La Nostalgia está de Moda
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El Calentador
Ese olor particular que deambulaba con las personas denotaba incluso la diferencia de clase social
El Calentador

El queroseno, keroseno, kerosén o querosén (del inglés: kerosene, este del griego: κηρός (keros) que significa «cera»​ es un líquido inflamable, transparente (o con ligera coloración amarillenta o rosada).

Recordar el calentador a kerosén es retrotraernos en el tiempo y depositar las imágenes del famoso calentador Bram Metal de bronce, nacido hace más de 80 años, en el arcón de la memoria provocada por el olor. Un olor fuerte de la mezcla de hidrocarburos que quedaba impregnado en toda la casa, objetos, ropa, etc.

Ese olor particular que deambulaba con las personas denotaba incluso la diferencia de clase social, los privilegiados de aquel entonces contaban con las famosas salamandras a leña e incluso con gas natural y los menos pudientes apenas salían del brasero a carbón para conquistar el mundo del calentador. Mis abuelos lo usaron y aún hoy, en muchos lugares de nuestra querida Argentina se sigue utilizando. Cocinar con el Bram Metal demandaba tiempo, tiempo que las mujeres disponían o quizá no les quedaba otro remedio que adaptarse.

Encenderlo era de cuidado, primero había que llenar el tanque de combustible con kerosén, luego girar una perilla que subía la mecha y usar el maravilloso fósforo de cera para hacer la magia del fuego estable. Los más pequeños teníamos prohibido jugar cerca del mentado calentador, era peligroso. Cuando salíamos al aire libre, el viento que daba en la cara nos recordaba que no todo se podía limpiar ni mitigar: el olor a kerosén iba apegado al cuerpo, y sobre todo, a la nariz.

Cualquiera que se acercase sabía que habíamos estado en casa de los abuelos. No me produce nostalgia, ni siquiera un poco de ternura o algo así, por el mal uso del calentador ocurrían graves accidentes. Por supuesto que también se utilizaba como estufa, y la ropa de cama tan pulcra, tan blanca, tan suave, recibía el aroma del kerosén a manos llenas, pero mi abuela  colocaba a los pies de la cama un manojo de lavandas que en lucha bizantina con el hidrocarburo solía por momentos ganar la batalla.

Lavandas versus kerosén, todos sabríamos qué elegir al momento de perfumar la vida, mis abuelos también, y yo me quedo con el misterio de reconocer en el kerosén el sentimiento profundo de entibiar una casa para recibirnos con amor.

Carlos Amoretti – Puertas del Plata – Uruguay – 1937 – 2010

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