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El Motor de la Sexualidad
A pesar de los cambios fisiológicos, el motor de la sexualidad no se apaga con la edad
El Motor de la Sexualidad

El Motor de la Sexualidad no se Apaga con la Edad
Si a los hijos ya les resulta difícil aceptar que sus padres son seres sexuados, mucho más improbable es que admitan la sexualidad en sus abuelos. En la cultura, la sexualidad ha sido siempre asociada a la juventud. Y pasada la época en que las hormonas fluyen más vigorosamente, cierto imaginario popular supone que en los adultos mayores desaparece su vida erótica. Y hasta aquí, el prejuicio. Que la actividad de las hormonas y el rendimiento físico tienden a decrecer con la edad es cierto, pero, ¿por qué debería desaparecer la sexualidad? «No es indispensable ser joven para vivir la vida y gozar de ella; basta con mantener activo el deseo, no importan los años que se tengan», sostiene Leopoldo Salvarezza, psicoanalista y psiquiatra, especializado en psicogerontología.

El deseo es el que impulsa el hacer, imprimiéndole una dirección; es lo que nos conduce en la  búsqueda de lo que queremos. Las fantasías, intactas tanto como recuerdo de experiencias pasadas como unidas a nuestras necesidades y vivencias. Deseo y fantasía no desaparecen, sino que se mantienen como fuentes de placer, comunicación y amor. Todo ser humano nace con una sexualidad que se determinará entre la infancia y la adolescencia y luego lo acompañará durante el resto de su vida.

Desde lo inconsciente existe una negación casi universal de la sexualidad de los propios padres, que se desplaza defensivamente a todas las personas mayores; es decir que se reeditan conflictos infantiles inconscientes en relación a los padres y se sostienen al mismo tiempo concepciones ideológicas impuestas por la cultura dominante, sin reconocer ni aceptar la necesidad de la sexualidad en la tercera edad.

Cantidad y Calidad
Claro que nadie espera la potencia sexual de los 20.  En la juventud se suele vivir con gran intensidad el aspecto genital de la pulsión sexual, sobrevalorando la cuestión, ya que los jóvenes tienden a realizar una evaluación  cuantitativa de su rendimiento sexual. En la sexualidad de los adultos mayores, en cambio, suele haber una mayor valoración de los derivados de la pulsión sexual, como la ternura, la sensualidad, la amistad, hecho que permitirá una evaluación cualitativa.

A pesar de los cambios fisiológicos, la búsqueda del placer no merma, la pareja añosa hace el amor con menos frecuencia y demora más tiempo que antes, pero lo disfruta tanto o más, porque ya conoce lo que le gusta y lo que no, así cómo lograr el placer llegando o no a la culminación del acto sexual.

Lo Sexual y lo Genital
Aunque se sabe que la sexualidad no sólo pasa por la genitalidad, los estudios realizados en los Estados Unidos por Kinsey y por Masters y Johnson habían mostrado ya que el 50% de los mayores de 75 años son sexualmente activos. En ese sentido, podemos decir que las causas patológicas que pueden llevar hasta la impotencia sexual al adulto mayor, además de los problemas físicos, son la inhibición cultural y el hecho de que ellos mismos consideren ridícula esta actividad a su edad. Pueden tener miedo e incluso inhibirse al sentir o imaginar que están capacitados para satisfacer a su pareja.

La Fantasía de la Juventud Eterna
Los genitales internos y externos lentifican la tensión sexual, pero no la anulan. Pero la sexualidad no sólo es genitalidad y potencia: es deseo, amor, el encuentro con el otro en lo más íntimo, el arribo a las fantasías, presentes desde el nacimiento, que jamás se interrumpen, aunque pueden reprimirse individualmente o culturalmente, produciendo graves perturbaciones psicológicas.

Aquel que no necesite amor, intimidad, caricias, abrazos, besos… que arroje la primera piedra.

Aunque también es cierto que en esta época que nos toca vivir, los vínculos tienden a ser superficiales.  Se da por sentado que la felicidad pasa por el consumo, la moda y la fantasía de la juventud eterna.

Ya en los años ’60, Simone de Beauvoir daba cuenta de que «si los viejos manifiestan los mismos deseos, los mismos sentimientos, las mismas reivindicaciones que los jóvenes, causan escándalo: el amor y los celos parecen odiosos o ridículos; la sexualidad es repugnante».

Lic. Claudia Karabaic
Psicóloga del Equipo de Redba
Consultas WhatsApp: 11-6883-2280

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