Por Amor al Arte
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Este Barrio es Metafísico
Entrevista a Marino Santamaria – Publicada en Testimonios de Buenos Aires - 2001
Este Barrio es Metafísico

Marino Santamaría nació en Buenos Aires el 26 de septiembre de 1949. Primogénito del ceramista y pintor Marino Pérsico y de Zoraida Santa María, oriunda de Paraná – Entre Ríos.
Tres años mayor que su hermano Alejandro, la infancia de ambos transcurre en la casa de Lanín 33 del barrio de Barracas. Su padre tenía atelier en el salón delantero mientras que el horno de cerámica funcionaba en un galpón en el fondo. Familia extensa, allí también vivían sus tíos Juan Pérsico y Victoria Abad. El patio era escenario de juegos y aficiones de los chicos: Marino llegó a criar hasta veintiocho conejos y en ese lugar Alejandro mantenía una enorme pecera. Hoy, pasados los años, el taller de Santa María funciona en aquel edificio y su impulso artístico se irradió sobre el barrio convirtiéndolo en una de sus principales obras. Egresó de las escuelas de Arte “Manuel Belgrano” y “Prilidiano Pueyrredón” y fue rector de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” (1992 a 1998).
Desde el momento en que cesa en el cargo Santa María elabora el Proyecto Calle Lanín, por el cual se refaccionarían y prepararían las fachadas de dicha calle para finalmente intervenirlas mediante pinturas. En las distintas etapas, este emprendimiento ha recibido los auspicios del Ministerio de Cultura y Educación y de la Secretaría de Cultura de la Nación, de la UNESCO, del Museo Nacional de Bellas Artes, del Centro de Gestión y Participación Zona III de la Ciudad de Buenos Aires y de la Legislatura porteña, que lo declaró de Interés Cultural.

Pregunta: Cómo era su familia?
Respuesta: Nací en 1949 en ésta casa donde hoy está el taller. Vivíamos mis padres, mi hermano y yo. Teníamos dos piezas. Compartíamos el resto de la casa con un matrimonio de tíos. Había un patio con una parra y al fondo, dos higueras, el gallinero y los hornos de cerámica de mi padre.

P: ¿Tu padre era artista plástico?
R: Así es. Marino Pérsico. Nació en 1910 y falleció en 1976.

P: ¿Qué tendencia estética tenía?
R: Era postimpresioniosta. En su formación, una parte de su obra primero fue religiosa, luego incluyó el inicio de Barracas; el cableado eléctrico, por ejemplo. Y también todo lo clásico de La Boca. Después viajó a Paraná donde conoció a mi madre y se casaron.
A partir de ahí la temática de su obra gira entorno al Litoral. Tanto la cerámica como la pintura, son ocupadas por paisajes y pinturas del Litoral. Básicamente de Diamante y Paraná.

P: ¿Cómo fue tu infancia en ésta calle?
R: Hacía lo que se podía hacer en estos barrios: jugar al fútbol, a la bolita, a la rayuela.
Ir a casa  de algún vecino que tenía televisión a ver una novela o algún partido.
Después de eso asociarme a Boca Juniors, como era lógico. Ir disfrazado a la cancha y estudiar comercial, no sé para qué.
Hice la primaria en distintos colegios de la zona, pero lo que me marcó fue Santa Elisa, una escuela religiosa.

P: ¿Tus padres participaban activamente en la educación de ustedes?
R: Mi madre fue quien condujo la educación de mi hermano y mía. Mi padre era el que ponía los límites, pero él estaba dedicado a su profesión.
Cuando terminé el secundario me decidí por Bellas Artes, descartando arquitectura. Empecé a frecuentar la mutual de estudiantes de Bellas Artes con plata que me daba mi vieja a escondidas, porque mi padre no quería que estudiara esto.

P: ¿Vos notaste en algún momento eso que llaman vocación?
R: No. Lo único que podría definir como una tendencia porque se deduce de mis actividades, es lo siguiente: fui delegado estudiantil, delegado gremial, delegado de la UNESCO, artista plástico en el medio de todo eso y también rector. Lo que se decanta es el trabajo con el prójimo.
Decidí no hacer política partidaria y estar en arte. Y apareció el cargo de rector que de algún modo es un cargo político. Siempre estuvo presente lo social.
Si fui a una Unidad Básica o un comité, fue porque algún amigo hacía algo. No como el lugar de depósito de mis inquietudes.

P: ¿No tuviste un fuerte compromiso a pesar de ser parte de una generación marcada por la militancia…?
R: Compromiso, sí. Porque era gremialista. Sí compromiso político; no compromiso con los políticos. Soy afiliado peronista pero no concurro a las básicas y esas cosas.
Sí participo de los ámbitos de cultura.

P: ¿Cómo fueron tus primeros pasos?
R: Cuando me recibo en la Escuela Manuel Belgrano en 1972, año en que me caso, la actividad a la que me facultaba Bellas Artes era hacer arte o docencia, no otra cosa.

P: ¿Hay otra cosa?
R: Publicidad. Hoy hay vídeo y fotografía. Pero entonces era sólo eso.
Empiezo a trabajar en la escuela William Morris de La Boca como maestro de plástica y en la escuela Della Penna. Ahí armo el taller infantil. Llegué a tener 120 chicos en ese taller.
La experiencia me sirvió para dos cosas: para mi obra y para trabajar con adultos.
Porque un chico pinta sin prejuicios, con poca información pero con una gran carga interna.
Eso le permite hacer lo que quiere o por lo menos dar los datos de lo que quiere.

P: ¿Algo así como el libre fluir de la conciencia del que hablaban los surrealistas?
R: Sí. Pero lo que hacen los chicos tiene un poco más de certeza. Porque no llega a ser surrealismo. Si yo le pido a un chico que dibuje un oso hormiguero, lo hace. Y nunca lo vio. O vio un dibujito, o tiene algún dato. Sin embargo lo dibuja.
Una vez, después de egresar de Bellas Artes, estaba haciendo retratos de gitanas con gatos y me puse en el patio de un conventillo donde había muchos gatos.
Quise hacer gatos y me salían perros, ratas, de todo menos gatos. Entonces decidí tomar el ejemplo de los pibes. Fui al caballete, me propuse sentir dentro mío al gato y entonces salió el gato. Esto significa que el chico maneja un modelo interno y no el que uno ve.
Y lo que vemos es siempre relativo. Con lo cual digo también que la educación si no se internaliza y se queda en la fórmula, tampoco es formativa.

P: ¿Y con los adultos?
R: Es como que un escalón va llevando a otro. Creo que eso me marcó en la tarea docente. Yo no puedo planificar si no es con la persona que tengo adelante. Y con la obra que esa persona produce. Mucho menos creo en una metodología como verdad, todo depende de los que se pueda convenir entre el educador y el educando.

P: ¿En que corriente estética te ubicás hoy?
R: Yo llego a esta estética con una historia anterior. Hablábamos de Barracas y de éste lugar como juego. Y lo que me gusta de Barracas es que levanto la vista y veo cielo. En otros barrios tengo que hacer un esfuerzo  para ver el cielo. Tener siempre presente el cielo, fue ante todo, lo que marcó mi primer obra, Segundo, la obra que hice en la época de la dictadura militar y en tercer lugar, la obra actual, como  un decantamiento de lo que fui logrando de algún modo con la otra pintura.
La primera etapa, la del estudio, tuvo que ver con Gauguin y otros. La otra donde empiezo a definir un camino más propio, tiene que ver con lo metafísico; porque éste barrio es metafísico. Es de mucho silencio y de cosas un poco misteriosas. Y de mucha soledad.

P: Las casa viejas y las fábricas abandonadas dan una sensación inquietante…
R: Sí. Pero ésta porción del barrio, este rincón mío que cambió un poco con la autopista, era muy parecido a lo que es. Por eso lo cambié. Esto no era típico; era lamentable.
La clásica situación de abandono que padece la zona sur de la ciudad.
Lo que estamos produciendo fue lo que gestó un vecino, que soy yo, junto a otros que aceptaron la idea y por estudiantes que colaboraron sin ser del barrio.

P: Antes de meternos en la obra de la calle Lanín, contame cobre los trabajos que merecieron los premios de Naciones Unidad y el Consejo Argentino de la Paz.
R: Desde 1976 en pleno Proceso Militar, además de que me vinieron a buscar dos veces y también ser delegado en la Asociación de Trabajadores del Estado, yo trabajaba una obra con el tema de la libertad, pero por el absurdo. Es decir, por la negación de la libertad.
Hacía obras con pájaros encerrados basándome en poemas de Prevert; o el tema del encierro en los departamentos, o directamente sobre la libertad en la creación.
 El tema tenía que ver con los desaparecidos, pero esa fue una lectura posterior a la realización. Nunca a priori. Jamás me dije: «Voy a pintar desaparecidos». El tema era la libertad. Los pintaba y me daba cuenta después.

P: ¿Después de esa temática?
R: Sigo pintando soledades pero como paisajes metafísicos, con un dejo de surrealismo. Eran chimeneas largando humo en medio del campo, objetos olvidados por el hombre en el campo.
Siempre aparecía el elemento urbano o industrial como interfiriendo. De ahí creo que esa obra de paisaje deviene en ésta obra abstracta. Pero las chorreaduras siguen siendo las olas de unos mares que yo hacía también con chimeneas; y los recortes pegados en las maderas siguen siendo aquellas chimeneas que interferían algo.

P: ¿Cuándo llega el cambio?
R: Después que fui elegido para viajar a la Feria de Arte de Madrid. Comencé a trabajar acero inoxidable y madera. Yo digo que el acero fue una manifestación impresionista; reemplazar la ilusión de la luz.
Pero este cambio de materiales me lleva a una cosa más conceptual y lo que hago hoy, es como huellas que deja el color sobre el material líquido que es esmalte sintético o plastificante de piso. Esas huellas son como recorridos, como tiempos, que quizá tiene que ver con el paisaje propio.

P: ¿En 1985 te invitan a realizar un mural en el subte «E»; Cómo se conecta con lo que hacés hoy?
R: Una cosa es el mural y otra el arte público. En mi circunstancia de hoy, se condensan varias vertientes; primero, el artista plástico; segundo, el rector de escuela y tercero el supuesto arquitecto que dejé descansar un poco, pero que en la gestión de rector retomé.
Y por último, lo social. La participación de la gente, movida en la calle. Ahora no recuerdo en que año hago «El oro y el barro» en televisión, protagonizada por Miguel Angel Solá.
Ahí realizo todas las pinturas, que eran unos 60 cuadros, para un gran escenógrafo que fue Esquivel. Después me quedo un año más en Canal Nueve, el único que tuvo ambientación con obras de arte. Lo que hago ahora no es mural sino arte urbano. Es intervención color. Y digo que no mural, porque está pensada para cada frente. La obra es una obra anterior que nació en una tela para una galería o museo. Cambia de soporte y se amplia en un soporte gigante y al aire libre.

P: ¿Y el mural?
R: El mural tendría que tener una disposición de la pintura para tener un mensaje para esa arquitectura o servirle a la arquitectura. Éstas son pinturas que en vez de utilizar óleo, las hago con pintura exterior. Provienen de pinturas menores que pasan a ser grandes pinturas, donde sí cuido la arquitectura en lo estructural, reforzando con color las características, los relieves.
A todas las líneas de fuerza que tenga la fachada, le amplio la fuerza del color para sostenerla.
Reitero; esto por un lado es intervención color y por otro, arte urbano.
En ningún momento es mural. A lo que más se aproximan esos términos, es a lo urbanístico. Porque una vereda viene atada toda al color azul y la otra al amarillo. Oh! casualidad, los colores de Boca.

P: ¿Es casualidad?
 R: Qué sé yo. Diría como Rilke que todo viene de la infancia; y si yo iba disfrazado a la cancha de Boca, hoy la única manera de no poner esos colores sería censurándome.

P: ¿Cómo se concreta la obra de la calle Lanín?
R: El desafío fue crear en Barracas un lugar de arte contemporáneo. Abordé a la Junta de Estudios Históricos del barrio que me dio su adhesión. El segundo punto fue declarado de Interés Cultural por la Legislatura porteña.
Ellos aprobaron igual que la UNESCO y el Museo Nacional de Bellas Artes; la empresa Alba nos dio su apoyo y así arrancamos. La fundación del Banco Ciudad, hizo el aporte restante.

P: ¿Cómo recibieron los vecinos más viejos, ésta propuesta de convertir la calle en una obra de arte contemporáneo?
R: Los más viejos son dos. El resto no tiene más de 15 o 20 años, en el barrio. Pero como además nací acá, tengo el taller acá, consideré que no tenía que pedir permiso a nadie. Tengo los mismos derechos.
El vecino participó en primera instancia, aceptándolo. Segundo, donando su fachada. Tercero, haciendo una gran cena en la calle, poniendo pasacalles de agradecimiento y atendiendo a los medios.
No tuvieron miedo a una supuesta invasión turística. En muchos casos, empezaron a pintar sus casas también por dentro, en forma creativa.
Hicimos una ñoqueada con 240 vecinos comiendo gratis en la calle. Le pedí al papero que vive ahí, 40 kilos de papas y los repartí entre las vecinas. Ellas amasaron, yo puse las mesas, otros pusieron el queso rallado, la salsa, Casa Cuna instaló un buffet y así se pudo armar todo. Ahora los vecinos están iluminando las fachadas, pero cada uno se hace cargo del gasto.

P: Por las características del barrio, uno se imagina una movida cultural impregnada de tango o temática obrera… Más cercana a Quinquela Martín que a éste estallido de colores…
R: Primero, está el hecho de que la gente aceptó el estallido de colores. Segundo, esto prueba que el arte abstracto tiene también función social. El color tiene una función social.
Ya que citaste a Quinquela, vale la pena recordar que es un pionero. Pero Quinquela en Caminito hace arte abstracto.

P: ¿Cómo es eso?
R: No hace nada de lo que él suele pintar. En Caminito pone solamente planos de color. Los planos de color se apoyan directamente sobre las casas. Pero el plano de color y el conjunto son una abstracción. Lo es a tal punto que todavía creo que la obra no ha sido interpretada por algunos. Caminito está como invadido.
Quinquela planteó, un museo de Arte Público al aire libre y hoy, tenemos una feria al aire libre. No es lo mismo una feria que un museo.

P: ¿Ese pintoresquismo sobrecargado, que padecen algunos lugares es porque se supone que el turista lo compra?
R: En otros países, al turismo que «vende», el turista lo compra más que en Caminito. Sin embargo no por eso se bastardean al Louvre o a El Prado.
Otro tema es el abandono en que se encuentran algunos de esos sitios pintorescos. Estuve en un boliche de San Telmo y era realmente lamentable. La mesa que se desarma, todo escrito, lleno de tierra. ¿Nos tendremos que decir que eso es lo típico nuestro? que yo sepa los lugares que encarnan la identidad y la memoria, no necesitan estar sucios, llenos de tierra o escritos, para mantener su historia.
Yo cuando decidí pintar aquí, pensé en cambiar el barrio; pero ante todo quise cambiar el pastizal y el nido de ratas durante 50 años tuve en la esquina. Todo empezó a cambiar cuando se asfaltó, se pusieron árboles. Ahora noto que esto era un desastre. El barrio no tenía la posibilidad de contraste. Barracas necesita golpes para tener posibilidad de crecer.

P: ¿El tango tiene alguna presencia aquí?
R: Yo viví en éste lugar tanguero. Sin embargo jamás escuché un tango en la cuadra. Mi viejo era buen bailarín de tango y tenía que ir a La Boca a bailar. Aquí escuchaba ópera. Era hijo de tano.

P: ¿La experiencia de pintar así los frentes, cómo repercutió en la relación entre vecinos?
R: Había vecinos que se hablaban entre ellos. A partir de ahí, comenzaron a tratarse. A hablar de los colores, porque ellos eligen los colores. Costó convencer a algunos porque ésta es una pintura abstracta.

P: ¿Quiénes pintan?
R: Alumnos, algunos de acá. Pero en realidad pinta quien tiene cualidades. Hay alumnos que no pueden pintar una fachada, aunque son muy buenos; y resolví fachadas con el pintor de pared común. Pero trabajaron entre 12 y 14 personas, que fueron estudiantes de arte.

P: ¿Cómo sigue la historia?
R: Inaugurada la calle me interesan dos cosas: un parque de instalaciones sobre esculturas, tendría un terreno, para lo cual hay que ver quien lo pone en condiciones. Y por otro lado un proyecto que involucra directamente al vecino. Consistiría en una muestra de fotografías en los frentes de las casas y sobre cada una de esas fotos que ellos me den, de su propia historia y dibujo; intervengo en la fotografía. Todo se expondría en la calle como si fuera una galería de arte. Lanín tiene en una esquina la fábrica textil. Yo aspiro a que en cada uno de los espacios que hay entre ventana y ventana de esa fábrica, los ocupe un artista latinoamericano. Que  trabaje acá y exponga su obra a lo largo de la fábrica.

P: ¿Cómo continúa participando el vecino?
R: La intención es conformar in grupo de vecinos para definir las actividades a desarrollar para mantener la calle viva. Además de una fundación para garantizar el mantenimiento del material.
Pero esto es un trabajo en equipo. Yo solo no hubiera podido sostenerlo.
Hay dos cosas que no quiero: que esto sea un Casapueblo, no porque este mal sino porque no me interesa como mi proyecto artístico. Tampoco quiero que esto sea una peatonal. El arte es para ser vivido. No para convertir nuevos museos con supuestas puertas virtuales. Que además después, por ser virtuales se las desvirtúa. Como Caminito. Quiero que Lanín siga su vida normal, aunque con las fachadas distintas. Mientras al vecino le guste, se las mantendremos.

P: ¿El arte incorporado a la vida cotidiana?
R: Es lo que debe ser. Yo digo que el museo y la galería, son laboratorios donde se investiga. A veces se archiva, pero se investiga. El arte contemporáneo dentro de los museos investiga, prueba y arriesga. Trabaja de algún modo, para los entendidos. Pero eso mismo que pasa en el museo, se puede llevar a cabo porque la gente lo va a entender. O lo va a vivir a gozar. Lo que falta son políticos para que el arte este en la calle.

P: ¿Tenés otros proyectos?
R: El proyecto Tango. Es la instalación en diez fachadas de otros tantos barrios porteños, de un fondo de puntos de color. Sobre esos puntos, pinto la partitura del tango que identifique a ese barrio. De tal modo que una orquesta adelante, la pueda ejecutar.

P: ¿Qué más?
R: Surgió la posibilidad de alquilar un galpón enfrente para tener alumnos. Dejé todo lo que era educación oficial, para dedicarme a formar alumnos, para darles salida profesional, dentro del campo artístico. Es posible también crear una escuela de artes y oficios. Si esta escuela tuviera apoyo, equipamiento, estaría la oportunidad de modificar artísticamente buena parte de Barracas, con la misma gente quien aquí se formaría en forma gratuita. Pero hace falta apoyo.

P: ¿Una reflexión final?
R: La obra que cada uno de nosotros hace, es el disparador a otra. Hay que estar atento a lo que uno sueña ser, a lo que es posible y a lo que otros quieren compartir.

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