Literatura Iberoamericana
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Los Fantasmas del Pasado
La poeta Yeny Tejada Medina –Perú- nos invita a reflexionar para que evitemos que vuelvan a salir los fantasmas del pasado
Los Fantasmas del Pasado

No desperdiciemos los momentos presentes, ellos pueden alimentarnos el alma; ellos nos pueden fortalecer… ¿Te has dado cuenta de que quedarnos en el pasado nos lleva a convivir con los fantasmas de la adversidad, de la desventura?

Por Claudio Valerio

Los Fantasmas del Pasado
Qué torpeza resulta vivir quejándonos de nuestros antiguos fracasos, en nuestros complejos de culpa, en sostener viejos rencores; que feo es estancarnos en el pasado…

Vivamos el presente; porque allí está la puerta que el Señor nos abre para cultivar la verdad, la belleza, felicidad y el amor.

Estemos en contacto con la familia, con los amigos, con la naturaleza, con las tareas nobles; porque, con ello, podremos vivir plenamente.

No desperdiciemos los momentos presentes, ellos pueden alimentarnos el alma; ellos nos pueden fortalecer… ¿Te has dado cuenta de que quedarnos en el pasado nos lleva a convivir con los fantasmas de la adversidad, de la desventura?

La poeta Yeny Tejada Medina –Perú- nos invita a reflexionar acerca que evitemos que vuelvan a salir los fantasmas del pasado; que ellos no asomen en nuestra cabeza.

Fantasmas    

Por: Yeny Tejada Medina (Perú)   

Si el tiempo me hubiera advertido que en su camino iba a revivir a los fantasmas del pasado, jamás lo hubiera creído, me habría rehusado siquiera a imaginarlo.

La memoria frágil hace su jugada, intenta desviar la ruta para no pensar en aquello que se quedó sin ser -suena a locura pensar en algo que nunca ocurrió-, al menos hasta ese momento. Pero cargar la culpa por algo que no sucedió, nos hace ver como los peores hacedores de una mentira convertida en verdad.

Sombras de sucesos nunca ocurridos -o revividos y traídos al presente en forma humana- parecen tan reales que casi te tocan. Esa es la idea trastocada que la mente creó para dar vida a pasajes de un mundo inexistente.

Personajes trasladados de un cuento triste y melancólico, desfigurado por el paso de los años, en realidad son casi desconocidos, incluso increíbles. ¿Cuándo es que intentamos poner los hechos en el momento en que pasaron?

La vida transcurrida les ha dado ese parecer adusto y sombrío, crítico y severo, sin margen de error.

Pero ha sido el tiempo el que permitió restaurar los hechos y les dio el valor correcto en el presente.

Cabe el mundo en la palma de la mano cuando la imaginación recrea los sueños que, solo fueron parte de las acciones frustradas del ayer. Sin embargo, ahora no podemos ser los dueños de la verdad, porque hay que tomar en cuenta que la memoria de los sentimientos es distinta al recuerdo de lo vivido.

Camino por un sendero estrecho y peligroso. Temo caer al vacío, pendo de un hilo y equilibro nuevamente. Mi espíritu no se amedrenta fácilmente, y allí estoy, continuando por el margen sinuoso de lo perdido.

Enredada entre las telarañas de un ir y venir, quedé atrapada irresistiblemente, intento ser vana, casi fútil, para escapar a salvo de este episodio. Tal vez debiera preguntarme, si logré superar mi encuentro con el pasado, sin sentir lo que, en su momento, no lograba comprender.

Entiendo poco o nada, quizás debería mirar con benevolencia la torpeza de la inmadurez, propia de la edad, mientras las heridas se abren y dejan pasar el dolor profundo que no quise volver a recordar.

En el presente la tristeza tiene un significado distinto: sabe a pérdida de valor, es ver a los protagonistas intentando actuar como adultos en una realidad en que todo era visto con los ojos de quienes nos rodeaban.

No fue la mirada perversa la que nos obligó a escapar y crear un mundo para dos, aunque en realidad fue la fantasía ideada en mi imaginación.  Era como si fuéramos los protagonistas de una novela, disfrutamos de un paseo en bicicleta, de la mirada amable y cariñosa de quienes fueron testigos de lo que iba creciendo entre nosotros a través de los años, desde la infancia a la adolescencia.

Ir del presente al pasado es volver a cada pasaje, retroceder a la edad en la que lo más simple se complicaba, en que un “te quiero” era casi imposible de pronunciar.  Cuando las palabras se atraviesan en la mente sin poder expresar los sentimientos, el sentido se tergiversa y las acciones se vuelven torpes.

Fuiste el quijote en dos ruedas quien acudía al llamado de su doncella, cada vez que era necesario.

Pero las circunstancias cambiaron y la separación fue inevitable. Pienso que fue el destino que se inspiró para alejarnos, quizá el final debió llegar en ese momento.

Regresar a un presente lleno de aventuras y desventuras, de amor y desamor, de promesas rotas, no nos benefició. Volvimos a ser parte de encuentros y desencuentros que contribuyeron al desenlace que no quisimos, pero que terminó siendo la consecuencia lógica. 

Finalmente, puedo decir que aun no aprendo a avanzar sin tropezar y ser herida. Porque  retroceder y perder es ser lastimada, una y otra vez por la espada que empuñaste. Quizás solo fuimos la consecuencia de lo que no supimos defender en su momento.

©Yeny Tejada

Desde la ciudad de Campana (Buenos Aires), recibe un saludo, y mi deseo de que la vida te sonría y permita que prosperes en todo, derramando sobre ti, Salud, Paz, Amor, y mucha prosperidad.
Claudio Valerio
© Valerius         

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