Lunfardo
Fecha de Publicación:
Dame la Lata
Se habría transmitido en el ambiente rufianesco, a través de las centurias
Dame la Lata

Dame la Lata – Hipótesis
El tango Dame la lata, del pionero Juan Pérez, tiene un nombre que despertó la curiosidad de los investigadores. Hoy quedan pocas dudas de que debe su denominación a un origen prostibulario, más precisamente a la relación que se daba entre la encargada del lupanar, las pupilas, sus cafishos y los clientes. La lata era una pieza metálica, una ficha, que la regenta entregaba a sus mujeres por cada cliente “atendido”. Representaba la mitad  de la tarifa que se cobraba por los “servicios” y que, en teoría, pertenecía a la mujer. La otra mitad se la quedaba la encargada del local. El cobro se hacía contra la devolución de la lata a ésta. La teoría decía que esa cobranza la hacía la pupila, pues era ella quien había “trabajado”. Pero, era impensable la independencia de las prostitutas. Todas tenían un “protector”, su hombre oficial, el cafisho como lo denomina la terminología lunfarda.

En realidad era el proxeneta quien cobraba y se embolsaba el dinero. Pero para eso era necesario que la mujer le entregase la prueba, la llave que abría la caja de la regenta. De ahí la exigencia que caía imperiosa, sin posibilidad de protesta, sobre la mujer: Dame la lata.

Leyendo la letra de Dame la lata, el proto tango compuesto en 1888 por Juan Pérez, autor de letra y música, el canfinfla se queja de su trabajo:

“Qué vida más arrastrada
la del pobre canfinflero
el lunes cobra las latas
y el martes anda fulero.

Dame la lata que has escondido,
qué te pensás, bagayo,
¿Qué soy filo?
¡Dame la lata y a laburar!
si no la linda biaba
te vas a ligar”.

Ilustración Miguel Lucero – 2010

Antigüedad en la Lata Prostibularia – Desarrollo
En 1888 y en las romerías de Santa Lucía, organizadas en Barracas durante la semana correspondiente al 13 de diciembre, Juan Pérez dejaba escapar por primera vez de su clarinete el tango Dame la Lata.

La tal lata- como nadie ignora- era una ficha de metal, generalmente redondeada, que la regenta del prostíbulo entregaba a la pupila como comprobante del dinero recibido de manos de su cliente. La chica a su vez pasaba las latas a su proxeneta, quien por su parte, canjeaba las mismas por su porcentaje.

A lo largo de la calle Vieytes estaban ubicados los prostíbulos del barrio. Por supuesto, el tanguito de Juan Pérez fue pieza obligada de esos sitios donde convivían el culto a Terpsicore y el culto a Venus. Fue allí donde la muchacha farrista le acopló la estrofa que rezaba:

“Dame la lata que has escondido,
qué te pensás, bagayo,
¿Qué soy filo?…
si no la biaba, la biaba, la biaba
te vas a ligar”.

En consecuencia, pensábamos – y no sabemos de quien no lo pensara así- que la tan mentada “lata” debería ser un invento criollo o, al menos, una ocurrencia de los rufianes judeo-polacos afincados en Buenos Aires. Nuestra sorpresa fue mayúscula cuando descubrimos que estábamos equivocados, pues la ficha que, entre nosotros, se conoció con la denominación de “lata” no nació en la Argentina ni comenzó a circular en las postrimerías del siglo XIX, como lo testimoniaría el viejo tango de Juan Pérez. No, para entonces, la “lata” tenía ya varios siglos de existencia.

En 1937 fue editada en Francia una Enciclopedia sexual, en cuyo capítulo titulado “La prostitución” William Costler se refería al antiquísimo origen de esta ficha en los lupanares del Imperio Romano.

Dice Costler: “Las excavaciones realizadas en varios lugares de la Roma antigua han exhumado colecciones de fichas, cuyo propósito permaneció desconocido durante mucho tiempo. El descubrimiento de un fresco resolvió el enigma. Estas acuñaciones eran billetes de admiración para los lupanares. Parece ser que se acostumbraba en Roma tomar billetes de suscripción. Fichas similares fueron haladas en Pompeya, con inscripciones y grabados obscenos, que confirman su carácter”. (1)

En consecuencia, suponemos que la fichita se habría transmitido en el ambiente rufianesco, a través de las centurias, hasta llegar a los lenocinios criollos, donde la inmortalizó Juan Pérez con su despreocupado tanguito.

Comunicación Académica N° 1159
Roberto Selles acerca de Dame la Lata
Villa Ballester –  07 de noviembre de 1987
Académico  Número
Titular del Sillón “Dante A. Linyera”

(1)Prostibulario.  2°. Merlín, Buenos Aires, 1969, pp. 53/54

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Es un comunicador interactivo y gestor cultural, además de ser editor y diseñador de libros, investigador literario, crítico, coleccionista y curador de arte, y otras cosas más. Es una persona “de a pie” que colabora en muchas expresiones del arte.
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