Personajes en el Tango
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El Llorón
Es una Vertiente del Pensamiento Único, el que Instaló que Llorar es Debilidad
El Llorón

Durante siglos el llanto estuvo asociado a la debilidad. En los días que vivimos cambio bastante la mirada sobre el tema. El lento desarme del pensamiento machista en la cultura occidental y en la Argentina en particular, va dando sus frutos. No sólo lo atinente a la igualdad de géneros y otros derechos civiles, sino también a conceptos de largo arraigo.

Uno de los mandatos más instalados es “no debes llorar”. ¿Quiénes? Los hombres. No porque las mujeres no “deben” llorar, sino porque para la cultura machista es más natural que las mujeres lloren, porque “son más débiles”; sostuvo el sentido común durante siglos.

Ambas ideas son vertientes de un pensamiento único, el que instaló que llorar es debilidad.

En nuestras tierras esa visión no fue exclusiva de los criollos. La fuerte inmigración europea también aportó su bagaje de prejuicios en ese sentido, fortaleciendo el tronco común de la discriminación. Del consenso que gozaba la asociación de llanto con debilidad, es ejemplo nuestro Martín Fierro, cuando relata el momento en que llega la partida a la pulpería y se lleva a los parroquianos para servir en la milicia:

“Tan grande el gringo y tan feo
lo viera cómo lloraba”.

Es decir, el Gringo lloraba como una mujer o un chico.

Luego con el crecimiento de los suburbios de las grandes ciudades, Buenos Aires en primer lugar, ese prejuicio encabezó los valores éticos del orillero. Para los cultores del coraje, ser flojo era un baldón deshonroso. En consecuencia, el tango se nutre de infinitas historias en las que a los varones se les prohíbe el llanto.

“Siga un consejo: no se enamore
y si una vuelta le toca hocicar,
¡Fuerza canejo! sufra y no llore,
que un hombre macho no debe llorar”.

Dice una de las piezas más emblemáticas, “Tomo y obligo” de Manuel Romero y Carlos Gardel; pero el repertorio es inagotable. No obstante, la norma es violada en forma constante, como lo confirma la abultada colección de letras que describen a hombres llorando un amor perdido en todas sus variantes: por la que lo traicionó, por la que él abandonó o por aquella que es un amor imposible.Todas esas mujeres se hicieron acreedoras al llanto masculino.

Haciendo justicia al tango y de paso cuestionar aquella atrevida afirmación que definió al tango como “lamento de cornudos”, podemos repasar el extenso repertorio de boleros cuyas letras también derraman lágrimas masculinas en abundancia. Pero existe una sola clase de llorón que los “duros” no cuestionan y hasta lo ven con admiración: el que llora por la madre o hijos fallecidos. El tango tiene una vasta antología de letras que lloran sin pudor por la “viejita” perdida.

Ya en el terreno de los dichos, “El que no llora no mama” hizo escuela. Inmortalizado por el tango Cambalache de Enrique Santos Discépolo, sigue gozando de buena salud entre los mayores. Otra frase histórica y un poco pasada de moda, es “llorar la carta”. Se llora la carta para abrir el camino al paso siguiente que es “trabajar la moral”; y cuyo resultado es conseguir un beneficio mediante el “mangazo”, es decir “pechar”, pedir algo. El manguero trabaja la moral de alguien también para justificar un error cometido, alguna “agachada” contra el interlocutor o un tercero. Luego el damnificado explicará a otra persona: “me lloró la carta”. Como autojustificación por haber aflojado ante el argumento del llorón.

El duro calificativo también incursionó en la política. Son memorables los duelos verbales mantenidos por el ex presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, y el entonces Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), Saúl Ubaldini. En mayo de 1985 en un mensaje desde la Patagonia y en respuesta a la convocatoria a un paro general lanzado por Ubaldini, el Jefe de Estado advirtió: “Debemos resolver cuanto antes nuestros problemas, pero no los vamos a resolver con llorones que se ponen frente al pueblo para decirle que que hay que cambiar la economía o irse”; y redobló el desafío: “… lo vamos a lograr aunque algunos mantequitas estén llorando y quejosos”.

Poco después el sindicalista replicó al primer mandatario: “Llorar es un sentimiento… pero mentir es un pecado”.

Entre tristezas y alegrías, entre llantos y pañuelos, nuestra cultura popular siguió construyéndose; aunque a veces hay que llorar la carta.

Ilustración – Miguel Lucero – 2010

Del Libro Personajes del Tango – Roberto Bongiorno – Editorial Unilat

Referencias

Llorar la Carta: Leng. Pop. Fingir desposeer algo para que no se nos exija, o no cumplir con un compromiso.

“Señor director: Nos tomaron el pelo. Está claro que éste es un gobierno muy mentiroso. Ahora no saben qué van a darnos el año que viene estamos a la deriva. Los de Córdoba que lloraban la carta porque no tenían plata para pagar a los jubilados y ahora los concejales de Río cuarto se aumentan las dietas un 150 por ciento. Son todos unos caraduras. Senadores, diputados, gobernantes, se abusan de los viejos…”
Rodolfo E. García – Jubilado – Berazategui – Pido la Palabra – Popular – 04-10-08

Llorar por los Rincones:  Leng. Pop. Darse por vencido, mostrar una pena profunda.

“Cuando le confirmaron que tenía cáncer, no se dejó caer. ‘En estos casos, la gente se asusta, se paraliza y no es bueno eso. No es algo que se pueda evitar, pero se puede no dejar caer el espíritu’. Se mentalizó, dice. ‘Desde que lo hice, toda mi vida cambió. Jamás me abandoné, no anduve llorando por los rincones, ni dando lástima. Al contrario, voy dando fuerza  a los demás, que es una manera de darme fuerza a mío misma. Y trabajé más que nunca en toda mi vida, sintiendo la vida de otra manera?”
Georgina Elustondo a Estela Raval – Clarín – 04-10-08

El Llorón

Yo… soy pa’ el amor muy blando
y a la mujer pa’ conquistarla
yo le hago ver de cuando en cuando
que hay que llorar pa’ enamorarla…
Hoy… me dicen los muchachos:
«Qué hacés, llorón… que no se diga»,
pero a mi qué… si el que más liga
yo bien sé que es el llorón…

(coro) Llorón…
(solo) No me preocupa lo que digan…
(coro) Llorón…
(solo) A veces llora el que más liga…
(coro) Llorón…
(solo) La circunstancia es la que obliga
y siempre… siempre primero yo…
(coro) Llorón…
(solo) Vos qué sabés lo que es conquista…
(coro) Llorón…
(solo) Yo pa’ llorar soy un artista…
(coro) Llorón…
(solo) No hay una que se me resista…
y siempre… siempre primero yo…

Soy… el Picaflor del Norte,
m’e diplomao haciendo cortes.
Por diversión yo tallo y rompo
y pa’ bailar soy como trompo…

A ninguna me le achico…
Les canto «Flor», me juego entero…
Soy pa’l amor «jarabe ‘e pico»…
¡Hacerse a un lao… que paso yo!…

Tango
Música: Juan Maglio
Letra: Enrique Cadícamo

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