Textos a la carta
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Escrito a las Corridas
Corrió el ateniense Feidípodes, antes y después de la batalla de Maratón, esfuerzo que le costó la vida y lo hizo entrar en la historia
Escrito a las Corridas

Historias que se Escriben a las Corridas

Todas las culturas tuvieron necesidad de establecer sistemas de comunicación agiles y eficaces, lo que antecedió a la aparición del correo postal.

El ser humano, desde siempre, tuvo necesidad de comunicarse. El paso del tiempo y el desarrollo de los medios que fue creando, facilitaron y perfeccionaron la manera de hacerlo. Posiblemente los primeros mensajes fueron a través de los gestos, con el tacto y los sonidos guturales. Después, llegó el tam-tam como una prolongación de la voz humana. En el imperio incaico se utilizaban cuerdas anudadas que los entendidos podían descifrar. Con la aparición de la palabra escrita el mensaje cobró otra dimensión.

Las cartas, los mensajes, crearon la necesidad de distintas forma de correo, desde el chasqui hasta las palomas mensajeras, pasando por los bancos o las diligencias. Había una necesidad de acortar el tiempo y las distancias.

“Correo” viene del latín “currere”, es decir “correr”, que era lo que hacían los primeros emisarios, según lo revela el filósofo español Vicente García de Diego, considerado un erudito en la materia.

Y corrió el ateniense Feidípodes, antes y después de la batalla de Maratón, esfuerzo que le costó la vida y lo hizo entrar en la historia.

Juan Carlos Toer editó, con el auspicio de OCA, “Historias del Correo en la Argentina”, un más que atractivo libro que obtuvo la “Pluma de Oro” de la IABC en 1994, la máxima distinción que otorga en la categoría libros la International Association of Business Communicators, entidad que agrupa mundialmente a los principales especialistas en comunicación internacional.

Este trabajo rescata un relato del Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616), que corresponde a sus “Comentarios reales” (1609), que es ampliamente descriptivo. “Chasquis llamaban a los correos que había puestos por los caminos, para llevar con brevedad  los mandatos del Rey y traer nuevas y avisos que por sus reinos y provincias, lejos o cerca, hubiese de importancia. Para lo cual tenían a cada cuarto de legua (1 legua equivale a 4 km) cuatro o seis indios mozos y ligeros, los cuales estaban en dos chozas para repararse de las inclemencias del cielo. Llevaban los recatados por su vez, ya los de una choza, ya los de otra; los unos miraban a la una parte del camino y los otros a la otra, para descubrir  a los mensajes antes de que llegasen a ellos y apercibirse para tomar el recaudo, porque no se perdiese tiempo alguno. Y para esto ponían siempre las chizas en alto, y también las ponían de manera que se viesen las unas a las otras. Estaban a cuarto de legua, porque decían que aquello era lo que un indio podía correr con ligereza y aliento, sin cansarse”.
El Cronista – 24-04-96

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