Tango y Milonga
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El Duende de tu Voz, Che Bandoneón
Éramos compañeros de la secundaria y nos juntábamos a preparar exámenes. Pero primero estaba el fueye por mandato paterno
El Duende de tu Voz, Che Bandoneón

Sé ahora que la prodigiosa arca sonora está armada sobre dos cajas armónicas unidas por un fuelle en sus extremos interiores. La presión del aire hace vibrar unas lengüetas metálicas que arrancan el sonido bucean en su alma.

El Duende de tu Voz, Che Bandoneón
Sentimental y aplicado Vicente Salvador Capua estudia bandoneón sin distracciones, cada tarde, bajo el patio de parras y glicinas. Lo envolvían perfumes indelebles, intensos y tibios, a la llegada de la primavera. Yo también los gozaba. Compartíamos  la luminosa liturgia que exhalaba el tango en el jadeo enronquecido de su canción. La casa, tipo chorizo, lindaba con el mítico barrio Caferata, pegadito al cruce de las avenidas José María Moreno y Asamblea, y albergaba un inquilinato, desvelos populares y delirios de salvación, místicos y no tanto.

Éramos compañeros de la secundaria y nos juntábamos a preparar exámenes. Pero primero estaba el fueye por mandato paterno. Cancerbero severo en su gesto y cálido en el corazón, aquel italiano de Cosenza; Sur de su terruño, era verdulero inmigrante por obligación y musicante por gusto. Quería un hijo  bandoneonista por sobre todo. Y no pedía más. Poco importaba la confesa negación de las matemáticas y el castellano. Yo no entendía por entonces sus barretines, que obligaban a ejecutar partituras una y otra vez antes y después de la cena.

Cada cual marchó por su camino y a sus cosas. Pero me quedaron de aquella aproximación al mágico aerófono portátil, un instrumento con su aire propio puesto a vibrar, asombros tonales que no me abandonan. Engloban la quejumbrosa voz, rezongo que gotea nostalgia y amargura, y dan de la tonalidad del clavicordio a la del clarinete, nada menos.

Sé ahora que la prodigiosa arca sonora está armada sobre dos cajas armónicas unidas por un fuelle en sus extremos interiores. La presión del aire hace vibrar unas lengüetas metálicas que arrancan el sonido bucean en su alma. Son treinta y tres para la mano izquierda y treinta y ocho para la derecha, setenta y una que dan un sonido cuando abren y otro cuando cierran, ciento cuarenta y dos voces en total. Hay además botoneras, sopapas, zapallitas, peines cuya alineación determina la calidad sonora (ocho para la derecha, seis para la izquierda), un dispositivo valvular mecánico para regular la entrada y salida del aire que se gobierna con el pulgar y dos correas, en la parte media de las cajas armónicas, para ajustar las manos. Porque con ellas, la epidermis, el oído, el hígado, los pulmones y el corazón se toca el fueye. Si no, no.

Silla y Bandoneón – Miguel Ángel Lucero – 2010

Incluyendo al ejecutarse es casi una orquesta. La idoneidad para gobernarla explica por qué los mejores arregladores y compositores de tango están entre los bandoneonistas. Para ejemplo bastan Aníbal Troilo, en el 40, y Astor Piazzolla, todavía vanguardia, puntos de inflexión fundamentales en la evolución de la música  de Buenos Aires.

Poco se sabe sobre cómo el bandoneón, concebido y fabricado por el alemán Heirich Band en 1850 para música sacra, llegó al Rio de la Plata a comienzos del siglo XX para fusionarse con el tango en un abrazo interminable. Prendió como una epidemia de viruela. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial, cuando se interrumpió la producción, el mercado local había importado veinticinco mil instrumentos solo de dos marcas: ELA (de Ernest Louis Arnold) y Doble A (de su hijo Alfred Arnold), el más preciado. Sumados los Premier y Germania ingresaron más de cincuenta mil fueyes. Ya no quedan, claro Sobre todo con el reverdecer del tango.

Para subsanar la extensión y atender la potencial demanda de mercado, que incluye a Japón, Horacio Ferrer, numen de la Academia Nacional de Tango, promueve instalar una fábrica, y taller de reparaciones, de bandoneones germano- argentina Es por ahora una expresión de deseos Como tal bienvenida, alegrará a muchos.

Entre otros a María Florencia, mi segunda hija, música y bandoneonista, que vive y toca en Barcelona. Mientras se gana el sustento y enriquece el espíritu perfecciona su técnica en una suerte de posgrado impagable con Marcelo Mercadante, maestro de bandoneón y referente obligado del tango en Europa.

Ella tiene un Doble A restaurado, restañado en sus heridas, cuidado y afinado a fuerza de amor, perseverancia y coraje- Los duendes suenan en su caja como dioses ensimismados en variaciones a cuatro voces. A veces extraño el fatigoso jadeo de las interminables, aunque regocijantes, horas de ensayo. Son parte inolvidable de una saludable elección de vida.

Desde hace tiempo cada vez entiendo mejor al viejo Capua.
Debate – 20-07-06 – Por Lorenzo Amengual

www.clarin.com -Taller de Armado – Foto Guillermo Rodriguez Adami

Pichuco, el bandoneón argentino de 4 mil dólares que fabrican con maderas que estaban arrumbadas en talleres del ferrocarril

La fábrica está en la Universidad de Lanús. Aunque el valor de mercado sería ese, no los venden: se usan para enseñar.

“No me olvides, es la flor del que se fue. Volverán los no me olvides, cada año a florecer. Con la flor de no me olvides, no olvidando esperaré”. De esa manera empieza uno de los fragmentos del poema de Arturo Jauretche inspirado en la flor “No me olvides”, símbolo de la resistencia peronista en la década del 50.

Esa misma flor, por estos días, aparece en la cuarta generación de bandoneones Pichuco, un modelo que acaba de desarrollar un equipo de la UNLa que hace diez años fabrica el instrumento del gran Aníbal Troilo y actualmente lo hace con maderas rescatadas de los talleres ferroviarios de Remedios de Escalada.

Con esa inscripción y el logo de la Universidad de Lanús en la tapa de madera, el objetivo para este 2022 es terminar el año con 30 bandoneones de estudio Pichuco 4 listos para sonar. Se se sumarán a otros 30 de la versión anterior: el Pichuco 3, también fabricados este año en un galpón reciclado del antiguo predio del tren Roca que desde 1997 ocupa la UNLa,

A partir de la versión Pichuco 4, el corte de madera es láser. Foto Guillermo Rodriguez AdamiA partir de la versión Pichuco 4, el corte de madera es láser. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Estas piezas únicas contienen, además de componentes que forman parte de la historia del ferrocarril, otro tipo de elementos y materiales que donan comercios y cooperativas de la zona. Y se utilizan en algunos programas de extensión pedagógica de la Secretaría Académica, como “Los derechos de la niñez no se toman vacaciones” y “Pichuco va a la escuela”.

www.clarin.com -A partir de la versión Pichuco 4, el corte de madera es láser. Foto Guillermo Rodriguez Adami

Un bandoneón de estudio en la actualidad puede costar entre 4. mil y 6 mil dólares. Es por ello, que desde la Universidad de Lanús, jamás pensaron en la idea de ponerlos a precio de mercado, o algo siquiera parecido.

A los responsables del proyecto les gusta hablar de “democratización de los bandoneones”: todas las piezas del proceso de fabricación salvo los peines (los soportes con las lengüetas que producen los sonidos, que son importados de República Checa), se hacen con materiales reciclados y comprados en comercios y cooperativas del sur del conurbano bonaerense.
Clarín – 11-10-22 – de Ramiro Fernández – Fragmento
Ver Nota Completa en
https://www.clarin.com/zonales/bandoneones-fabrican-viejos-materiales-talleres-escalada-cumplen-10-anos_0_RmUwt09Oke.html

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