Literatura Iberoamericana
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Que Nada Nos Falte
La escritora mexicana Edith Barrios Rodríguez nos alienta para que no vivamos en tribulación y angustia
Que Nada Nos Falte

Qué bueno es saber que, con la paz verdadera, tendremos una buena vida; que la tranquilidad   viene de la serenidad de nuestro espíritu y que nos da herramientas para sobrellevar y superar esas posibles tormentas de la vida.

Por Claudio Valerio

Que Nada Nos Falte
Reposar, Revigorizar y Renunciar son tres palabras que, además de que la primera letra es la «r», resultan de importancia para nuestra vida espiritual. Son tres palabras que, bien usadas y llevadas a la práctica, harán que nuestra vida sea mucho más feliz…

Reposar, Revigorizar y Renunciar son tres palabras que, además de que la primera letra es la «r», resultan de importancia para nuestra vida espiritual. Son tres palabras que, bien usadas y llevadas a la práctica, harán que nuestra vida sea mucho más feliz…

Con la primera tenemos la oportunidad, si lo deseamos, de descansar en los brazos de nuestro amado Dios; la segunda estimula nuestra fe y nos alienta a buscar fuerzas desde nuestro interior para vencer los obstáculos que se presentan en el camino; y la última, la tercera, nos prepara y educa a que renunciemos a nuestros propios intereses y a que disfrutemos de todo de bueno que nos pueda dar la vida.

Qué bueno es saber que, con la paz verdadera, tendremos una buena vida; que la tranquilidad   viene de la serenidad de nuestro espíritu y que nos da herramientas para sobrellevar y superar esas posibles tormentas de la vida.

La escritora Edith Barrios Rodríguez nos alienta que no vivamos en tribulación y angustia; a que lo hagamos mansamente y en aguas tranquilas.

Soy Palabra 

Por Edith Barrios Rodríguez, escritora mexicana

Quebrado y sin Magia…

En un cajón donde están arrumbados junto conmigo, que no guardados, varios objetos disímbolos, como ese bolígrafo de propaganda de un restaurante, ese trozo de encaje de una panti que no está aquí, el labial que ya huele a manteca vieja, un lápiz sin goma ni punta, un frasquito de aromatizante y repelente para mosquitos que ya no sirve para nada, un ala de murciélago disecada, una pirámide de resina quebrada, un buda rechoncho separado de su base de madera, una virgen de Guadalupe partida por la mitad y sin nariz, unas monedas chinas a las que falta su hilo rojo, un duende sentado sobre bolsones de monedas totalmente despostillado y con tierra en su base que sostiene un trébol partido y que muestra el alambre que le conforma, y en un rincón estoy yo, quebrado, sucio, sin manos…

Empieza el día (suspiro); ¡otro día!, y aquí estoy, ¿quién me viene a ver? ¿Ya no creen en mí? ¿Por qué me dejan en el olvido y en este rincón? Oigo imprecaciones, gemidos y lloros; maledicencia al por mayor y por doquier y, sin embargo, a mí me dejan aquí arrumbado, quebrado mi cuerpo, dañado absolutamente, ¿dónde quedó mi brazo dentro de ésta inmensa caja de bazofias olvidadas? ¿Cómo bendecir a mis hijos? ¿Cómo hacer el signo establecido? Aquí adentro el aire es tan pesado y tan yerto aquí adentro que ya no estoy seguro de haber creado algo agradable y por momentos dudo de tener la capacidad de crear nada. Este es un aire enrarecido, cargado de éteres desconocidos y volátiles pero densos, nada limpio, esencias de substancias putrefactas. La rarefacción está plena de visiones de aspectos inusitados. En el ambiente ya casi no hay plegarias, sólo olvidos y represión, críticas y dolor malsano. La caja está cerrada y nadie me viene a ver. **

Me duele el brazo perdido de la Fe… ¡Padre!, ¿qué se hizo de la fe?, ¿dónde está?, ¿qué sucedió? ¿Acaso ustedes, tú, mis hijos, mis padres me hicieron así? Arcaicos tiempos desteñidos, destilados, difuminados, casi perdidos. Ya no más procesiones de almas puras, todo está cargado de vendimia, venden mi nombre, mi figura, mi promesa marchita y mancilla por todos. Ya no más incienso. Ya no más cirios tambaleantes y gordos iluminando el camino entre la neblina y la congoja, entre la atmósfera ritual de entrega y fe y yo aquí, olvidado. Me dejaron caer en el olvido; estoy fragmentado, no puedo hacer más milagros porque me han minimizado, me mutilaron. Ya no soy un dios… soy como Adán, hijo del cieno; soy como ellos. Barro cocido, viejo y olvidado y pisoteado hasta el aturdimiento del egoísmo imprevisto lleno de ligereza negligente, y omisa distracción inadvertida. Me han llenado de blasfemias siglo tras siglo, que ahora soy solo un insulto y por eso perdí mi brazo, ¿a quién bendecir? …y en ésta obscura soledad recuerdo que soy palabra: SOY PALABRA, SOY VERBO CREADOR: bendigo a la soledad y al silencio y a aquéllos lejanos recuerdos en que yo era un dios único y eterno, un dios milagroso y completo. Hoy es un día más, otro día más y nadie me viene a ver, aunque me estoy desmoronando en la arena del tiempo bendigo lo posible e imposible, lo presente y lo pasado, lo propio y lo ajeno, la nobleza y la maldad, la luz y la obscuridad, lo tangible e intangible; yo, aun cuando soy un crucifijo roto bendigo al universo de lo creado y lo no creado, porque yo soy la palabra, yo soy hijo del Verbo; yo soy el Verbo creador de todo bien y belleza… ¿o no lo soy ni lo he sido jamás y sólo no existo ni soy más que trozos de madera que se creen que piensan?…

(Cuernavaca, Morelos; Estados Unidos Mexicanos)

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires, Argentina), recibe un Abrazo, y mi deseo que Dios te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, Salud, Paz, Amor, y Prosperidad.
Claudio Valerio
© Valerius

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