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De Duelos y Duelistas
Muchos de los personajes cuyos nombres identifican nuestras calles, fueron protagonistas de duelos “en defensa de la honra”
De Duelos y Duelistas

“Vencido sois caballero y aún muerto, si no confesáis las condiciones de nuestro desafío”. – “Aprieta caballero la lanza y quítame la vida, pues me has quitado la honra”.

Éste es el dramático diálogo que se registra entre el Caballero de la Blanca Luna, vencedor del duelo y Don Alonso Quijano, El Quijote de La Mancha; el vencido; éste último, principal protagonista de la novela Don Quijote de La Mancha, máxima obra de nuestro idioma.

Es que el vencedor es un falso caballero complotado con la familia del Quijote, quien creyendo hacerle un favor para alejarlo de su presunta locura caballeresca, se disfraza de caballero andante, lo desafía a pelear a Quijote y además de no reconocer la belleza de “la sin par Dulcinea del Toboso”, lo vence; la pena impuesta por el vencedor es que el derrotado renuncie a sus andanzas durante un año. En ese plazo está obligado por haber empeñado su palabra de honor, a recluirse en su casa y dedicarse a una vida sosegada.

El caballero derrotado, se resigna porque es un hombre honorable vencido en combate leal, pero sucede lo que nadie se imaginaba en su entorno; el Caballero Andante poco después, falleció de tristeza. Dispuesto siempre a morir en duelo, no soportó la sospecha de que quizá moriría en la cama como un pacífico anciano.

Moraleja de ese final literario, batirse a duelo en defensa de la honra ofendida, es lo que corresponde a un caballero sin importar el resultado, porque aunque se pierda la vida, la honra debe quedar a salvo.

La novela en cuestión más allá de sus profundos contenidos, desarrolla la narrativa en clave de parodia a las novelas de caballería; práctica caída en desuso algunos siglos antes de la edición de la obra. A principios del siglo XVII, nadie se bate a duelo con caballo, armadura, yelmo, adarga y lanza, pero la defensa de la honra a punta de espada y otros adminículos belicosos, está naturalizada tanto en la Europa de la Modernidad como en la América conquistada.

Y así fue que cruzando armas entre ofensores y ofendidos, el duelo sobrevivió en nuestras tierras hasta el presente; ya que sin la aparatosidad que revestían los lances dentro de las clases altas, los medios de comunicación hoy en día dan cuenta con frecuencia de episodios que titulan como “hechos de sangre”. A veces asesinatos a mansalva, otras, desafíos a pelear con cuchillo, descartando la plebeya y económica pelea a trompadas.

En la Argentina la modalidad caballeresca tuvo su auge en el siglo XIX, pero hasta bien entrada la pasada centuria, se lo seguía practicando, con la “vista gorda” de las autoridades, ya que que el duelo está prohibido por el Código Penal Argentino (Artículo 17), el que castiga con prisión de uno a seis meses a los contendientes si resultaran ilesos o con lesiones leves; en caso de muerte de alguno de los combatientes, el vencedor quedaría encuadrado en la figura de homicidio, seguramente caratulado “En riña”.

La Época- 14-10-83

Muchos de los personajes cuyos nombres identifican nuestras calles, fueron protagonistas de duelos “en defensa de la honra”. La lista es interminable y las circunstancias y los motivos, oscilan entre el drama y la parodia. Pero el enfrentamiento no se improvisaba.

Registrado el incidente, quien se consideraba ofendido enviaba al ofensor dos padrinos.

Éstos explicaban al desafiado los motivos que promovieron el lance y los pormenores del enfrentamiento. A veces con la retractación pública del ofensor se evitaba el combate, pero por lo general ésto no pasaba. El ofendido tenía el derecho a elegir armas, que podía ser de fuego y de puño, con la cantidad de disparos pactada previamente, o arma blanca, por lo general sable y la modalidad filo, contrafilo y punta. Podía ser “a primera sangre” o varios cortes, hasta que el ofendido considera que la sangre derramada alcanzó para lavar la ofensa o los médicos de ambas partes recomendaran suspender la lucha. También hubo combates a muerte y otros que los contendientes decidían suspender porque ya no podían mantenerse en pie. En general eran varios asaltos de dos o tres minutos con descansos de uno o dos minutos.

El lugar elegido era la quinta de algún caballero discreto, como la “Casa del Ángel” del barrio de Belgrano o la quinta de Gregorio Lezama, actual parque del mismo nombre en el barrio de San Telmo. Los sitios “discretos” eran muchos. Pero un detalle no menor es que dichos enfrentamientos sólo se registraban entre “caballeros”; ya que los señores de alcurnia no aceptaban desafíos de gente pobre o de alguien que simplemente no fuera considerado de su rango social; para esos, con la policía alcanzaba.

En el lugar del encuentro se hallaban los padrinos de ambas partes, el juez del combate, uno o dos médicos y a veces allegados a ambos duelistas.

Las reglas, si bien venían establecidas por el uso consuetudinario, en su momento de auge circuló un reglamento que establecía las condiciones para que el duelo fuera considerado como tal y sobre todo, una práctica de caballeros, lejos de advenedizos e “infiltrados” en el círculo áulico de los poderosos.

Algunos frecuentadores de ésta práctica fueron Lucio Victorio Mansilla, hijo del héroe de la Vuelta de Obligado y sobrino de Juan Manuel de Rosas. Don Lucio Victorio se batió más de media docena de veces. También fueron muy conocidos los lances del diputado socialista Alfredo Palacios. En 1914 se batió con un tal Carlos Silveira sin mayores consecuencias, pero un año más tarde al desafiar al diputado Horacio Oyhanarte, fue expulsado de su partido, ya que los estatutos de su agrupación prohibían los duelos, por lo tanto, Palacios renunció también a la banca parlamentaria.

A su vez, fue memorable el choque entre el líder radical Hipólito Yirigoyen y su entonces correligionario Lisandro De La Torre. En duelo a sable, el santafesino (luego fundador del Partido Demócrata Progresista) habría llevado la peor parte, ya que se cuenta que la legendaria barba con la cual se lo conoce en todas las fotos de época, habría sido para disimular la profunda cicatriz de la herida que le produjera Don Hipólito.

También por aquellos años el gran deportista y precursor de la aviación argentina, Jorge Newbery, además de los puños también cultivaba la esgrima. lo que lo convirtió en temible duelista, como lo experimentó un tal Alex Hock, que cometió una torpeza con la mujer de Newbery en un local nocturno.

Visos mucho más trágicos tuvo la afición a los duelos del poeta Leopoldo Lugones. El polémico hombre de letras cuyas posiciones políticas derivaron de la izquierda al fascismo, le granjearon no pocos adversarios. Pero el punto de inflexión fue su romance con una alumna de veinte años, cuando él frisaba los cincuenta y tres. Un colega suyo, uruguayo, llamado Rodolfo Quesada Pacheco, fue acusado por Lugones por ventilar su noviazgo, que para la paquetería de la época era un escándalo. El poeta argentino retó a duelo al presunto indiscreto. Lugones era un excelente espadachín y el resultado es imaginable. Pero el romance terminó y el poeta habría caído en una profunda depresión. El fracaso de la presunta “Revolución Nacionalista” encabezada por el dictador José Félix Uriburu en 1930 y cuya proclama golpista se atribuye al poeta cordobés, tampoco habría sido ajena a su decisión final que fue suicidarse en 1938.

Duelo Criollo – Tute – La Nación – 07-06-01

Más allá de los pintorescos duelos que practicaban las clases altas, existía otro mundo más sórdido y alejado de las luces del Centro; el que en las páginas de los grandes diarios apenas registraba un recuadro en “Policiales”, cuando se conocía un lance caballeresco, pero de gente del arrabal. Eran los llamados duelos criollos. El orillero, un personaje suburbano que a finales del siglo XIX pobló los barrios alejados de la gran ciudad y su naciente Conurbano, era una mixtura de gaucho y hombre de ciudad. Del gaucho en extinción conservó buena parte del lenguaje, luego invadido por el lunfardo y los extranjerismos; los oficios vinculados al caballo (carrero, cuarteador, etc.) y sobre todo, el culto al coraje con su herramienta inevitable: el cuchillo. La costumbre de portarlo y el código obligado de “no dejarse basurear por naides”, generó infinitos duelos a cuchillo, sin padrinos, sin actas de compromiso, sin lujosas quintas como escenario. Sólo las calles de tierra y el farol mortecino fueron testigos en muchas oportunidades, de tanta sangre derramada a veces por cuestiones nimias.

“Un farol en duelo criollo vio / Bajo su débil luz, morir los dos”. (Tango Duelo Criollo – Letra: Tito Bayardo – Música: Juan Rezzano – 1928)

El tango fue registro y arte para perpetuar esa parte fundamental de la Historia Social de nuestro pueblo: el duelo criollo.

No obstante, un año antes del primer desembarc

o humano en la Luna, en Buenos Aires tuvo lugar un duelo “caballeresco” entre el entonces Comandante en Jefe naval de la dictadura de Juan Carlos Onganía, almirante Benigno Varela, con el periodista y dirigente radical Yoliban Biglieri. El marino retó al periodista por un artículo publicado en un periódico y que aquel consideró agraviante para su honor. El lance que se realizó en una quinta del conurbano sur, tuvo singular violencia, pese a que sólo duró cuatro asaltos, se registraron catorce embestidas “cuerpo a cuerpo”; situación que en muchos casos genera riesgo de muerte. Ambos contendientes sufrieron heridas varias pero no se reconciliaron.

Mucho más cerca en el tiempo, en el año 1992, el ex presidente de facto general Alejandro Agustín Lanusse, habría declarado a la revista “Somos” que “… no se puede ser peronista y decente al mismo tiempo”. Esto bastó al dirigente peronista José Serber, de más de setenta años, para retar a duelo al militar. Este al ser interrogado por la prensa, lanzó una carcajada y aseguró que a los padrinos del ofendido “… los voy a mandar de vuelta sanos y salvos”. El enfrentamiento nunca se consumó.

Siguiendo la saga de duelos fallidos son memorables los desafíos lanzados por el ex catcher de la troupe de Martín Karadagián, Oscar Demelli, quien luchaba bajo el disfraz de “La Momia”. El hombre que también había militado en una organización peronista ortodoxa en los años ‘70, desafió a duelo al entonces candidato a intendente de San Miguel y ex líder “cara pintada” Aldo Rico, por cuestiones políticas. El ex militar desestimó con sorna el reto de “La Momia”. También el luchador emplazó a batirse al cineasta norteamericano Alan Parker, por considerar “agraviante y falaz” el argumento de su película, versión del musical Evita. No se conoce acuse de recibo del director británico.

El catálogo de duelos consumados o fallidos, como ya se dijo, es interminable. Lo que no puede negarse, es que dicha práctica ya se cumpliera en las quintas lujosas o en los arrabales más ignotos, hoy es parte de la memoria nacional.

Duelo Criollo – PBT – 02-06-56

Fuentes Consultadas:
Duelos – Hamilton Mariano – Planeta -2019
Diarios y Revistas
Diario Crónica – 17-09-97
Diario Crónica –  04-03-92
Revista PBT – 02-06-50

Diario Popular -17-09-89
Revista Panorama – 12-11-68
Diario Popular – 03-11-02

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