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Los Chicos “Poxi”
En el mundo de las adicciones existe una franja de niños y adolescentes cultores del consumo del “Poxiran” y similares
Los Chicos “Poxi”

Las adicciones se manifiestan en infinidad de terrenos, por ejemplo en la necesidad compulsiva de practicar juegos, sexo, trabajo, consumo excesivo de alcohol, de tabaco, marihuana, “paco”, etc. Y por supuesto, las llamadas “drogas” que abarcan desde la ingesta de psicofármacos sin control médico (a veces mezclados con bebidas alcohólicas), hasta cocaína, heroína, “éxtasis” y otras de las llamadas drogas de diseño. También la necesidad de comer bajo la presión de un deseo irresistible, ingresa en el rango de las adicciones.

Éste problema simplificando la definición ya que obedece a razones muy complejas, puede afirmarse que se debe en general, a la necesidad de cubrir carencias de naturaleza emocional, a compensar la angustia que se pretende calmar comiendo, bebiendo o trabajando en exceso, practicando sexo compulsivamente, o con el juego incontrolable (ludopatía) y como se ha dicho, con el consumo de cualquier sustancia cuya ingesta genera gratificaciones; luego sobrevienen la angustia y la ansiedad y la vuelta al consumo para recuperar el estado placentero experimentado antes; y así sucesivamente, entonces el adicto queda prisionero de esa demanda circular que en los casos más graves, sólo puede salir mediante tratamiento especializado.

Pero también en el mundo de las adicciones existe una franja de niños y adolescentes cultores del consumo del “Poxiran” y similares. Se trata de un grupo de pegamentos de contacto que debido a su fórmula conteniendo tolueno (hoy eliminado en Poxiran), metanol, xileno o benceno, se utiliza para inhalar sus emanaciones e ingresar al mundo esporádico de sensaciones gratificantes, como desinhibición, bienestar y euforia. Básicamente, los expertos ordenan éstas sustancias en cuatro grupos: disolventes volátiles, aerosoles, gases y nitritos. No es necesario aclarar que la absorción de esas emanaciones es altamente tóxica para el consumidor. Y si bien la masa consumidora la integran chicos y adolescentes, también se registra un buen número de adultos aprisionados en esa práctica. El “vuelo” como llaman a ese estado artificial, es muy breve y fuertemente adictivo, por lo tanto quien lo consume aumenta su necesidad de seguir haciéndolo, comenzando el deterioro físico y mental, como sucede con el “paco”. Las consecuencias por la inhalación frecuente de esas sustancias son devastadoras, ya que puede provocar daño y deterioro neuronal, entre otras secuelas.

Diagonales – 06-04-09

No obstante, en años recientes surgieron opiniones profesionales afirmando que en el caso de los inhalantes, el síndrome de abstinencia es relativamente bajo. Según éste criterio el adicto a éstas sustancias, podría responder más rápidamente a una terapia recuperatoria.

En distintas provincias existen normativas para controlar la venta de los pegamentos que contienen insumos adictivos y prohíben la venta a menores de 18 años. Pero como suele pasar con las prohibiciones, la dificultad está en su cumplimiento. En el caso del más conocido de los pegamentos (Poxiran) cuya marca se convirtió en genérico y en un sinónimo del producto, en su envase advierte muy claramente que no contiene tolueno ni derivados, que no se debe vender a menores de dieciocho años y que “la inhalación deliberada y/o intensa de éste producto es perjudicial para la salud”. Por lo visto no faltan advertencias, la dificultad reside en el cumplimiento de las normas de control.

Años atrás era más visible que ahora ver en la terminales ferroviarias, en plazas o esquinas, chicos con una bolsa plástica en la mano y la nariz dentro de ella, inhalando pegamento: los chicos “Poxi”. Muchos de ellos son “pibes de la calle”, sin paradero fijo, sin contención y abandonados a “la buena de Dios”. El costo relativamente bajo del cemento y la facilidad de su uso, lo convirtieron en una droga de acceso inmediato.

Que hoy no se vean tantos pibes inhalando pegamento en la calle, no significa que haya disminuido la cantidad de adictos, sino que muchos de ellos derivaron a otros consumos; igual de accesibles, pero no menos destructivos.

Dice una publicación platense del año 2009: “Un estudio sobre consumo de sustancias psicoactivas en niñas, niños y adolescentes en situación de calle, realizado por el Observatorio Argentino de Drogas, dependiente de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico, reveló que los inhalantes, pegamentos con tolueno – Poxiran – en general, son la droga de inicio en el consumo y es distintiva de chicos en esa situación” (1). Vale reiterar que Poxiran ya no utiliza tolueno, como puede leerse en el envase.

Pero las adicciones no tienen como actor excluyente al consumidor, sino que se debe considerar ante todo, el ambiente que favorece esa práctica; como una débil contención familiar y social. Viene al caso la situación que relató a un medio nacional, un integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos del Niño de la ciudad de La Plata: “Les hemos pedido por favor a los dueños de ferreterías que no le vendan más pegamento y a los negocios de celulares que no les compren más teléfonos, ya que tientan al robo (…). Los comerciantes no sólo no escuchan los pedidos, sino que fraccionan las latas y le venden a los pibes pegamento en gramos, como para que no les salga muy caro” (2).

El problema de las adicciones atraviesa nuestra sociedad de arriba a abajo, como en el resto de Latino América. En algunas regiones del continente los narcotraficantes parece que se fueron estableciendo como un poder alternativo al Estado.

El tema es muy extenso, complejo y multifacético.

En éstas breves líneas nos limitamos a exponer sólo una faceta, que es una postal trágicamente cotidiana, de los pibes aspirando veneno gaseoso dentro de una bolsita.

1) Diario Diagonales – Ciudad de La Plata – 06-04-09
2) Diario Sur – Ciudad Autónoma de Buenos Aires – 02-11-08

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