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Carnaval de Corrientes
Comparsas, agrupaciones y máscaras  sueltas de diferentes barrios hacen divertir a grandes y chicos
Carnaval de Corrientes

A finales del siglo XIX, el carnaval en Corrientes se esparcía por toda la provincia de una forma homogénea y tradicional, sin muchas diferencias al del resto del país y con altos componentes de crítica política mezclados con fantasía. Durante varias décadas, los grupos de amigos y familiares que concurrían a los lugares veraniegos preparaban las comparsas –pequeñas y efímeras- que encontraban sus nombres y temas a representar la realidad inmediata. Así, en febrero de 1905, un grupo de jovencitas decidió presentarse en los bailes de carnaval e ingresar al corso como “japonesas”, a lo cual, los varones, inspirados en las noticias de la prensa sobre los incidentes de la guerra ruso-japonesa que se libraba desde el año anterior, opusieron una comparsa de “rusos”.

Entre los años cuarenta y cincuenta, antes del período dominado por la institucionalización de comparsas, se vivió otra de las épocas doradas del carnaval, protagonizada por los vecindarios de los distintos barrios de la ciudad. En cada barrio se constituía una comisión que organizaba bailes en los cuales se recaudaba dinero para la construcción de la carroza que lo representaría en el corso, y en uno de esos bailes se elegía –por el voto de todos los asistentes- a la reina del barrio y su corte de princesas. La comisión se ocupaba de todos los detalles: el tema a representar, la elaboración de la carroza para el desfile del corso, y el vestuario de las jóvenes. Los bailes se hacían en las calles del barrio que eran adornadas para la ocasión, y en algunos casos se utilizaban las instalaciones de los clubes. El corso y los bailes de carnaval fueron variando de escenarios pero se prolongaron hasta finales de la década de 1950.

Carnaval de Corrientes – 1950

Para 1960 la ciudad de Corrientes, y las grandes y pequeñas ciudades del interior provincial, viven la experiencia del carnaval como un hecho cultural que ha trascendido los límites provinciales, al punto de que, durante dos décadas, Corrientes era sinónimo de Carnaval. Quienes han vivido esas décadas recuerdan las batallas del juego con agua de las siestas de febrero en casi todas las ciudades, y en la capital, al Parque Mitre cubierto de carpas donde se alojaban jóvenes que llegaban de todo el país para participar de las noches de corso. Escenas como esta se repetían en todas las ciudades de las costas de los ríos Paraná y Uruguay: Paso de los Libres –la pionera-, Monte Caseros, Santo Tomé, Goya, Esquina, Mercedes, Bella Vista, entre otras, recibían turistas ávidos de presenciar los carnavales que se caracterizaban por los duelos de comparsas: Ará Bera y Copacabana, Zum Zum y Carumbé, Orfeo y Carun Berá, Carú Cura y Yasí Berá, Fon Fon e Ipanema, entre otras.

La capital provincial, primero, da un giro drástico a la tradición y se inaugurara un estilo, con grandes comparsas, con características propias que las diferenciarán de su inocultable origen brasileño. Este estilo se extenderá en el tiempo hasta nuestros días y como los tentáculos de un pulpo, se fue extendiendo por todo el litoral argentino.

En esos años, el gigante de Sudamérica tenía amplia influencia en la región, sus potentes radios se escuchaban en el litoral, mejor que las nacionales. Con ello el gusto musical y las costumbres, más la influencia del poderosos carnaval brasileño, que se introdujo a través de las ciudades del vecino país ubicadas a los largo de la extensa frontera que la separa de la provincia de Corrientes, concretamente Paso de los Libres.

El carnaval capitalino tuvo dos momentos de exposición que contribuyeron a su consagración “nacional”, la publicación en 1966 de la nota de Rodolfo Walsh, “Carnaval Caté”, en la revista Panorama, y la inclusión de la célebre coreografía de la riña de gallos de Ará Berá en la película “La hora de María y el pájaro de oro” –dirigida por Rodolfo Khun y protagonizada por Dora Baret y Leonor Manso- en 1975. Las dos décadas del duelo Ara Berá-Copacabana constituye una de las tantas épocas doradas que supo tener este carnaval que fue cambiando sus formas desde que existen registros de las prácticas de carnaval.

Pero seguramente el hecho determinante del nivel artístico que alcanzó el Carnaval correntino constituye la paulatina participación de los mejores creadores locales –bailarines, actores, artistas plásticos, escenógrafos, vestuaristas, artesanos, y hasta gente de letras en la elaboración y tratamiento de los temas a desarrollar en los corsos y posteriormente a los fastuosos shows, representación ésta que lo convirtió en una celebración inédita en el país.

A medida que se suceden estos cambios, la fantasía le gana la batalla a la crítica y a la política. La intervención en las grandes comparsas de figuras surgidas de los planteles de las academias de danzas y del teatro Vera, en los años sesenta, le imprime un sello característico al carnaval que ha sido definido por Marcelo D. Fernández, escritor y periodista correntino, como “una obra de arte en movimiento”. A diferencia de las comparsas del interior de la provincia, las capitalinas imponen el “show”, una suerte de obra teatral en la cual representan el tema elegido cada año.

Los años setenta serán el período más exitoso de los duelos entre Ara Berá y Copacabana, con la Avenida Pedro Ferré como escenario, y con vestuarios, coreografías y shows cada vez más brillantes. En la década de 1980 se producen desmembramientos en las dos grandes comparsas, que dan lugar a la aparición de Sapucay –que pronto pasa a protagonizar los duelos con Ara Bera- y Samba Show –pionera de las Agrupaciones Musicales.

Carnaval de Corrientes Comparsa

A mediados de esa década, por dificultades económicas, el carnaval de las grandes comparsas sufre una interrupción de una década. Durante ese período, en los barrios viejos y nuevos de la ciudad, surgen comparsas que sumadas a las agrupaciones humorísticas que –como Los Dandys- animaban los corsos desde hacía décadas, continúan con los desfiles organizados en la Avenida de la Paz, un escenario alejado del que había sido epicentro de la actuación de las extrañadas Ara Bera, Copacabana y Sapucay.

Esta demostración de la pasión carnavalesca de los correntinos, inaugura una expresión que hoy tiene lugar en los populares “Carnavales Barriales” que se desarrollan en un circuito itinerante, que en cierto sentido rememora al carnaval de los años cincuenta, recorriendo cada noche un barrio diferente de la ciudad. Comparsas, agrupaciones y máscaras  sueltas de diferentes barrios hacen divertir a grandes y chicos. Los talleres, en los que se realizan las estructuras de espaldares, tocados y elementos, llegaron a un grado tal de maestría en su oficio que son modelo en el país, aún en los más altos niveles del teatro musical y de revista.

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