quede a esperarnos. El puente lleva en sí mismo un mensaje que alguien del otro lado puede absorber o no, puede compartir o no, vivenciar o no. Ese es el misterio, no saber qué ingredientes funcionan.

La libertad creativa es lo único que nos salva de la frustración. Si lo que escribimos no funciona para el mercado literario al menos hemos sido fieles a la propia impronta. Rematar el camino es un alto costo creativo que algunos están dispuestos a sacrificar y otros no.  Yo me enrolo en los últimos; testaruda y fiel, a ultranza. Fiel a lo que siento, creo y recreo con el mundo que me habita.

Si me refiero a poesía es probable que no esté muy de moda la brevedad, pero no remato la pureza de una palabra que encierra un concepto, por la suma de otras. Cada uno y cada cual hace de su vida la metáfora que mejor le asienta; lo peor es vender aquello que somos por algo que no sabemos cómo será. En definitiva, dijese mi padre: “ es mejor errar por uno mismo que a causa de vientos que no nos representan”.  Si me refiero a los cuentos ellos nacen de la pasión con que observo y siento el mundo y en cuanto a la novela, ando con ella como papa que quema entre las manos. Lista para el puré, pero falta alguien que sirva los platos.

Vivir de la escritura es para unos pocos; comprenderlo es para muchos, en síntesis: no hay nada peor que la propia traición al modo de existir con la pluma por dejar contentos y felices a los demás eslabones del mercado. Lo mismo ha de suceder con la música, la pintura, etc.

Sin embargo, hay algo más grave aún, y es traicionar la propia esencia para venderse al mejor postor y que el mejor postor la rechace.

Podemos aprender todos los recursos literarios, no obstante, no alcanza. Hay un ingrediente no develado que nos hace únicos a la hora de sentarnos a crear : habita en el mundo ígnaro o quizá es hijo de algún gen con filetes de don; mi abuela decía: “fulanita tiene el don de cocina, o menganita tiene el don de hacer, con retazos, el vestido más vistoso”; bueno quizá el arte se sirve de algún don que huele a lo lúdico, que se consustancia con los jirones de luces y sombras que nos deja la vida a su paso. Tal vez, solo se trata de no deformarse a la medida de lo que otros imponen para ser exitoso. 

Los de pluma no reconocida sabemos de pedregullo no de mármol de Carrara. Los de pluma de color rojo sabemos de la corriente sanguínea mezclada con los mil quehaceres que nos tocan a diario; pero también es cierto que sabemos de sueños de largo alcance y a eso me remito, después de todo, no tiene nombre el sueño que hace que la vida sea el mundo de las palabras.

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